<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466</id><updated>2011-04-21T19:44:49.618-07:00</updated><title type='text'>Corte y Confección</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>58</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-1986442423580749745</id><published>2009-04-14T05:45:00.000-07:00</published><updated>2009-04-14T05:47:16.064-07:00</updated><title type='text'>Los chicos desaparecen en Nueva York</title><content type='html'>VIDEOTECA DEL SUR en New York&lt;br /&gt;1989 – 2009 &lt;br /&gt;20 Aniversario &lt;br /&gt;MILLENNIUM FILM WORKSHOP | 66 East 4th Street&lt;br /&gt;Entre Bowery y 2nd Ave., Bajo Manhattan&lt;br /&gt;Tren F to 2nd Ave. o #6 to Blecker St.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;PROGRAMA&lt;br /&gt;Abril - Junio 2009 &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada martes a las 7:30pm&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Abril 7&lt;br /&gt;LA CIUDAD DE LOS FOTÓGRAFOS     &lt;br /&gt;Dir.: Sebastián Moreno / CHILE / 2006 / 80’&lt;br /&gt;Durante la dictadura de Pinochet, un grupo de chilenos fotografió las protestas y la sociedad del país en sus más variadas facetas. En la calle, al ritmo de las protestas, estos fotógrafos se formaron y crearon un lenguaje político.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Abril 14        &lt;br /&gt;TRIBUTO AL MAESTRO CUBANO HUMBERTO SOLÁS&lt;br /&gt;UN HOMBRE DE ÉXITO&lt;br /&gt;Dir.: Humberto Solás  / CUBA / 1986 / 116’            &lt;br /&gt;Con: César Evora, Daysi Granados, Jorge Trinchet, Raquel Revuelta.&lt;br /&gt;Javier se enfrenta a su hermano, a su familia, a su amante con un sólo un objetivo en su vida, el éxito que está más allá de cualquier lealtad. El director, Humberto Solás, con mano maestra, ha sabido transitar con delicadeza y profundidad toda una época. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Abril  21&lt;br /&gt;BURUNDANGA BORICUA                                             &lt;br /&gt;Dir.: Poli Marichal / PUERTO RICO / 1983 /18’&lt;br /&gt;Corto experimental que cuestiona la realidad histórica y social puertorriqueña. Filmado en cine 8mm y transferido a16mm.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL CANDOR DE LOS NICARAGÜENSES&lt;br /&gt;Dir.: Kazuko Nishikawa / NICARAGUA / 2005 / 65’&lt;br /&gt;La invasión española, la intervención norteamericana e inglesa, la dictadura de los Somoza y la Revolución Sandinista muestran cómo la dolorosa y problemática historia de Nicaragua ha afectado a la niñez, la educación y la formación espiritual de sus habitantes. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Abril  28&lt;br /&gt;LOS CHICOS DESAPARECEN    &lt;br /&gt;Dir.: Marcos Rodríguez / ARGENTINA / 2007 / &lt;br /&gt;Con: Norman Briski, Lorenzo Qunteros, Ricardo Ibarlin, Umbra Colombo.&lt;br /&gt;Macias Möll, dueño de una relojería del barrio, pasa sus días rodeado de relojes y envuelto en cálculos sobre el tiempo. Guiado por un profundo deseo, todas las tardes, a las seis en punto intenta obstinadamente bajar tiempos y se lanza por las rampas de la plaza en su silla de ruedas. Así es feliz. Rodeado de niños que lo vitorean.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Mayo  5          &lt;br /&gt;GAY PANAMA        &lt;br /&gt;Dir.: Abner Benaim  / PANAMA / 2005 / 20’&lt;br /&gt;Programa de la serie El otro lado que, a través de un recorrido por la ciudad y de entrevistas deja entrever la realidad de la población homosexual en Panamá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;MUJER GUERRILLA                                             &lt;br /&gt;Dir.: Colectivo Patitos / MEXICO / 2007 /  68’&lt;br /&gt;Cuatro mujeres de cuatro grupos insurgentes con cuatro experiencias y cuatro puntos de vista sobre la guerrilla en México durante la década de los setenta. Cada una de ellas narra y hace un balance de lo que significó y significa un compromiso vital con la construcción de otro mundo posible y necesario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Mayo 12&lt;br /&gt;LA SOMBRA DEL CAMINANTE&lt;br /&gt;Dir.: Ciro Guerra / COLOMBIA / 2003 / 90’&lt;br /&gt;Con: César Badillo, Ignacio Prieto, Inés Prieto, Lowin Allende, Julián Díaz.&lt;br /&gt;Mañe ha perdido una pierna y por ello no puede conseguir empleo. Mientras recorre las calles conoce a un hombre que se dedica a cargar gente a su espalda por el centro de Bogotá. Ambos comparten el pasado que ha acompañado a los colombianos desde siempre. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Mayo 19           &lt;br /&gt;HISTORIA CHIQUITA QUE CRUZA UN OCÉANO&lt;br /&gt;Dir.:Sesi Bergeret / URUGUAY - SPAIN / 2004 / 45’&lt;br /&gt;Historia de una pareja joven que salió del Uruguay en 1972, cuando la dictadura militar era inminente. Un viaje de estudiantes alrededor del mundo, durante la cual decidieron quedarse temporalmente en Barcelona. Y nunca volvieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;DEPOIS DA FESTA                                    &lt;br /&gt;Dir.: Karina Fogaça / BRAZIL / 2007 / 50’&lt;br /&gt;Retrata el cotidiano de la población ‘caiçara’ de la región de Ilhabela, ubicado en el litoral norte de la provincia de Sao Paulo, Brasil, y los progresivos cambios en el medio ambiente frente al proceso de ocupación del turismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Mayo 26        &lt;br /&gt;LO MÁS BONITO Y MIS MEJORES AÑOS&lt;br /&gt;Dir.: Martín Boulocq / BOLIVIA / 2006 / 96’&lt;br /&gt;Con: Juan Pablo Milán, Alejandra Lanza, Roberto Guilhon, Alicia Saavedra.&lt;br /&gt;Pensando en salir de Bolivia, Berto se propone vender automóvil que heredó de su abuelo. Así, junto a su mejor amigo Víctor, comienzan a dar vueltas por la ciudad para tratar de vender el vehículo. Camila se une a ellos rompiendo así la monotonía de sus esforzados momentos como vendedores. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Junio 2             &lt;br /&gt;MAR DE FUEGOS&lt;br /&gt;Dir.: Pepe Yepes / ECUADOR / 1992 / 21’ &lt;br /&gt;Diferentes personas hablan del fuego o capacidad para confrontar la vida. Pero la realidad a veces sobrepasa estas capacidades especialmente la de los que están en desventaja.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;ENTRE LOS MUERTOS&lt;br /&gt;Dir.: Jorge Dalton / EL SALVADOR / 2006 / 60’&lt;br /&gt;En El Salvador, uno de los países más violentos, donde la muerte se ha convertido en un hecho cotidiano, una comunidad entera vive dentro de un cementerio capitalino, mientras en el interior del país, se acostumbra a enterrar a los seres queridos en los patios de las casas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;regresar | Top&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Junio 9                         &lt;br /&gt;LA CLASE&lt;br /&gt;Dir.: José Antonio Varela / VENEZUELA / 2007 / 113’&lt;br /&gt;Con: Carolina Riveros, Laureano Olivares, Darío Soto, Zair Montes.&lt;br /&gt;Tita es una joven promesa del violín, que vive en un barrio caraqueño. Ser parte de una orquesta sinfónica le da la mayor satisfacción, pero su permanencia en ella está en peligro. A Tita le llega la oportunidad de escapar a un mundo nuevo, diferente al que conoce, pero el destino de un país la lleva a una encrucijada definitiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;regresar | Top&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Junio 16           &lt;br /&gt;BAJO EL TACANA                                                &lt;br /&gt;Dir.: Isabel Vericat / GUATEMALA - MEXICO /  2007 / 26’&lt;br /&gt;Sigue los pasos de emigrantes detenidas en puntos de control así como a mujeres a punto de ser deportadas en la estación migratoria de Tapachula, en la frontera de México-Guatemala.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LIMA WAS!                                                             &lt;br /&gt;Dir.: Alejandro Rossi / PERU / 2004 / 56’&lt;br /&gt;Jóvenes indígenas que crecieron el Lima hallan una comunidad y un sentido de vida preparándose para la competencia del ‘hauylarsh’, una competencia de baile que celebra un antiguo ritual quechua que aun se practica en las comunidades.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;regresar | Top&lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Junio 23           &lt;br /&gt;INDIFERENCIA                                                     &lt;br /&gt;Dir.: Roberto Román / COSTA RICA / 2007 / 13’&lt;br /&gt;Retrato de la ciudad de San José de Costa Rica, donde la vida cotidiana, su gente y sus oficios, se entremezclan con la indiferencia hacia los indigentes y marginados.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA ISLA DE LA JUVENTUD                               &lt;br /&gt;Dir.: Ana Laura Calderón / CUBA / 2007 / 72’&lt;br /&gt;Filme que nos sumerge en un íntimo y movido viaje en un enigmático lugar, promesa del paraíso: Isla de la Juventud, en Cuba. Gracias a la memoria colectiva de la gente mayor de la zona es posible conocer los sueños y desengaños de sus propios habitantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;regresar | Top &lt;br /&gt; &lt;br /&gt; Junio 30&lt;br /&gt;¿BUENA JUGADA?                         &lt;br /&gt;Dir. Rafael Madera   /  DOMINICAN REPUBLIC / 2001 /  13'&lt;br /&gt;La realidad de dos sujetos cuyos deseos encontraran validez tan solo en un momento fugaz de sus respectivas existencias. Basado en el cuento de Félix Manuel Lora "Sentado y con Mujer".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;EL ÚLTIMO CONFIN&lt;br /&gt;Dir.: Pablo Ratto / ARGENTINA / 2007 / 60’&lt;br /&gt;La historia de cuatro familias de personas que desaparecieron durante la dictadura militar en Argentina (1976–1983), y que pudieron recobrar los restos de sus seres queridos 26 años más tarde. Esto gracias al Equipo Argentino de Antropología Forense, encuentra y exhuma una fosa común situada en el cementerio de San Vicente, en la ciudad de Córdoba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-1986442423580749745?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/1986442423580749745/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=1986442423580749745' title='2 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1986442423580749745'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1986442423580749745'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2009/04/los-chicos-desaparecen-en-nueva-york.html' title='Los chicos desaparecen en Nueva York'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-4431661895742238653</id><published>2009-04-08T06:35:00.000-07:00</published><updated>2009-04-08T06:39:16.292-07:00</updated><title type='text'>Pequeño diario de viaje durante la lectura de La cisura</title><content type='html'>&lt;em&gt;Texto de Miguel Russo para la presentación de la novela en El Ateneo de La Plata&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como si fuera otra cisura de Gabriel, podría arrancar diciendo “escribo porque no puedo hablar”. Pero sería absolutamente deshonesto. Debería decir, escribir, quiero empezar una novela con esa frase y este tipo me ganó de mano. A  partir de este momento, del momento de la lectura, sólo me queda remedar la frase, adoptar poses académicas y hablar de palimpsestos o dejar de escribir. Mientras me decido por alguno de los tres caminos, sigo la lectura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los libros no me cambian la vida, me remiten a otros libros. Hablo, escribo, de los libros buenos. La Cisura…me hace acordar que hace unos diez años, más tirando a más que a menos, me llamaron para presentar un libro de un escritor español muy poco conocido en el país. Había sido elegido por la sencilla razón de ser el único, al parecer, en haber leído esa novela. El orden alfabético, se llamaba, y en la historia, el personaje iba perdiendo letras, por lo cual la novela se tornaba, a cada página, más enloquecida. Arranqué diciendo, escribiendo, que Juan José Millás (el autor en cuestión) estaba loco. Millás me miró de costado, españolísimo, y no me dirigió la palabra en toda la presentación. Me lo merecía. Diez años después, más tirando a más, este libro me remitió a aquel libro por el sólo (sólo, digo, escribo, y me agarra un ataque) argumento de la relación de un autor y un personaje con el lenguaje. Anoto, digo, escribo: no decir que Gabriel Báñez  está loco, ni siquiera en broma. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hablé tres o cuatro veces con Gabriel por teléfono y lo vi una vez, Más allá de ese odio envidioso que me crece a cada página que dejo atrás en la lectura, sé de él, por ejemplo, que una vez no fue a la presentación de un libro propio. Dijo, en aquella oportunidad, o después, cuando le recriminaron la ausencia, “soy un escritor desapercibido”. La frase me remite a un libro que estoy leyendo casi a la par de La cisura…: Héroes sin atributos. Un ensayo sobre la desapercibición (perdón, digo, escribo, por la palabrita) de los personajes de algunos autores: Gombrowicz, Macedonio, Saer, entre otros. Pienso, también, aunque el autor del ensayo no pensó en él, en Onetti. Recordando a Onetti, recuerdo una anécdota suya que lo empadra con el padre de Rolando de La cisura…Cuenta Onetti que, de pibe, para leer tranquilo, se hacía bajar por su hermano Raúl a un aljibe, enganchado en un balde. Bajaba con un banquito, una jarra de limonada y un ejemplar del Eclesiastés. Cada vez que el padre de Rolando recita a los gritos pasajes del Eclesiastés, recuerdo a Onetti con diez o doce años, sentado en una sillita de mimbre en el fondo de un pozo y no puedo parar de sentir cómo crece la envidia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alguien me comenta que dijo Báñez que la mayoría de sus argumentos viven en La Plata porque carece de mitología. Anoto que me dicen que Gabriel dijo: “La Plata es ensayo y Berisso es novela”. Anoto: hay que tener agallas para decir eso y seguir escribiendo, en La Plata, en Berisso o en cualquier lado. Pero claro, leyendo La cisura…compruebo que lo de Báñez es una cuestión de sinceridad. Diría Onetti, pero podría sencillamente decirlo Báñez: “Escribir Hambre, a la Knut Hamsun, por supuesto, y pesar cien kilos es un asunto grave. Pergreñar endemoniados a la Dostoievsky y preocuparse de los mezquinos aplausos del ambiente intelectual lugareño es motivo de desconfianza”. Sigo leyendo a Gabriel-Rolando-padre y madre-La Plata, una ciudad que día a día aprendo a desconocer. Y me dicen, no me interrumpen, los que me dicen son como personajes de Gabriel entrando y saliendo de su novela, me dicen que Gabriel dijo algo así como que La Plata era “una ciudad rusa de provincia, muy bella, espaciada, grandes avenidas y edificios públicos, serios problemas de identidad”. Me quedo tranquilo. Quedarse tranquilo, anoto, digo, leyendo La cisura de Rolando, es estar hecho una pila de nervios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Me pregunto, escribo: ¿por qué no quiero que Rolando empiece a hablar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Anoto una perplejidad. Las perplejidades, al leer a Báñez son moneda corriente. La cisura…me remite a La revolución es un sueño eterno. Rolando a Castelli. Trato de pensar en una diferencia entre el siglo XIX y el siglo XX. Castelli, con su mudez, analiza la revolución. Rolando, con la suya, analiza el yo. No hay caso, es demasiado poco para intentar una novela que disipe, un poco al menos, la envidia. Tacho todo. Encima, llega otro personaje y me avisa que Gabriel dijo “Madre es lenguaje, padre es escritura. La lucha es siempre con la palabra”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Gabriel sigue transmitiendo con su Rolando. Mejor dicho: Rolando me sigue transmitiendo por medio de Báñez. Creo que ese silencio hecho palabra es la mejor clase de literatura que recibí en mucho tiempo. Es la fuerza de un escritor. Lo que lo hace ser lo que es y hacer lo que hace.&lt;br /&gt;Vuelo a Onetti porque lo dijo mejor de todo lo que puedo ensayar yo: Cuando un escritor pide a la literatura algo más que los elogios de honrados ciudadanos que son sus amigos, o de burgueses con mentalidad burguesa que lo son del arte, con mayúsculas, podré verse obligado por la vida a hacer cualquier clase de cosa, pero seguirá escribiendo. No porque tenga un deber a cumplir consigo mismo, ni una urgente defensa cultural que hacer, ni un premio ministerial para cobrar. Escribirá porque sí, porque no tendrá más remedio que hacerlo, porque es su vicio, su pasión, su desgracia.&lt;br /&gt;Pucha, digo, anoto, no tener una frase como “escribo porque no puedo hablar”. Si al menos tuviera la mitad de una frase así.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ojalá vaya Gabriel a la presentación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-4431661895742238653?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/4431661895742238653/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=4431661895742238653' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/4431661895742238653'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/4431661895742238653'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2009/04/pequeno-diario-de-viaje-durante-la.html' title='Pequeño diario de viaje durante la lectura de La cisura'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-3267469863674641153</id><published>2009-04-08T06:26:00.000-07:00</published><updated>2009-04-08T06:35:08.792-07:00</updated><title type='text'>Mejor decir las cosas en silencio</title><content type='html'>&lt;em&gt;Texto de Juan Becerra para la presentación de La cisura en El Ateneo de La Plata&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo único que tiene sentido es lo que no funciona, lo que falla, lo incompleto, lo que no se entiende. Es un principio bañeciano que sostiene una idea general sobre la literatura: la literatura es imperfección. Se hace con la imperfección y su horizonte –no importa dónde esté-, es lo imperfecto. La cisura de Rolando es la prueba de este principio. Pero aquí la falla es biológica. Hay una cisura en Rolando, una rotura de la perfección funcional (una abertura imperceptible que en los hechos se manifiesta como un abismo) a la que Gabriel Báñez le da u tratamiento artístico. &lt;br /&gt;La habilidad del habla, una habilidad naturalizada por el hábito, se pierde de golpe mientras se va construyendo una habilidad mayor: la de la escritura, un artificio más refinado que el de hablar (hablar, habla cualquiera), un arte, que a si vez comienza a naturalizarse de un modo monstruosos. ¿Qué ocurriría si todos fuésemos mudos? Sencillamente, evolucionaríamos hacia un nuevo arte del sentido, un arte del silencio en el que todos los hombres del mundo serían escritores, por lo que el sentido no se daría por supuesto: habría que buscarlo.&lt;br /&gt;Lo que ocurre con Rolando es que siente el silencio. Lo siente como un expresionismo luminoso pero incomunicable. El arte de la escritura se convierte en un arte de la introspección, una lectura de la profundidad  personal y, al mismo tiempo, en una refutación del habla como instrumento del sentido.&lt;br /&gt;Pero pasemos a las máquinas que fallan. En la máquina que falla, Gabriel retoma un tópico desdeñado de la literatura argentina: el de los inventos bizarros de Roberto Arlt, fórmulas impracticables, desechos mecánicos, en los que se apoya un sueño tristísimo de gloria: el que antecede (y lo antecede toda la vida) al batacazo, es decir al milagro como producto de la voluntad.&lt;br /&gt;Pero de La cisura de Rolando no nos importan las relaciones entre las máquinas que fallan respecto de las máquinas que andan –no nos importan sus rendimientos, ni sus consumos ni prestaciones-, sino entre aquellas que lo hacen para los otros y estas otras lo que hacen para uno. Los inventos de Báñez son moralmente superiores a los de Arlt porque allí donde los últimos persiguen la gloria (y, ni qué decirlo, fracasan), los primeros son dispositivos románticos de supervivencia individual (y triunfan a medias).&lt;br /&gt;Frente a la megalomanía del invento propio pensado para la posteridad, los recursos tecnológicos que utiliza Rolando ya han sido inventados. ¿Cuál es la gracia, entonces? ¿Hay muchas gracias? ¿No hay ninguna? Hay una sola: el tipo de uso. Porque así como reconoce las propiedades de esos recursos: amperímetros, antenas, radios, baterías, trasmisores de código Morse (un lenguaje sonoro que sin dudas emula el de una arritmia cardíaca), ese reconocimiento solo sirve para producir un malentendido, un desvío y una fuga hacia una zona de comprensión donde cada máquina fallida, colocada frase de la novela, solo tiene sentido por lo que, aún y sobre todo funciona mal, puede decirle a su usuario de sí mismo.&lt;br /&gt;La cisura de Rolando es una novela, encantadora, acerca de dos esferas de sentido irreconciliables: el interior y el exterior, pero no del mundo sino del cuerpo, el único mundo en el que verdaderamente vivimos. Sus dos bloques son muy claros. Se trata de dos experiencias complementarias de escritura, una incursión y una excursión, dos mitades de una misma materia narrativa que libran una guerra íntima menos para decidir un dominio sobre la historia que una identidad sobre el narrador. Hay dos Rolandos: el que habla (el Rolando superado) y el que solamente escribe. ¿Son los herederos más bien melancólicos que, como vimos, terminaron formando un solo esquizofrénico? &lt;br /&gt;La enfermedad de Rolando es un misterio que, mientras dura, es un arte virtual narrado en el tono de una comedia de aprendizaje. Si el vacío ontológico que consiste en vivir pierde el ruido-placebo del lenguaje hablado (si un accidente o una cisura destapa ese hueco) esa verdad se manifiesta como lo que es: un silencio mortal, una música de nada. Por lo tanto la cura, automática, insondable, es un falso regreso que Rolando experimenta como quien regresa de una guerra que ha perdido para preguntarse: ¿hablar? ¿Para qué?&lt;br /&gt;Hay muchos grandes momentos en La cisura de Rolando, cuya división separa cada vez con mejor definición visual y verbal sus dos bloques narrativos en una primera parte artística –allí vemos el arte insuperable de escribir sin saber-, y en una segunda que se repliega o regresa hacia las vulgaridades del habla, lo que no necesita del arte para ser dicho sino de la decisión de decir. Elijamos uno: aquel en el que Rolando siente que puede haber algún progreso en él y que su rotura podría soldarse con el empleo más o menos sostenido de una voluntad. Entonces, intenta pronunciar su nombre. Aquí la transformación, contra las expectativas de un principio modesto de cura, no es la de un avance sino la de un retroceso brutal que va del lenguaje hablado (la palabra) a la interjección preverbal, es decir al hombre bestia: Rolando, Rolando, yeee…Más se quiere decir, menos se dice. Mejor decir las cosas en silencio.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-3267469863674641153?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/3267469863674641153/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=3267469863674641153' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3267469863674641153'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3267469863674641153'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2009/04/mejor-decir-las-cosas-en-silencio.html' title='Mejor decir las cosas en silencio'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-6622359395938233295</id><published>2009-01-07T07:27:00.000-08:00</published><updated>2009-01-07T07:29:10.910-08:00</updated><title type='text'>Cuando la escritura devuelve la voz</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Nota aparecida en Ñ (Clarín) de Lucas Mertehikian a propósito de &lt;em&gt;La cisura de Rolando&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;   En el siglo XVII, el poeta español Baltasar Gracián escribió que el concepto es el acto del entendimiento por el cual acercamos dos términos inicialmente alejados. La definición se ajusta a un artificio retórico típico del barroco de la época, pero bien puede servir como parámetro para nuestros gustos actuales: en literatura, paradójicamente, lo inesperado siempre es bienvenido. Y de una unión imprevista es que surge La cisura de Rolando, la última novela del platense Gabriel Báñez, porque es muchas más cosas de las que aparenta ser. Esta obra fue la ganadora del Premio Internacional Letra Sur, con un jurado integrado por Juan Sasturian, Martín Kohan y Claudia Piñeiro.&lt;br /&gt;   La obra está dividida en dos partes. En la primera, Rolando, narrador y protagonista, queda mudo por una lesión en la cisura del cerebro que lleva su mismo nombre. De su extraña afasia serían producto las notas que leemos, que nos remontan a los años de la infancia, por los que desfila una larga serie de personajes entrañables y repugnantes por igual: el ingenioso Behrenz, dueño de unas teorías bastante particulares sobre las mujeres y el electromagnetismo, el padre, infiel y chistoso, de un lado; las tías maternas, inquisidoras y malintencionadas, del otro; la madre, indecisa, que hace pasar a su hijo por todo tipo de tratamientos –espiritistas, fonoaudiólogos, hipnotizadores-, en el medio.&lt;br /&gt;   En la segunda parte del libro, Rolando enfrenta un período feliz y de calma. Sin embargo, un divorcio y una serie de alucinaciones lo llevan a un terapeuta lacaniano alternativamente delirante, serio y gracioso, aunque siempre confuso. Lo curioso es que quizá esté aquí el punto menos fuerte de la novela, pero, también, el argumento que la sostiene: lo importante en ella no es tanto cierta exploración del lugar del sujeto (mudo y disociado) que en la segunda mitad del libro se lleva al extremo, sino más bien la prosa rítmica de la primera parte, su humor corrosivo, la mirada infantil pero a la vez adulta que retrata con toda naturalidad cuadros de la vida de barrio que no son para nada naturales. La enfermedad pasa enseguida a segundo plano y poco le importa al lector reconstruir pistas que la hagan verdadera. Los excesos de la segunda parte resaltan, así, los aciertos de la primera. &lt;br /&gt;   A diferencia de otros relatos que giran en torno a una patología y que, cuando ésta ya es imposible de explicar o no encuentra ningún correlato en el mundo real, caen por su propio peso, La cisura de Rolando se mantiene no por sus escuetas justificaciones médicas, sino casi a pesar de ellas. Como le sucede al narrador, la mudez se nos va olvidando de a poco: la voz del autor llena ese vacío. También por eso la segunda parte flaquea. El chiste allí queda acotado a cierto campo (porteño, intelectual, psicoanalítico) algo más restringido.&lt;br /&gt;   “Escribo porque no puedo hablar”, empieza el relato, provocativo. Como sea, la sorpresa de la novela no está en esa unión premeditada entre escritura y silencio. Si está, en cambio, en su habilidad para sustraerse de ese tema grandilocuente (qué son la voz y la escritura o cómo puede hablar un sujeto partido en varios pedazos) y encontrar, en la minucia, en algunas frases al pasar que no tienen desperdicio, verdaderas iluminaciones propias de un niño.&lt;br /&gt;   Cuando el personaje y la novela se toman demasiado en serio, quizá no sean tan efectivos, pero, al mismo tiempo, señalan sus virtudes: ésos son los dos términos que, en definitiva, Gabriel Báñez ha logrado acercar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-6622359395938233295?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/6622359395938233295/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=6622359395938233295' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/6622359395938233295'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/6622359395938233295'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2009/01/cuando-la-escritura-devuelve-la-voz.html' title='Cuando la escritura devuelve la voz'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-7825880840982470000</id><published>2008-12-26T08:17:00.000-08:00</published><updated>2008-12-26T08:48:53.687-08:00</updated><title type='text'>Mi nombre es Terranova</title><content type='html'>“Una vez me salió una frase: ‘Que sea simple’. Quedó. Que sea simple. Y fue simple mientras duró”. La frase pertenece a Rufus, primera persona de &lt;em&gt;Mi nombre es Rufus&lt;/em&gt;, (Interzona), la novela de Juan Terranova ensamblada a través de apuntes secos, cortantes, dispuestos en percusión para contarnos la intimidad de "Birmania", banda de rock punk porteña. “Si creo en algo, creo en el ritmo”. ‘Que sea simple’, sin embargo, es algo más. Podría ser la razón estética de un diario encubierto, tapado por la música. Pega. Y pega Cioran, y golpea que Borges no sea punk, y en la divina entropía del rock la música todo lo permite. Por eso las anotaciones sincopadas. ¿Ansiosas? No lo parecen. La ansiedad es algo más complejo, un estilo, acaso un parche generacional: “No se puede vivir desnudo”. Los parches de &lt;em&gt;Mi nombre es Rufus&lt;/em&gt; conmueven. Vibran y quedan ahí, como suspendidos para siempre, en el silencio de la noche. Nota tras nota, la novela desanda el viaje de intereses y gustos del narrador pero al fin, casi imperceptiblemente, uno advierte entre líneas un discreto y poderoso guiño confesional en el que Javi, El Mono, Kike y Rufus son la trampa "Birmania" para contar la disolución, la angustia, la limpieza del principio que la sustenta: “Un disco de Creedence sonando en la bandeja un domingo a las siete de la tarde. Esa es mi idea de eternidad”. Claro que no hay otra eternidad que la reflexiva y simple voz de Rufus contando cómo se arma, cómo decae, cómo vuelve a rearmarse y desaparece. ¿Una banda? Algo más. &lt;br /&gt;     Después de "Birmania" Rufus pasa a "Los carniceros", banda de funk-metal que le puso música a &lt;em&gt;El matadero&lt;/em&gt;, de Esteban Echeverría. La lírica de la entropía dice que todo se degrada, tiende a desaparecer. La mirada de Rufus, las reses de algunos pensamientos y sensaciones que atrapa esa mirada, sabe que es así. “Ahora tengo mujer, un hijo y tres guitarras”. Religar podría ser verbo punk, pues entre música y escritura este Rufus ha consignado un minucioso registro generacional pero también una leyenda recursiva que va más allá de las referencias musicales y culturales para nombrar otras cosas. ¿Una novelita sobre el rock únicamente? No parece. Y no defrauda esa sugestiva voz, al contrario: impacta por la sencillez, la transparencia y las resonancias de lo que anota y dice.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;(Publicado en “El Día”, 26/10/08) – Secc. Literarias.&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-7825880840982470000?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/7825880840982470000/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=7825880840982470000' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/7825880840982470000'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/7825880840982470000'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/12/la-gran-bestia-punk.html' title='Mi nombre es Terranova'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-1620732325177272523</id><published>2008-12-19T17:30:00.000-08:00</published><updated>2008-12-19T17:33:51.747-08:00</updated><title type='text'>Paciencia, culo y terror</title><content type='html'>Por Soledad Franco                                                               &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Paciencia, culo y terror nunca me faltaron” &lt;br /&gt;                                                             Sebregondi retrocede, de Osvaldo Lamborghini&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;      La frase del Marqués de Sebregondi, personaje lamborghiniano, bien podría haber sido dicha por Rolando, personaje de Báñez (reacio a los gentilicios) si Rolando contara al comienzo de la novela con esa facultad. “Escribo porque no puedo hablar”, escribe, y la paciencia la tiene para soportar los efectos que la pérdida del habla a los once años por una lesión en la cisura homónima provoca en la madre y en las tías; el terror le sobra ante los intentos de integración/ recuperación  del entorno; el culo no es tema sino hasta el segundo tramo de la novela y por contigüidad.&lt;br /&gt;       Bastante diferente a la narrativa actual, se cuenta que cuando &lt;em&gt;La cisura de Rolando &lt;/em&gt;recibió el premio Letra Sur el jurado pensó, seudónimo mediante, que se trataba de alguien muy joven. Esto puede deberse al humor subversivo y la irreverencia para hablar de ciertos temas que suelen confinarse (mal vanguardista) a ese momento de la vida; también a la originalidad que impide acercar la novela al lector de la manera más simple (por comparación con otra) y en cambio invita a un análisis textual.      &lt;br /&gt;       Para Rolando, en parte, (en “La Cisura” nada es por entero ni tiene una sola causa) dejar de hablar es una ventaja: lo dignifica ante los amigos que viven pendientes de sus mensajes, por un lado, y por otro lo empuja hacia una pregunta que no se responde, pero que (y no es poco) aprende a formularse a través de la escritura. La escritura encuentra un precursor en el padre que lleva expresiones nuevas a la casa y que “había dejado inconclusas algunas obras de teatro porque, según afirmaba, a último momento había advertido que se las habían plagiado”, en la atención dispensada a los puntos y a las comas, y en la amorosa colección de palabras caseras (farabute, putañero, saraca, tirifilo, covacha) cuyo significado escamotea el diccionario. Avanza hacia el lugar de lo que no se puede decir o lo ilícito: está en los cuadernos ocultos en el taller del íntimo Behrenz y no en los de la “Escuela especial” a la que lo obligan a concurrir a partir de su ganancia-pérdida, en las exageraciones con las que decide torcer los detalles de sucesos ocurridos para evadir la vigilancia materna, en el “sistema para decir las cosas importantes sin tener que decirlas” que fabrica con el mismo fin junto a sus amigos, y en toda una serie de desopilantes intentos fallidos por dar con la palabra hilvanados al estilo cervantiano.&lt;br /&gt;     En “La Cisura” nada es rotundo y por eso la afasia va acompañada de la capacidad de oír a enormes distancias que a su vez se acompaña de “acúfenos”; a la recuperación de la afasia, en la segunda parte, le escoltan “voces de mando” y así siguiendo. &lt;br /&gt;     Rolando ha recuperado el habla con la misma indolencia con que la perdió (“¿Cuándo fue que el habla me recuperó?” se pregunta) y, ya a los cuarenta años acude a terapia con un lacaniano peronista (Danilo Moran) que sostiene que todos los argentinos somos putos.  Lo lleva allí el hallarse en una preocupante “meseta de felicidad” que se manifiesta en “crisis caritativas” a través de las que se filtra “el fantasma de la disociación”.  Lo mantiene allí no la creencia en el análisis, sino el “encanto del delirio progr(amado)”, delirio que transforma el mundo y en el que se sumerge “como un lector ante una novela”.&lt;br /&gt;   Sólo para ordenar, si la primera parte del texto se puede leer como una hipótesis (no una teoría) sobre la escritura; la segunda se leería como una hipótesis sobre la relación dialéctica entre ésta y las lecturas, los modos de leer y rescribir en simultáneo la propia historia y la ajena. Después de todo, lo que vuelve entrañables las sesiones para Rolando es el trabajo de su analista sobre el significante, las inversiones, acentos y paréntesis en las palabras de su historia (y en las del país y las del Génesis).  &lt;br /&gt;     En realidad se trata aquí de la escritura/ lectura en miligramos, como sílaba y hasta como letra. Y es justamente en este rasgo donde se establece una continuidad con &lt;em&gt;Cultura&lt;/em&gt;, la novela anterior de Báñez a la que él mismo definió no como una parodia de la cultura oficial, sino como una versión en miligramos de la misma.   &lt;br /&gt;        “No hay que ser tan literal”,  señala Moran y cita  como ejemplo de castigo por literalización el caso de “Ibáñez” (personaje disociado de “Cultura” ) y es por ello que el hecho de que Báñez haya nacido como su héroe el  2 de junio y vaya a comprar con el dinero del premio un telescopio (el héroe en esto lo aventaja) no debería invitarnos a buscar más coincidencias, so pena de terminar como Ibáñez en la guardia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-1620732325177272523?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/1620732325177272523/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=1620732325177272523' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1620732325177272523'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1620732325177272523'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/12/paciencia-culo-y-terror.html' title='Paciencia, culo y terror'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-1485509355807125776</id><published>2008-12-19T09:37:00.000-08:00</published><updated>2008-12-19T14:03:32.050-08:00</updated><title type='text'>Todas las mañanas somos Gregorio Samsa</title><content type='html'>Por Luis Chitarroni&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una de las pocas cosas que hoy podemos saber de la novela es que nos deben gustar en contra de las comodidades predominantes. No es el caso de hablar de los buenos servicios de relatos más aptos técnicamente –como los que ofrecen el cine o la televisión-, sino de los medios y recursos que la novela debe plantearse para competir con otras, a sabiendas de esta desventaja. Y encuentro la ocasión para hablar de una cuya planteo, estructura y desarrollo escapa por completo de las habituales, de una novela –&lt;em&gt;La cisura de Rolando&lt;/em&gt;- que es toda una singularidad. La escribió un amigo, y la suerte no termina ahí: un amigo cuyos libros admiro. Y los admiro por eso, porque son distintos. Éste es muy distinto del anterior, que no sé si tuvieron la suerte de leer. &lt;em&gt;Cultura&lt;/em&gt; exploraba la vida de un escritor en la atmósfera –o la órbita- impuesta por los ejercicios de sumisión de un organismo oficial. Distinto, muy distinto, porque si bien el anterior jugaba con la sátira hasta desmentir cualquier sospecha de situarlo en el ámbito que imponía el título, éste encapsula la cultura en su interior y no nos deja quietos hasta el punto final (que además es la licencia de un paréntesis).&lt;br /&gt;     Se trata finalmente de un mundo donde la cultura ha triunfado hasta el punto de imponer como apotegmas sus interpretaciones. Narrada por un individuo &lt;empacado y opaco&gt;, quedo, afectado de una enfermedad que compromete cualquier posibilidad expresiva, podemos afirmar al menos que la elección del punto de vista y la perspectiva no podrían ser más satisfactorias. Tiene que moverse en un tablero de certidumbres insospechadas, debe darlas por ciertas a riesgo de recuperar esa escafandra que nos protege cuando la espontaneidad insufrible de la realidad nos deja a menudo con un desaliento parecido al de Gregor Samsa cuando a dormir se acostaba. Ya se sabe que es raro que el último pensamiento nocturno coincida con el del despertar, a menos que el insomnio munificiente nos provea de esa continuidad circular, aterradora. Lo que se ignora a menudo –o a menudo voluntariamente se ignora- es que despertar comporta un riesgo superlativo. Todas las mañanas amanecemos abovedados y entomológicos, con unas patitas delgadas que no nos instruyeron para qué sirven. Todas las mañanas despertamos siendo Gregorio Samsa.&lt;br /&gt;     Gabriel Báñez averiguó (y este descubrimiento merece un laurel científico) cuál es el método o la terapia aseguradora de que la ficción no siga su curso, de que el desarrollo subsecuente no cumpla con los requisitos de final de la vida consignados en “La metamorfosis” para que se nos elimine como élitros anecdóticos de un ayer abolido por la salida del sol. El protagonista de Rolando no es el narrador autónomo –o más o menos autónomo- que conocemos en la primera parte, sino alguien que tarda en sernos presentado y que es, como personaje, una de las creaciones más extraordinarias y perfectas de la narrativa local, argentina. El doctor Moran. Y lo es porque su terapia ha cambiado los términos con los que cada uno de nosotros, mortales autosuficientes dispuestos a olvidar en aras de la rutina las leyes indescifrables de la vida diurna, definíamos para consuelo o remordimiento posterior, cada uno de nuestros actos. Mediante un sistema misterioso, el doctor Moran pudo restablecer una especie de semántica inmanente, de acuerdo con la cual aceptamos –o nos negamos a aceptar- una armonía preestablecida.&lt;br /&gt;     Las semejanzas entre Moran y Leibniz merecerán sin duda una pesquisa académica que me excede, pero las que lo autorizan a protagonizar la segunda parte del libro alcanzan para esta ocasión. Moran es Lacaniano peronista. Así, sin medias tintas. Entre dos pronunciamientos de esos líderes de opinión tan vigentes (por lo menos para la vida social y cultural argentina) se extienden los límites de la existencia de Rolando. Entre dos proclamas estentóreas que canturreamos como respuestas ante lo absurdo, lo inverosímil o lo injusto: “La realidad está estructurada como una ficción” y “la única verdad es la realidad”. ¿Cómo saber, a esta altura de los acontecimientos, a quién corresponde cuál de estas consignas, de estos alardes? El propio Moran hace caso omiso, con una suficiencia pletórica que no es siquiera el eco de esa nimiedad atributiva, resultado sin duda de un desgaste nominal consecuente.&lt;br /&gt;     Con una modestia &lt;coloquial&gt; ajena por torpeza a esa elocuencia del pronombre “yo”, &lt;em&gt;La cisura…&lt;/em&gt; cuenta “La metamorfosis” en un código dispuesto incluso a admitir un hechizo popular –público, mejor dicho- insignificante para quienes nos tomamos el recaudo de menospreciarlo: &lt;em&gt;El código Da Vinci&lt;/em&gt;.&lt;br /&gt;     Antes y después de leer &lt;em&gt;La cisura…&lt;/em&gt;Moran permanece por encima de cualquiera de las prevenciones dictadas por “la cultura”. Puede desintegrar con un sátori terapéutico las aspiraciones pequeñoburguesas de querer rehacer nuestras vidas y las omnipotentes de creer mejorarla. Reina el lenguaje, vale decir la cultura, vale decir el eufemismo, y entre las posibilidades que exige &lt;esta vicisenda&gt;, la posibilidad de desobedecer pone en situación de accidente no nuestra vida (una de tantas) sino la vicisitud de exponerla como relato ingenuo, supeditado a esa ambigüedad oligofrénica que “nuestras propias palabras” adhieren a una lealtad sin progreso.&lt;br /&gt;     Rolando es el héroe del único relato que sobrevive después de las exequias miserables de Gregorio Samsa porque se anima a no dejarlo morir en esa confusión cotidiana y le permite despertarse como siempre, reanudar el día. Caminar unas cuadras en pos del consultorio. Apreciar los beneficios de la terapia. Admitir su condición a partir de un cadete de delivery literariamente necesario –Thomas Pynchon-, comer una porción de pizza con aceitunas y morir de verdad en una realidad atenuada –exacerbada- por todas las trampas del lenguaje.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-1485509355807125776?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/1485509355807125776/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=1485509355807125776' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1485509355807125776'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1485509355807125776'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/12/todas-las-maanas-somos-gregorio-samsa.html' title='Todas las mañanas somos Gregorio Samsa'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-5420868623927128790</id><published>2008-02-20T00:23:00.000-08:00</published><updated>2008-02-20T00:25:34.451-08:00</updated><title type='text'>En los árboles no crecen gansos</title><content type='html'>El día que Ma Jian (Qingdao, 1953) abandonó definitivamente Pekín, lo hizo convencido de que jamás volvería a esa ciudad: dejaba atrás un matrimonio conflictivo con su primera mujer -no sólo cuestiones emocionales lo separaban de ella, también ideológicas- y el comisario cultural de su barrio terminaba de comunicarle que sus libros eran "tan indeseables como él". No hacía falta esperar más: toda la vida sería un chino excomulgado. Lo sabía. El partido sumado a las intransigencias afectivas de su matrimonio terminaron por expulsarlo definitivamente. La impotencia y bronca de Ma Jian reincidieron en la letra, sin panfleto. Una sola promesa se hizo entonces antes de marcharse: continuar el vínculo temático con la China continental en que había nacido, recordar una a una sus restricciones, devolver polémica y afectivamente cada una de las frustraciones. ¿La escritura como recurso vindicativo?. "La literatura es continente mayor", había señalado el escritor años atrás. De la capital partió a Hong Kong con casi nada de equipaje y muchos contactos, eso fue en 1987, y de Hong Kong, luego de que la ciudad pasara a manos chinas, se trasladó a Alemania para finalmente radicarse en Londres. Los cambios de vida y las contrariedades no lo derrumbaron. Al contrario: se había desempeñado en más de un oficio (aprendiz de relojero, pintor de brocha gorda y más tarde de carteles propagandísticos, chofer, fotógrafo de una revista del Estado y hasta repartidor de comestibles), y estaba dispuesto a sacrificar todo en pos de sus libros. Ma Jian nunca habló de su "obra", sí de sus libros, como si fueran desprendimientos naturales de su persona. Y lo son: Polvo rojo, Saca la lengua, El escritor, las mujeres y el partido, entre otros, recursan parte de su itinerario existencial.Si en Saca la lengua reduce a polvo la idealizada y pueril versión occidental del Tibet, en donde el nirvana y la ascesis meditativa antes que sabiduría representan usura, proxenetismo, mercado negro y corrupción política, en El escritor, las mujeres y el partido (The noodle maker) Ma Jian adopta un tono diferente de rebelión: la actitud burlona, el humor corrosivo, satírico. Lo que logra estilizándose redunda en una mayor eficacia en el plano narrativo, lejos del alegato partidista.La novela cuenta los periódicos encuentros de dos hombres con un único motivo: comer y charlar. Uno es un escritor sometido a las demandas políticas del buró cultural que escribe apenas lo que le está permitido. Como hijo de la Revolución Cultural, posee un margen "estrecho pero altruista". El otro es un donante de sangre que ha ascendido en la escala social y económica del régimen. Ocurre que el donante de sangre no es un donante de sangre cualquiera sino "Vlazerim", héroe cinematográfico de una película albanesa propagandística que en China se ha proyectado durante la Revolución Cultural para reeducar a los jóvenes urbanos e instruirlos acerca de las tareas campesinas. Por lo mismo, tampoco es ya un donante de sangre amparado y sustentado económicamente por los bonos del Estado, sino algo más: un héroe. Es que Vlazerim ha logrado lo imposible: tercerizar su producto a través de otros donantes y cobrar por ello un 10 % de la sangre ajena. Por esta burla a la maquinaria estatal china, es lícito afirmar entonces que el donante de sangre ha trocado en empresario de la sangre. Su economía de hemoterapia ha logrado proezas, raciones extras y platos tan extraordinarios como sopa de cabezas de pescado, ganso, vino, y cupones especiales para adquirir fósforos, televisores, ventiladores eléctricos, carbón y carne. A la mesa del exitoso emprendedor privado se sienta semanalmente su contertulio, el escritor, "conciencia de una generación". ¿Alguna aspiración creativa que mueva a este hombre? Una en concreto, muy acariciada: ingresar en el "Gran Diccionario de los Escritores Chinos". Claro que confrotar a los dos personajes supone un símil previsible en la nación bipolar: libertad de mercado vs. control político. Algunos diálogos de estos encuentos: "Tu profesión es despreciable -le dice el escritor a Vlazerim-, una degeneración, prueba que la naturaleza humana es primordialmente malvada". El donante responde: "El ganso asado no crece en los árboles, si no fuera por mí los bancos de sangre nacionales estarían vacíos. Me he desangrado por este país, soy más verdadero que tu". En medio de esta dialéctica algo esquemática surge no obstante lo mejor de la novela: las historias que el escritor desea poder escribir algún día, si es que existe la posibilidad de que alguien las lea.Mientras los encuentros llegan enmarcados por el presente, las narraciones se recortan en el pasado, modalidad que acaso sugiera que todo deseo es improbable futuro en la oclusiva China liberal. Las historias del deseante: un Desvanecedor que crema cadáveres de altos oficiales políticos en medio de música prohibida; la del Viejo Hepático y la novelista que se occidentaliza poco a poco en un transformismo de uñas y color; la de la actriz que se suicida en público de manera tan circense como poco ortodoxa (¿No es un tigre "amado" su nación?); la del escritor profesional y la muchacha desnuda; la de la madre de la actriz y Chi Hui, etc. En cada episodio argumental el tópico de la novela recupera al escritor, a las mujeres que lo rondan y al partido como presencia omnisciente que marca límites y conductas. Ma Jian subraya con desencanto humorístico cada escena, pero pese al tono burlón del estereotipo predomina en todo el libro un efecto persuasivo de angustia, de vacío. Este novelista "sucio, infame y descarado" -así fue nominado por el Gran Hermano Deng Xiaoping- posee el raro don de la hilaridad amarga, adolorida, profundamente visceral. Es pena la sonrisa que promueven sus párrafos, no cuesta demasiado reconocerla. "¿Sufres, amigo mío?". La convención satírica de esta sombría novela de mordacidad política supone entonces algo más: el recurso de la desesperación de su autor. O el valor de una promesa en marcha ya cumplida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-5420868623927128790?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/5420868623927128790/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=5420868623927128790' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5420868623927128790'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5420868623927128790'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/02/en-los-rboles-no-crecen-gansos.html' title='En los árboles no crecen gansos'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-5800934169956407378</id><published>2008-02-13T16:52:00.000-08:00</published><updated>2008-02-13T23:10:13.594-08:00</updated><title type='text'>Polizón global</title><content type='html'>&lt;strong&gt;En las entrañas de la ballena &lt;em&gt;(nota 1)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;"Nos escabullimos de noche, bien entrada la noche, en el barco no había guardia costera. Con mi amigo habíamos estado soñando de viajar a Estados Unidos, era un sueño. Lo teníamos desde mucho tiempo, desde más chico. En Dominicana nos estábamos muriendo de hambre, puro frijoles y arroz, frijoles negros. Muy rara vez carne de buey, caldo no siempre, de tanto en tanto. Pero yo tenía un sueño, el primero que tenía era de ser pitcher, me gustaba el béisbol, en Dominicana gusta mucho el béisbol, y el básquet, y mucho los maratones, hay muchos maratonistas, pero mi sueño de pitcher se dejó, se dejó caer solo por el hambre y la miseria. Tuve que trabajar, en lo que fuera trabajé, más en la construcción, en las obras de hoteles. ¿Pero qué? No, Punta Cana no conozco, es de ricos. Yo vivía en Dominicana en un pueblo que se llama San Pedro, con mi abuela vivía. Vivo. Mi abuela se llama María Bernarda. En mi familia hay muchos problemas, problemas de separación, esas cosas. Yo nací el 20 de marzo de 1986, y mi mamá se llama María Magdalena y mi papá Bienvenido Santos, diez hermanos somos, el mayor tiene 24, yo tengo 20, y tengo ese sueño todavía, no de ser pitcher, pero sí de llegar a América".&lt;br /&gt;Marcos Abraham es dueño, como el resto de su familia, de un nombre con reminiscencias religiosas. Eso tan sólo. Eso y un sueño, un sueño que es como una persistencia. "Irme". No estuvo como el Jonás bíblico en el estómago de una ballena, pero sí 17 días en las entrañas de un buque petrolero griego soportando hambre y sed, tempestades marinas y terror, pesadillas de suicidio y un poco de muerte, la que le tocó a su compañero de viaje, su amigo Toviejo (24), a los cinco días de embarcados y devenidos en polizones. Sin embargo, no es el relato de un náufrago el suyo. Al contrario: es el testimonio de la resaca que arroja el continente globalizado, con el sueño americano a la cabeza, la gran cabeza de Goliath, alimentando las fantasía de supervivencia individual en el resto de los pueblos hambreados del hemisferio. "Cómo escaparle a la miseria", repite Marcos, lo repite en tono suave, con acento y cadencia caribe: "Escapal de la miseria, escapal". Habla pausado, se detiene, sonríe, y cuando advierte que casi no hay preguntas, sigue: "En mi familia somos todos católicos". Pero él no habla de milagro. Prefiere el presente. Tiene ojos pícaros y varios kilos -libras-, de menos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;"Ese día casi no habló"&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Desde la cama 72 en el segundo piso del hospital Cestino de Ensenada, se acurruca, hace torsión flexionando las piernas y se toma de los dedos de los pies, le duelen. Se encorva como un ovillo, es casi una posición fetal y es la cicatriz más visible de esa odisea de 17 días que tuvo que padecer en el recoveco de una hélice de popa de varias toneladas, las convulsiones del petrolero "Kastelorizo" en medio de dos tormentas y el fantasma de la muerte mordiéndole las tripas por la muerte de su amigo. "Se lo llevó el mar -dice con simpleza y resignación-, había vomitado mucho ese quinto día de navegación y estaba mareado, ese día casi no habló". No hace falta preguntarle más.&lt;br /&gt;Junto a la cama 72, Alejandro Palópolo, representante de la agencia marítima propietaria del petrolero griego, no se pierde detalle de la entrevista. En pocos días, casi sin quererlo pero con una enorme voluntad, el hombre se ha convertido en el padre sustituto de Marcos. Es parte de su trabajo. Abraham -hasta tanto Migraciones y las autoridades nacionales no se expidan acerca de su deportación o no- está bajo la responsabilidad de la compañía naviera. Sin embargo, Palólopolo oficia de muchas cosas más: de consejero, de guía en asuntos de vestimenta y hasta de voz protectora y paternal cuando el joven polizón se queja. "Le tomé las medidas -cuenta-, le calculé el número de los zapatos y salí a comprarle ropa y calzado. Había llegado con un bermudas hecho hilachas, descalzo y con una remera que era un asco. Fui, le compré lo mejor que pude, y encima se queja. ¿Vos podés creerlo? No quería ponerse el vaquero -ríe mientras cuenta la anécdota-, decía que era apretado, él quería uno de esos pantalones anchos y holgados de rapero, no se puede creer, se había salvado de morir y protestaba porque quería estar a la moda".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Mensajes en clave&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;&lt;em&gt;(nota 2)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;El presente más que el milagro. El milagro para Marcos Abraham es tener que volver a recordar ese hueco de placas metálicas situado en la popa del buque, donde el eje de la hélice desciende vertical y deja un espacio de 2 x 2 para sobrevivir con el mar bajo los pies y una saliente de 1, 80 x 2 para acurrucarse y soportar las embestidas; el sueño y la oscuridad. En la base de ese compartimento estanco, un enrejado y abajo el oleaje. "Por momentos subía el agua por las rejas -cuenta Marcos-, y el frío nos dolía en los pies primero y después en la cintura y así iba subiendo. El frío subía con el agua. Mi amigo Toviejo empezó a aflojarse de a poco. Los primeros días hablábamos de las cosas que íbamos a hacer en Estados Unidos, de lo que íbamos a trabajar, de la plata que íbamos a mandarle a la familia. En el puerto de Dominicana a Toviejo le dijeron que el barco iba a Estados Unidos. Estábamos confiados, pero fueron pasando los primeros días y no tocábamos puerto. Lo único que sentíamos era el rolar de las olas bajo los pies, el ruido del agua que hace como un sonido grueso de algo que corta y que sube con frío. Agua y ruido, agua y ruido. Hablábamos para darnos ánimo. Al segundo día empezamos a preocuparnos, ya no teníamos la botella de agua con que subimos y empezamos a tener sed, mucha sed. Entonces empezamos a golpear, a hacer ruido. Hacíamos golpes con los zapatos contra las planchas de acero. Mandábamos mensajes como quien dice. Primero empecé yo y después él. Nos turnábamos. Cuando las piernas se nos quedaban nos descalzábamos y seguíamos con el zapato en las manos, golpeando y golpeando hasta que nos daban calambres. Nos dormíamos por turnos, pero no dormíamos, era como que cerrábamos los ojos y nos quedábamos en blanco, con el ruido del mar en la cabeza. Yo tuve algunos sueños, muy cortos, pero eran siempre lo mismo: ver tierra, ver la costa".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Grasa y polizones&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada barco que zarpa de puerto lo hace para navegar unas pocas millas, luego recalar y fondear a distancia relativa de ese mismo puerto. Durante el fondeo ya es rutina la inspección. "El drama de los polizones -cuenta Alejandro Palópolo- se da de a miles y es muy poco conocido, pero las inspecciones son por lo general para detectar polizones. Si se los encuentra, todavía se está a tiempo de devolverlos a tierra, pero una vez que el barco ya emprendió rumbo abierto, la compañía es la responsable. El drama son los africanos, son un verdadero problema para todas las compañías, hay de todas las nacionalidades y de todas las edades. No miden ni los peligros ni las consecuencias. Quieren escapar y nada más. Es lógico: los corre el hambruna".&lt;br /&gt;Hasta hace unos pocos años el compartimento del eje de hélice en los navieros de ultramar era abierto. Luego, debido a los polizones, se debieron dictar normas internacionales para que todos los buques enrrejaran la base del compartimento. El "Kastelorizo" tenía el enrrejado que marcan las ordenanzas. ¿Cómo lograron entrar los dos jóvenes dominicanos allí? Lo cuenta el propio representante de la compañía: "A Marcos lo encontramos no sólo deshidratado y desnutrido, sino engrasado de pies a cabeza. Era una bola de grasa. Es increíble, entre reja y reja hay 20 cm., poco más, por 20 cm. de la otra reja soldada. Ellos se engrasaron completamente y deben haber estado varios minutos estrujándose y afinándose hasta poder pasar".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Asomado a la desesperación&lt;/strong&gt; &lt;strong&gt;&lt;em&gt;(nota 3)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;"Salimos de Dominicana el 16 de junio. A los cinco días Toviejo se cansó, vomitó mucho y después se quedó como dormido, pero estaba muerto. Yo le hablaba, le hablaba y se me hizo como que se había dormido. Pero no: era muerto. Era de noche, de madrugada, pero cuando me dí cuenta de que estaba muerto me asusté, lloré de miedo y pensé en mi mamá, allá en Dominicana". Marcos no cuenta cómo fue que Toviejo, de 24 años, terminó devorado por las aguas. Dice: "A la mañana ya no estaba. Se había muerto y ya no estaba, se lo había llevado el mar". Si fue Marcos quien devolvió el cuerpo de su amigo a las aguas, es algo que sólo él sabe y que no corresponde preguntar. En ese compartimento de hélice, apenas se veía muy poco mundo y demasiado mar hacia afuera. "Cada tanto nos asomábamos para ver el agua -cuenta-, pero era demasiado peligroso, no lo hacíamos seguido, cuando estaba la desesperación tan sólo". En diecisite días de navegación no probaron un solo bocado. Marcos tenía una muda de ropa inútil y la persistencia del sueño americano. "Pensábamos que si no llegábamos a Estados Unidos íbamos a llegar a algún otro puerto, alguna isla, Puerto Rico, Jamaica, y teníamos la idea de bajar y de ir haciendo viajes en escalas en otros barcos, pero los días pasaban y nada. Después del quinto día, cuando quedé solo, lo único que me quedaba era seguir haciendo sonidos. Pero los zapatos empapados casi no hacían ruido contra el metal y no tenía fuerzas. Entonces lo que hacía era esperar la calma para golpear con las palmas, con la calma el mar era menos ruidoso.No duraba mucho, las palmas me ardían y se me inflamaban. Entonces me recogía de piernas y golpeaba con los pies contra el metal". Todavía le duelen los pies a Abraham, se los frota después de cada frase. "Toviejo -recuerda con una sonrisa melancólica- fue mi compañero de viaje".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;"Me quise suicidar"&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al sexto día fue mar gruesa y la tormenta en el océano se hizo sentir con cimbronazos y estruendos. "Se agitaba todo, no podía ni agarrarme, las olas golpeaban y el barco hacía como que se estremecía y tronaba, eso recuerdo, tronaba por dentro. Yo estaba de acá para allá, sacudido y golpeado y con un vacío salado en el estómago. El barco subía y bajaba, y el agua me empapaba y yo temblaba, por momentos lloraba y gritaba. Pero era gritar a nadie, el mar gritaba más fuerte. Yo digo hambre, sed, terror, frío y no todos saben de qué digo, pero allí adentro hambre, terror, frío y sed tienen como un solo nombre". Marcos se queda en silencio. Palópolo lo mira desde la punta de la cama y le hace un guiño de afecto. "¿Sabés qué? -pregunta el joven sin esperar respuesta-, que te quieres matar, y es muy cierto, fueron varias las veces que me quise matar. Me tomó como esa cosa del suicidio, dejarme ir, de juntarme con Toviejo. Una noche en medio de la primera tormenta pensé en suicidarme y soltarme de todo, pero en el último segundo, llorando, pensé esto que te voy a decir y que quiero que escuches: tengo mal los pies, tengo el estómago quemado y revuelto del agua salada que estoy tomando, tengo los brazos y las manos escaldadas de tanto golpear, tengo el cuerpo congelado y casi no lo siento y hasta tengo a mi amigo muerto y tengo mareos y náuseas. Tengo todo eso, claro, pero si me doy cuenta de todo eso es porque tengo la cabeza bien y por eso no me voy a matar. A mí -se toca-, me salvó la cabeza. Ésta me salvó".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Anotando en la cabeza &lt;em&gt;(nota 4)&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;En el hoyo sellado del eje de la hélice Marcos pensó en algún momento anotar las noches y los días como un preso. Pero no podía marcar. "Había noches terribles, el agua subía mucho, y yo iba anotando las noches en mi cabeza, marcaba los días en la mente. Cuando llegó la segunda tormenta pensé: mejor morir acá que bajo el mar, morir tumbao. A mí ya me dolía la cabeza como a Toviejo y eso me dio terror, pero seguía golpeando con los brazos, los zapatos, no dejaba de golpear, era como que hacía golpes de muerte porque yo sentía la muerte, y de tiempo en tiempo me recordaba para ayudarme en otras cosas, en mi mamá, en mi familia. El miedo era mucho, era no llegar a tierra, también me acordaba de algunas letras de merengue para darme ánimo, me gusta Juan Luis Guerra mucho, allá merengueamos mucho en Dominicana. Esa segunda tormenta estuve a un tantito de tirarme también, pero la vida fue más fuerte, la vida fue más fuerte. Y la verdad es que lo volví a intentar, sí. El barco tiene una plataforma en el timón, ahí hay agua, y de allí podía tirarme. Esa noche volví a soñar un sueño igual: que llegaba a tierra".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;Tierra en el agua&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los tres últimos días, ya casi inconsciente, Marcos sin embargo tuvo la lucidez suficiente como para advertir que los sonidos del mar amainaban y que el barco se remecía cada vez menos. Dejó durante esos días de tomar agua salada y se dejó estar en una paz extraña. "Lo primero que sentí fue que el mar dejaba de ser mar y que el agua se oscurecía, se ensuciaba, era agua color barro". Eso lo animó un poco. No vio tierra, pero sintió el olor del Río de la Plata y el color sucio del agua lo animó. "Yo pensé que estaba llegando, pero el río es muy ancho y demoró mucho en detenerse". Cuando el barco fondeó, apenas si hizo un último esfuerzo para tomarse de la planchada y la saliente y erguirse. Estaba mareado, pero divisó un bulto en el agua que se movía. "Hice saludos con la mano, era una lancha de prefectura. Yo me iba a tirar, pero estaba lejos de la costa, la veía, pero no tenía fuerzas para nadar, la lancha estonces dio una vuelta y volvió. Estuve como tres horas hasta que me rescataron. Me subieron al petrolero y me dieron las primeras atenciones, después la lancha de la prefectura me trajo al hospital. Yo la verdad estaba tan mal que pensé que estaba en Europa, no en América, pero tampoco estaba en América -sonríe-, estaba en Argentina. No sabía nada de acá. Me gusta estar acá, son muy buenos acá, lo que más extraño es a mi mamá". Alejandro Palópolo, agrega: "Estaba muy mal, demasiado, no sé cómo sobrevivió. Un milagro".&lt;br /&gt;Paradojas de la miseria: el último dato lo aporta el representante de la empresa, quien espera el alta médica del joven para acompañarlo hasta donde llegue la decisión de las autoridades nacionales (su deportación o no): "Mañana Marcos ya tiene un pasaje para abordar un vuelo de Lan Chile que paga la empresa. Ese vuelo va de Ezeiza a Valparaíso y de Valparaíso a Punta Cana", explica. Paradojas de la miseria global: 17 días de horror en altamar para llegar a conocer el paradisíaco mundo de los resort "all inclusive" de su Dominicana natal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;em&gt;(Nota de la redacción: al cierre de esta última entrega surgió la posibilidad de que Marcos Abraham sea puesto en guarda temporal bajo la tutela de un matrimonio argentino, por lo que su deportación podría quedar en suspenso)&lt;/em&gt;&lt;/strong&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-5800934169956407378?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/5800934169956407378/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=5800934169956407378' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5800934169956407378'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5800934169956407378'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/02/polizn-global.html' title='Polizón global'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-3581923608059811603</id><published>2008-01-27T01:41:00.000-08:00</published><updated>2008-01-27T01:42:21.707-08:00</updated><title type='text'>La ecuación de la droga</title><content type='html'>"¡Cuidado con la vida! Yo la contraje. Estoy enfermo de vida". Recordé esta expresión de Vonnegut y también recordé, como en extensión de rizoma, algo que escribió William Burroughs: "Emitir no puede ser nunca mas que un medio para emitir más, como la Droga. Trate usted de utilizar la droga como medio para otra cosa (...) Al emisor no le gusta la charla. El emisor no es un ser humano (...) Es el Virus Humano". Recientemente en una de las poco efectivas campañas para la prevención de las adicciones -de las poco efectivas y escasas- uno de los médicos psiquiatras integrado a la misma desaconsejaba el uso de drogas y ponía en imagen distintos planos de mapeos cerebrales de un paciente "cuyas neuronas estaban destruidas". Las áreas afectadas se veían nítidamente. El médico insistía, bajo la didáctica del horror y las consecuencias, en lo peligroso que resultaba el consumo de drogas. A veces, en virtud de los procedimientos y de sus logros, uno agradece el que las "campañas para la prevención de adicciones" no sean tan frecuentes ni masivas. Me pregunté entonces y una vez más por qué Yonqui (Junkie), de William Burroughs, no es un texto que las autoridades educacionales o gubernamentales incluyan en sus planes de enseñanza. Hace ya varios años, en un debate que se hizo en el Colegio Nacional de La Plata sobre adicciones, lo propuse a través de un escrito como texto a considerar. Unas semanas después alguien vinculado a la organización de ese encuentro me señaló que la elección del libro de Burroughs no había sido "muy feliz ni adecuada". Pregunté por qué. Dijo algo fatal: "Es el libro de un drogadicto". Quedé perplejo. La persona en cuestión agregó, con algo de duda: "¿No es que hace la apología de la droga?". Leer no siempre es leer. A veces uno imagina que las palabras de un mismo libro dicen lo que dicen pero luego, confrontado con otro lector de ese mismo texto, advierte que ambos han leído libros diferentes. Juan Carlos Onetti, el magistral gruñón uruguayo, repetía siempre la misma broma: "Las sublecturas son múltiples, todo depende del tiraje". Recientemente, en un artículo periodístico de &lt;a href="http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0188/articulo.php?art=2308&amp;amp;ed=0189"&gt;Perfil&lt;/a&gt;, Carlos Gamerro escribía a propósito de los 10 años de la muerte de Burroughs y volvía a poner en el tapete la ecuación de la droga según la desarticula el genial autor beat en Yonqui. Dice WB: "¿Por qué empieza uno a usar estupefacientes? ¿Por qué sigue uno usándolos lo bastante como para convertirse en un adicto? Uno se hace adicto a los narcóticos porque carece de motivaciones fuertes en cualquier otra dirección. La droga se impone por defecto. Yo empecé por cuestión de seguridad. Seguí pinchándome mientras pude conseguir droga. Terminé colgado de ella. La mayor parte de los adictos con los que he hablado cuentan una experiencia semejante. No empezaron a utilizar drogas por ninguna razón que sean capaces de recordar. Si uno nunca ha sido adicto, no tiene una idea clara de lo que significa necesitar droga con la especial necesidad del adicto. Nadie decide ser un adicto. Una mañana uno se despierta enfermo y ya es adicto". Luego, más adelante, señala: "Yo he aprendido el estoicismo celular que la droga enseña al que la usa. He visto una celda llena de yonquis enfermos, silenciosos e inmóviles, en aislada miseria. Ellos conocían la inutilidad de quejarse o moverse. Ellos sabían que básicamente nadie puede ayudar a otro. No existe clave, no hay secreto que el otro tenga y que pueda comunicar. He aprendido la ecuación de la droga. La droga no es, como el alcohol o la hierba, un medio para incrementar el disfrute de la vida. La droga no es un estimulante. Es un modo de vivir". Sobre esta ecuación de la droga, Gamerro señala algo esencial: "El junk, en Burroughs, lejos de liberar, sujeta: es un mecanismo de control, pero no uno más, sino el modelo de todo mecanismo de control; y la policía y el sistema de salud, lejos de combatirla, la utilizan para generar adicción, dependencia y, por lo tanto, mayor control; el adicto es el sujeto social ideal. Burroughs desaconseja el consumo, no porque sea inherentemente malo sino porque entrega al sujeto atado de pies y manos al sistema médico-legal-policial. Lo que se busca justamente es la cura, pero una cura definitiva, nunca la que imponen médicos y policías, que consiste en una prolongación sin fin del ciclo de la adicción, que mantendrá al individuo siempre sujeto como paciente y como criminal". Está claro que desmontar esta ecuación que opera como sistema de control del individuo no parece precisamente tarea tan sólo del área de salud. Los aportes multidisciplinarios son sin duda fundamentales. Pero para desmontar válidamente la ecuación fascista de la droga, ésa que entrega al sujeto atado de pies y manos como paciente y criminal, sin duda hay que repensar el tema tanto ideológica como políticamente, en los mismos términos en que los planteó Burroughs. Yonqui es un libro duro, implacable, inconfortable. Precisamente. Su lectura a nivel educacional puede abrir un amplio debate, acaso tan irritativo y polémico como necesario. Los que hemos contraído la vida sabemos que la ecuación no es sencilla. Hay adicciones virales de las que constantemente somos receptores aunque también emisores, retroalimentándonos en un mundo que propone en todos los planos más adictos al dinero, al trabajo, al consumo, al cuerpo, al poder, al sexo, a la imagen, etc. ¿Al emisor no le gusta la charla? Debería haberla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-3581923608059811603?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/3581923608059811603/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=3581923608059811603' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3581923608059811603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3581923608059811603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/la-ecuacin-de-la-droga.html' title='La ecuación de la droga'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-5572983696942286696</id><published>2008-01-23T10:01:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T10:02:31.596-08:00</updated><title type='text'>El coleccionista de rechazos</title><content type='html'>Dicen que lo que hoy llamamos Historia de la Literatura es un reconocimiento posterior de lo que en principio fue una historia de rechazos. Es probable, pocos en sus comienzos han tenido las puertas abiertas. No parece necesario redundar en ejemplos, son demasiados, clásicos y no tanto. De esos rechazos editoriales, salvando unos pocos y contados, casi no hay testimonios escritos. Lógico. Ningún editor quiere dejar constancia de las peripecias del no de lo que lee y, de resultas, no produce (recientemente Luis Chitarroni, editor y escritor, dejó sus Peripecias del no por escrito, novela de Interzona que es tránsito a lecturas mayores y canon mordaz de deudores, tributarios y cuasi plagiarios en materia literaria). Como sea, los documentos del no escasean. El "Salón de los Rechazados", en París, pudo exhibir al menos los documentos en tiempo de las obras que habían sido excomulgadas del canon estético de la época. No pasa lo mismo con la literatura, por supuesto. Editor de por medio, la posteridad literaria suele ser el síntoma tardío de un error las más de las veces temprano, subsanable en obra mas no en tiempo contingente. En el terreno argumental, salvo excepciones, tampoco el rechazo editorial tiene mayormente preponderancia, ni aún como subtema. Es un aspecto sobre el que es preferible pasar de largo. Para qué, hay tantas historias. Asunto muy menor, íntimo en todo caso. Sí en cambio el fracaso. Sobre el fracaso -como sabiamente dijera Gertrude Stein- se van recostando una a una las generaciones ("Todas las generaciones -textuales y sensatas palabras- están destinadas a fracasar"). El fracaso -junto con la espera- acaso sea uno de los dos grandes temas de la modernidad.Lo cierto que ante la falta de testimonios escritos, los reveses editoriales por lo general van quedando relegados al ámbito del anecdotario personal. Son fichas privadas, hitos en la memoria de una carrera. Sin embargo, los escritores jamás los olvidamos, imposible. Todos tenemos alguno, o varios. Colecciones incluso. Yo personalmente siempre recuerdo uno de tantos, muy expresivo, bello inclusive, y bastante persuasivo en lo que me concierne. "No tiene argumento, carece de tema u objetivo, no hay protagonista, tampoco tensión y ni siquiera se destaca por un estilo". En estos términos, Ivonne, una lectora y crítica francesa de Ediciones de La Flor informó al editor acerca de un original que yo había presentado allá por los ochenta en el sello. Daniel Divinsky, responsable de la editorial y en ese entonces exiliado en Venezuela, al recibir y leer el informe -según me comentó tiempo después-, se dijo: "La novela no tiene argumento, no tiene personaje central, no tiene estilo, no tiene tensión y tampoco tiene objetivo: yo quiero leerla". Fue así que la leyó, intrigado por el "nada de nada" que había logrado mi original. La novela se editó. Es probable que en aquel entonces Ivonne tuviera algo de razón en lo que al texto refiere. Es más que probable, los números de ventas del libro al final se la dieron. De todos modos, los noes rotundos y consecuentes de su lectura -suma de signos menos, matemáticamente hablando- crearon o favorecieron las condiciones para su publicación.Coleccionar rechazos es un hábito del que no puedo desprenderme. Como una manía, me parece. No porque esté abonando el terreno ulterior de la llamada Historia de la Literatura -eso sí que sería tan patético como grotescamente egotista-, sino porque, lo admito, no tengo más remedio. Me muevo bien fracasando, casi un experto. Es una habilidad que he llegado a desarrollar hasta en sus más ínfimos destellos. Con el tiempo uno aprende a a leer gestos, evasivas, silencios y por supuesto, también frases de compromiso y hasta de elogio. Sobre estas últimas, una obviedad: hablan de la estatura moral e intelectual de su portavoz. Nada que agregar. La integridad intelectual de Ivonne, en cambio, es algo que uno jamás ha dejado de agradecer. Me lo repito cada vez que alguien dice "sí". Desconfío del monosílabo. Es traicionero, imbécil y consecuente. Como el éxito que, etimológicamente, nos condena al exit de la salida definitiva.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-5572983696942286696?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/5572983696942286696/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=5572983696942286696' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5572983696942286696'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5572983696942286696'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/el-coleccionista-de-rechazos.html' title='El coleccionista de rechazos'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-1770081599887300070</id><published>2008-01-23T09:50:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T09:51:20.130-08:00</updated><title type='text'>Monstruos perfectos</title><content type='html'>Cuando uno ha entrado en esa vida, cuando uno está realmente dentro de ella, con los ejercicios matinales de Pilates, y las llamadas telefónicas a mediodía, y el almuerzo en el Duhau, que ahora se considera menos ostentoso que la Bourgogne, pues entonces...bueno, entonces, la idea de no ser buenos es inconcebible. Como aspecto colateral de ser ricos y famosos, ellos se han comprometido a hacer del mundo un lugar mejor. Tomen por ejemplo a la señora Mónica Parisier, presidente de la Fundación Make-A-Wish. Toda su vida está generosamente dedicada a recaudar fondos para cumplir el sueño de niños con enfermedades terminales. Con ese objetivo altruista, reunió a todo-el-mundo-que-es-alguien en el cóctel de inauguración de la muestra Soñarte, sueños pintados, que noches más tarde sería subastada en el MALBA a beneficio de la fundación. La Casa de la Cultura del Fondo Nacional de las Artes rezumaba cantidades notables de personajes célebres, de damas sensibles circulando por el salón con la misma cautela y precisión de una mano recogiendo vidrios rotos, como si hubieran saltado de las páginas de Vogue, aunque, sin duda, Vogue se inspira en ellas: las hermanas Patricia y Rosella Della Giovampaola by Oscar de la Renta y zapatos Christian Louboutin, Karina Rabolini, María Laura Leguizamón, Cecilia Zuberbühler..."Siempre he realizado actividades solidarias", decía la señora de Guido Parisier aquella noche a una cronista desnutrida de Fashion TV. Después, bajando los párpados, très Jane Austen, añadió: por alguna razón, uno en determinado momento de su vida tiene necesidad de estas cosas. Probablemente porque durante todo ese tiempo he estado superdedicada a mis tres hijos, que ya son adolescentes.Y entonces se levantó, cruzó al otro extremo de la sala y dijo, ensayando una sonrisa impecable frente a la multitud:"Quiero agradecerles mucho, muchísimo, que hayan venido. Hoy estamos acá para hacer feliz a un niño cuya vida está en peligro".Acto seguido, agradeció a los cuarenta y dos artistas plásticos y escultores rioplatenses que donaron su obra. La señora de Parisier es notable, con esa rara belleza bruñida que perdura a través de los años. Su voz rica en tonos como un oboe. Todo era perfecto.Precisamente en este punto, el editor Luis Chitarroni, de pie, con una copa en mano, me susurró al oído: "Con seres así, se puede practicar coherentemente la beneficencia". Alzó su copa, bebió un sorbo de champán y paseó la mirada por la sala, atrapando en passant a don Carlos Pedro Blaquier, que acababa de bajar de su limusina. "Por eso, en las sociedades filantrópicas las autoridades son todas famas, y la bibliotecaria es una pobre esperanza, como escribió un hombre que contaba historias de cronopios y de famas". Volvió a tomar un trago. "¿Acaso no es tan cierto, querida?".Sí, Dios sabe bien que los famas son capaces de gestos de una gran generosidad.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-1770081599887300070?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/1770081599887300070/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=1770081599887300070' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1770081599887300070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1770081599887300070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/monstruos-perfectos.html' title='Monstruos perfectos'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-1063221116405623199</id><published>2008-01-23T08:38:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T08:39:46.922-08:00</updated><title type='text'>Fante o la épica del fracaso</title><content type='html'>Arturo Bandini ha crecido. El alter ego de John Fante (1909-1983) ya se ha radicado definitivamente en la costa Oeste norteamericana, se ha casado y tiene hijos. Pero quedan huellas de aquel Bandini proyecto de escritor que llegaba a Los Angeles en busca de una carrera literaria: sigue vinculado como guionista al mundo de Hollywood, sigue siendo -en su condición de script de segunda- carne de industria y sigue, como aquel Arturo lleno de violencia contenida y de pureza "macarroni", albergando algunos sueños. La poética de John Fante es una construcción de raíces firmes. Eso se puede ver en la estela de aquellos ideales de juventud. Claro que ya no los tiene Bandini, quien ahora los cobija es un cincuentón de nombre mucho más apropiado para la industria californiana: Henry Molise. El rezago onírico es un tanto más modesto y asequible, se llama Roma. ¿Los deseos? La visión idílica de piazza Nabona, cierta tranquilidad material y espiritual luego de haber batallado durante tantos años en el descampado de la escritura. No más.Toda la obra del genial John Fante es una épica cuasi autobiográfica del fracaso, fue lo que deslumbró al opaco Bukowski (nadie se enoje, la limitación es un género). Sin embargo, en Al Oeste de Roma -libro que contiene la nouvelle "Mi perro idiota" y el relato "La orgía"-, uno puede ver que la genética vitalidad de títulos en los que Bandini oficiaba de impulsivo writer in progress (yugándola en fábricas de conservas, haciendo de mandadero o intentando frustradamente de gigoló), ha mermado un tanto. Menos fuerza tiene Molise. ¿Menos encanto? Es probable. En los libros que sostenía Bandini -Pregúntale al polvo, Espera a la primavera, Bandini, Camino de Los Angeles y Sueños de Bunker Hill (este último acaso el más imperfecto y notable) los episodios de rechazo, frustración y vuelta a recomenzar del personaje cargaban con la estirpe y desmesura de la iniciación, la fuerza y el pudor del inmigrante (también con algunos de sus prejuicios racistas) y, sobre todo, con el estigma de una cultura católica contra la que Bandini chocaba párrafo tras párrafo.Las aguas se han aquietado. Point Dume es el lugar de residencia de Molise y de su esposa Harriet. También de sus cuatro hijos. Un mal día -un día de lluvia y tormenta-, encuentran que a su casa ha llegado un perro. Es un perro extraño, de raza probablemente oriental, algo grande, desproporcionado y de conducta no muy confiable. Un estorbo. Tras varios intentos por desprenderse de él, el visitante se queda y todo comienza a girar en ese hogar alrededor del animal. Los toques irónicos no han desaparecido en la obra de este Fante también cincuentón y diabético: cuando la familia accede a reconocer la chapa de identificación que lleva el perro, en lugar de un nombre, hallan una sentencia: "te arrepentirás". Toques y guiños muy Fante, socarrones: las lecturas de Camus de uno de los jóvenes y los comentarios de Molise; los proyectos de vida de los muchachos y algo de su indolencia; la decisiva pelea de "Idiota" (así se apoda el mastín) con Rommel, otro perro, lo que le determina un lugar definitivo en la casa. Claro que "Idiota" tiene una función más en la historia: como Molise, él también es alter ego de John Fante. Un estorbo para sí mismo. La burla en esta novela breve resulta ejemplificadora sobre el final, en esos trazos en los que melancolía y sueños se han despoblado para dar escena al cuadro de la cerda y el perro. La escritura de este escritor secreto y mal venerado en el casillero del "realismo sucio" (nadie lo limpió, parece) tiene pinceladas corrosivas, brueghelianas: "Emanaba (la cerda) confortables vibraciones burguesas de estabilidad y fe en el Espíritu Santo. Era mi madre de nuevo. Con el hocico embadurnado de tierra, se estiró..." El llanto final es la cláusula: derrota y aceptación."La orgía", el otro texto, es un relato inédito hasta 1985, y narra las peripecias de dos albañiles -inmigrantes italianos- en el Colorado de 1925. Son los ojos de un niño de diez años, hijo de uno de ellos, los que ven y cuentan la historia bajo el manto del sentido religioso de la madre. Ni Frank Gagliano va a entrar en esa casa católica -no cree en Dios y eso es una abominación-, ni nadie se va a desviar de los dogmas y preceptos de la fe. O sí. "Pero no mi padre, no puede ser mi padre el que ha hecho eso", dice el chico. Tarde for tears. La voz del joven es el Bandini pre adolescente que luego irrumpirá en la obra de Fante, aunque, hay que admitirlo, no tiene el relato la contundencia de aquel otro inedito "Full of life" ("Rebosante de vida") -tentempié de Fante entre guión y guión- en el que las hormigas hacían la tarea de la conciencia y los mandatos familiares en el hogar. Sí, en cambio, un hálito Steinbeck. Me parece.Otras obras de este genuino vitalista de la narrativa: La hermandad de la uva y Un año pésimo. Acaba de filmarse Pregúntale al polvo bajo la versión Pregúntale al viento, impostación de un sustantivo más musical y distributivo para la industria del cine: polvo es la infame arenisca y tierra del desierto que rodea los barrios bajos de L.A. y su artificial mundo de ensueño. Que el pochoclo de las salas no se atore en la garganta. Fante murió en Malibú. Jamás llegó a ver el éxito de sus libros pero murió confortable. Me consta.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-1063221116405623199?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/1063221116405623199/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=1063221116405623199' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1063221116405623199'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1063221116405623199'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/fante-o-la-pica-del-fracaso.html' title='Fante o la épica del fracaso'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-3905974255608987145</id><published>2008-01-23T08:27:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T08:28:39.245-08:00</updated><title type='text'>Conejos</title><content type='html'>Año electoral en la granja. A pedro, el conejo más viejo, le deben un año de viáticos. Un año realizando trámites para que la economía de la granja no se venga a pique. El conejo Doctor-Director se la pasa encerrado en su despacho. Nuestros baños están a la miseria y el agua de las duchas sale oscura. No obstante se compró un auto nuevo y regularmente, para mitigar su soledad, recibe a las chicas de la Agencia "Carmelitas Extraviadas".Pedro sostiene que la antigüedad es una antigüedad. Sólo eso y ya no se respeta."¿Pero es un conejo de los nuestros?", pregunta Miguelito con las pocas neuronas que le perdonó la droga. "¡No seas gil, nene!", contesta Pedro, desgranando un terrón de tierra con la pala de pico mientras le llora la piel en medio de un sol impiadoso. "No es nada y es todo". Y Pedro sabe. Una mañana, mientras le limpiaba la oficina y el doctor viajaba por España, descubrió papeles de "merca" en su escritorio y petacas de ginebra vacías debajo de su cama. Impotencia, incertidumbre y ambigüedad reinan en la granja."Tienen programados recitales", dice Miguelito, con los ojitos ansiosos, esquivando su esquizofrenia. "Creo que conoceremos al chaqueño, contesta Pedro con una mirada inexpresiva."¡Puta madre!"¡Nunca una coneja para los pobres!", protesta Miguelito mientras mira una foto de Shakira.Una tarde llegaron un par de asesores del oficialismo a recorrer la granja. De inmediato le dieron el alta a Matías, un conejo irrecuperable, por influencia de un ex montonero convertido en Jefe de Gabinete de la granja. Pedro tuvo un ataque de abstinencia y se desangró los nudillos de tantos golpes sobre la ventana del Doctor-Director. "¡Yo voto en blanco! ¡A los políticos hay que matarlos de chiquitos!", gritaba mientras era arrastrado por dos celadores."¡Yo les meto una zanagoria en el sobre!", acompañaba Miguelito. Luego, más calmos, en rueda de mate y puchos, suponíamos que estas cosas sucedían en la granjita, que en la calle, en la Argentina, los hechos serían diferentes.Una madrugada llegó Martín Nevado, trasladado desde Santa Cruz. Todos los días realizaba el mismo trayecto: de la tranquera a la heladera con un cubito manifestando exaltado que se trata de un pedazo del Perito Moreno. Se habían invertido los términos en la granja. Ya no se escuchaba hablar de la frula, de los cobanis, también pasaron al olvido los nombres del "loco fierro"; el "negro José Luis" y "El Morsa". Ahora se oía todo el tiempo lo mismo: el Pro, ser progre, radicales K, Quebracho, Scioli, Castells, "Gran Hermano". Reminiscencias de la única tele de la granja.Un atardecer de octubre alguien mezcló vino con limonada. Había triunfado el oficialismo. En un par de horas estábamos todos borrachos. "¡Más viviendas, techarán el estadio, más planes trabajar! ¡Viva el existencialismo!", enunció animado Miguelito. "¡Asistencialismo!", corrigió Pedro. El Conejo-Director lucía un pelaje lustroso en tanto repartía zanahorias de exportación y choripanes y nos sorprendía con su inusitado nombramiento en una granja VIP de Pilar. A duras penas Miguelito tarareaba: "Las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas…". Aprovechando el bullicio y fiel a mi costumbre, abandoné el predio.Ya en la ruta la brisa nocturna me fue despabilando, la canción de "Don Ata" me retumbaba en la cabeza. Con las primeras luces del amanecer acudió a mi memoria la magistral sentencia de Beckett: "El sol brilló, al no tener alternativa, sobre lo nada nuevo".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-3905974255608987145?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/3905974255608987145/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=3905974255608987145' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3905974255608987145'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3905974255608987145'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/conejos.html' title='Conejos'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-1359594461071703970</id><published>2008-01-23T08:10:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T08:11:25.888-08:00</updated><title type='text'>Escribir como si uno estuviera calvo</title><content type='html'>Cuando Marek van der Jagt publicó Cómo me quedé calvo (Tusquets), en su país se produjo un suceso de ventas. Rápidamente todos se preguntaron quién era este autor de Amsterdam que, en apenas dos meses, había convulsionado los círculos intelectuales de Holanda. Nadie lo conocía, y van der Jagt hacía lo imposible por seguir en el misterio. Llegaron muy pronto las traducciones de esta sorprendente autobiografía y la impostura terminó por develarse: Marek van der Jagt era el seudónimo de Arnon Grunberg (Amsterdam, 1967), un autor de cierto prestigio por dos novelas anteriores premiadas, pero sin demasiado reconocimiento del público. La farsa se vino abajo porque a las ventas y traducciones inmediatamente le sucedieron premios. "Alguien tenía que recibirlos -admitió Grunberg-, así que me puse la peluca y fui yo". Pero Grunberg no es pelado, al contrario, le sobran pelos y desparpajo en la cabeza. Hoy por hoy se ha transformado en un verdadero fenómeno en toda Europa, y la clave del caso Grunberg acaso resida en la libertad expresiva que le confirió el seudónimo de su personaje para escribir despojado de todo esfuerzo estilístico. La lectura es obvia: nada presiona más que el ego. Grunberg lo anuló para poder ser él mismo. No es paradoja. En uno de los tramos finales de esta transparente novela, Marek admite lo siguiente: "Cómo me quedé calvo podría haberse llamado La historia de un talento desaprovechado o, mejor aún, La historia de un talento inexistente. Tampoco habría quedado mal titularla: La historia de mi mediocridad..."Montherlant aconsejaba a los escritores noveles (y no tanto) una verdad a todas luces invencible: "Hay que escribir como si uno estuviera muerto". Bajo el imperativo de esta cláusula, afirmaba, uno se libraba de tics, manierismos y, sobre todo, del tratamiento falso del lenguaje. Pero también, y con más razón aún, uno se liberaba de las presiones del juicio de los contemporáneos. Lo que cuenta Marek van der Jagt en Cómo me quedé calvo no lo había contado antes Grunberg en sus dos libros. ¿Es autobiográfico el texto? Sí y no, porque -ya se sabe- no hay género más mentiroso que el autobiográfico. La historia la narra Marek, un tímido y muy opaco estudiante austríaco de Filosofía que a los dieciocho se lanza a la búsqueda del amour fou. Por sus lecturas, él sabe que el amour fou no es otra cosa que el amor pleno, total, salvaje y absoluto. Pero esta noción intelectual es una máscara. El amour fou en Marek es la sublimación de todo lo que ha representado su madre, ya muerta. La madre de Marek era una mujer excéntrica, aparentemente fría pero hipersensible, apasionada por los pobres y por los amantes rápidos y bohemios, de ser posible. Todas las acciones de Marek en el libro están marcadas por los dichos y las acciones de esta mujer. Aunque no es únicamente edípica la relación, puesto que al vínculo familiar también lo refuerza el padre, un observador desapasionado y equidistante de las infidelidades altruistas de su mujer. "Un cerdo", lo define Marek, pero aventajado. El cuadro disfuncional lo completan los dos hermanos del protagonista, a cuál más desquiciado. Así las cosas, la cruzada emocional de Marek por conquistar el amour fou que leyó a los catorce tiene su punto alto cuando se topa con dos muchachas de Luxemburgo, Andrea y Milena. La relación con una -de la otra se encarga su hermano- deriva en un fracaso atroz: el pene de Marek es "una insignificancia". Una genuina rareza en completa desarmonía con su cuerpo. Peor aun: debe ser observado con lupa. ¿Algún complejo? No tanto. Con absoluta naturalidad Marek irá en pos de Mica a fin de superar el trance. La calvicie que en días le generan las píldoras homeopáticas de Mica para desarrollar su miembro no son otra cosa que la burla a las apariencias que juega Grunberg. "Nunca sabré qué cosas conmovieron a mamá, pero sospecho que la felicidad la decepcionó mucho más que la belleza...Y los estragos que ella causó no tenían nada que ver con la maldad ni con la indiferencia, nacían de un deseo visceral por el amour fou..."En el bies de esta historia, la versión de la muerte de la madre de Marek cayendo al vacío por un resbalón antes que por un empujón (una caída desde lo alto, como caen las estrellas sin profesión), resulta sin duda aleccionadora: no hay risa sin caída. Marek es tan culpable como puede serlo la ficción detrás de los hechos oficiales. "Quien lea esto me acusará de poseer una imaginación desmedida -dice el protagonista-, y, en el peor de los casos, de ser un enfermo mental. Quien quiera encontrarme que busque sin embargo bajo la f de ficción, donde rigen otras leyes y otras normas, donde no existen las versiones oficiales". El amour fou no conduce a la felicidad, tampoco la humanidad conduce a la humanidad. Los imponderables superan toda aspiración: una mujer mayor como Mica puede ser parte de ese amor. En la decepción está el sosiego también, y la aceptación de las circunstancias imprevisibles que llegan cada día a la vida de cualquiera. Somos personajes nimios, apenas si nos damos cuenta de algunas ráfagas felices que nos atraviesan. El cuerpo de Mica -"una ciudad bombardeada", para muchos- puede haber estado atravesado por Marek en alguno de esos instantes. O, como dice Grunberg detrás del protagonista, "el amor es una guerra de muchos frentes". Pero nadie es consciente hasta que abandona el campo de batalla.Una coda para esta magnífica novela: la inusual destreza estilística del autor para pasar del humor más corrosivo a la tristeza más apabullante. Sin transición, con la velocidad de la vida misma. Grunberg escribe como si estuviera muerto. O calvo, en su caso es lo mismo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-1359594461071703970?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/1359594461071703970/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=1359594461071703970' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1359594461071703970'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1359594461071703970'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/escribir-como-si-uno-estuviera-calvo.html' title='Escribir como si uno estuviera calvo'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-8762930245268464123</id><published>2008-01-23T07:57:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T08:01:06.390-08:00</updated><title type='text'>Suicidio</title><content type='html'>Mi mejor amigo -el de toda la infancia- se pegó un tiro hace no muchos años en un banco de la plaza Moreno, la más importante de mi ciudad. Fue a la noche, pero cada vez que lo pienso, lo pienso a la nochechita. Y corrijo también tiro y pongo tirito en la cabeza. No es raro: cada vez que pienso en mi mejor amigo, Jorge, escribo noche y tiro en diminutivo. Es que el suicidio es la letra chica del contrato con la vida. Casi nadie lee esa letra, a casi nadie le gusta y son más los que la evitan que los que se enfrentan a ella. Sin embargo, existe. Es letra latente en cualquier caligrafía. Para Camus, el problema central de la Filosofía -el que aún no había resuelto- era precisamente el del suicidio. Sigue siéndolo. Lo remarca en El mito de Sísifo (1942), cuando abre el ensayo diciendo: "No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio". Y es muy perspicaz Diana Cohen Agrest al recordárnoslo en el acápite a Por mano propia (Estudio sobre las prácticas suicidas), recientemente editado por el Fondo de Cultura Económica. Lo que narra el mito: Sísifo hizo enojar a los dioses por su impertinente astucia y fue condenado por éstos a la ceguera y a la eterna tarea de cargar con una roca enorme hasta lo alto de una montaña para luego dejarla caer, descender, y volverla a cargar hasta el fin de los tiempos, sin solución de continuidad. La inversión del mito en el suicida muestra otra cosa: arrojar la roca es liberación. Por decisión propia se desprende de ella para jamás volver a subirla. Fin del castigo. ¿Fin?La trivialización en vulgata emocional del mito nos dice que son los deudos (debitus, en latín, aunque es debido no siempre es querido), los más cercanos afectivamente al suicida, en todo caso, quienes luego de su acción cargarán con el peso de la roca. Una imagen también vulgar nos cuenta que la roca es demasiado pesada porque tiene una materia sólida que la constituye: dudas, conjeturas, versiones, impotencia, culpas, interrogantes. Nunca o casi nunca certezas. Con esos minerales, es incertidumbre lo que arroja la sombra de la roca. Por supuesto, ya no le pertenece al suicida. "¿Por qué tomó esa decisión?", es una pregunta inevitable pero trivial. Impropia o ajena, quiero decir.El libro de Diana Cohen Agrest va siguiendo los contornos de esa sombra en un minucioso repaso histórico que abarca tanto las culturas primitivas -desde los rituales propiciatorios-, hasta las épocas posteriores en que por imperio religioso el acto de quitarse la vida fue primero desacralizado y posteriormente condenado. Sin embargo, como bien señala Cohen Agrest, hay un "enorme vacío historiográfico sobre los actos suicidas. La ausencia de certezas puede atribuirse, fundamentalmente, al hecho de que toda referencia al suicidio refleja las actitudes y prejuicios sociales inherentes a cada época".De las culturas de Oriente que enaltecieron la muerte voluntaria hasta los mandatos de la moral tradicional judeocristiana que imponen que nadie debe atentar contra su propia vida, el ensayo va mostrándonos con palpable objetividad el curso evolutivo del pensamiento en las diferentes sociedades hasta desembocar en cuestiones más recientes y polémicas, derivadas de los avances de la medicalización moderna: eutanasia voluntaria y suicidio asistido. La investigación recorre el discurso religioso, filosófico, cultural, psicoanalítico y médico, pero es por demás pertinente cuando se detiene en la franja etaria de mayor riesgo en la actualidad: niños y adolescentes. También lo hace en los mayores de setenta, otro sector de riesgo.Hay datos del estudio que se desprenden del imaginario social en torno al suicidio que son reveladores. Muchas creencias en torno al suicidio son fundadas. Por ejemplo, que ocupa los primeros puestos entre las causas de mortalidad. Que generalmente es la manifestación de un trastorno mental. Que el alcohol y las drogas incrementan el riesgo de suicidarse. Que los viejos se matan más que los jóvenes. Que la mitad de la gente pensó alguna vez en matarse. Que los hombres se matan más que las mujeres. Que los gays y lesbianas están más en riesgo frente a esta práctica. Que el trabajo y la relación de familia y pareja atenuan la ideación suicida. Que hay familias con clara tendencia al suicidio, etc. Estas aseveraciones surgen de las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud.Pero hay también muchas creencias falsas. Por ejemplo, que se trata de un hábito más arraigado en algunas naciones que en otras. Que el suicidio está necesariamente vinculado a decepciones del amor juvenil. Que el que trató de hacerlo alguna vez ya no volverá a intentarlo. Que la gente se mata más en invierno y de noche que en otras épocas del año o momentos del día. Que la gente se mata con sobredosis de medicamentos, etc.Hay cifras escalofriantes en torno a esta problemática siempre relegada, jamás asumida en su genuina dimensión: según la OMS, cada 40 segundos se produce un suicidio en algún lugar del mundo (la cifra supera el número de víctimas que provocan todas las guerras). La cifra global -en alarmante aumento- es de 877.000 suicidios por año (datos del 2005). En la Argentina se produce un suicidio cada tres horas, y si bien hay entre nosotros un notorio subregistro de datos, se calcula que la diferencia entre los suicidios registrados y los no registrados es del 20% o 25%. Algunas cifras que no incluye el libro pero que conviene recordar, pertenecientes al ámbito local: informes periodísticos recientes establecen que en La Plata, el gran La Plata y poblaciones aledañas se producen 5 suicidios por semana. Los intentos son muchos más y aparecen luego de multiplicar por tres o por cuatro ese número, depende de la época del año.¿Por qué, pese a estos datos fidedignos, el problema no es considerado a escala mundial? La subestimación surge -señala Cohen Agrest- por la enorme carga de prejuicio cultural y religioso que no sólo rechaza sino que fundamentalmente encubre, lo que determina que una gran cantidad de actos consumados se asiente con registro de "muerte accidental", como es el caso de caídas, envenenamientos incidentales, etc. Los "suicidios solapados", así se los llama, son el enigma de las estadísticas. Si bien las cifras son alarmantes y sirven para ubicar el problema en escala poblacional, conviene recordar que detrás de cada suicidio hay una historia particular, única, privada. Diferente de las del resto. Los números e informes no dan cuenta de los dramas en singular. Las sombras que arroja la íntima decisión final son tan intensas como imborrables. El peso en los otros suele ser el castigo mítico de la propia existencia. Recordemos que la condena de Sísifo era para ser cumplida a eternidad.El excelente trabajo emprendido por Diana Cohen Agrest -doctora en Filosofía en la UBA- arroja luz sobre esta roca difícilmente ocultable, pero persistentemente ignorada en el camino de la marcha de la Humanidad. La vida es un don único, preciado y extremadamente valioso y delicado en sus infinitos aspectos, y como tal debe ser valorada y preservada. Cierto. Pero, en el contrato tácito que hacemos con ella al nacer, las cláusulas del suicidio parecen estar dictadas bajo el pulso de la doble condena: no suicidarse, no saber. Prejuicios morales, culturales y religiosos multiplicados por dos. Acercar la lupa a la letra chica es parte de un debate pendiente. Acaso hay un poco de Sísifo en cada uno de nosotros, tanto en la ceguera como en negar la presencia de la roca. Nunca se sabe, nadie está del todo libre de arrojar esa piedra trágica algún día. Menos de volver a cargarla. Frente a la ignorancia, nada hace más a la defensa de la dignidad y de la vida misma que hablar, comunicar y exponer frontalmente el tema. En mi caso muy menor: escribir tiro, noche y mi mejor amigo sin diminutivos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-8762930245268464123?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/8762930245268464123/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=8762930245268464123' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/8762930245268464123'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/8762930245268464123'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/suicidio.html' title='Suicidio'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-2487968611525907930</id><published>2008-01-23T07:49:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T07:50:39.708-08:00</updated><title type='text'>"Dos mujeres estaban sentadas juntas..."</title><content type='html'>Doris Lessing y el feminismo: nombre propio y lugar común comparten el mismo podio en las noticias internacionales que anunciaron el premio Nobel de Literatura. En estos días la función mediática se reparte binariamente. Nos quiere instruir acerca de los intereses de la novelista: Africa y los derechos postergados de las mujeres. Eso, un mismo territorio en el plano de las noticias. Simplifiquemos y redundemos la voz cordial: "Doris Lessing, una permamente abanderada por las causas del feminismo y del postergado continente africano ha sido galardonada..." Yo voy a aplicar otra fórmula, ya que de reduccionismos se trata: "Dos mujeres de cierta edad estaban sentadas..." Así abre uno de los más significativos libros de la novelista nacida en Irán: Martha Quest (Argos-Vergara), el primer volumen de la pentalogía Hijos de la violencia, publicado originalmente en 1964. Ahora trazo un arco y me dirijo a uno de los últimos títulos de la narradora británica, Las abuelas (Ediciones B), y leo: "...dos mujeres estaban sentadas". La misma cláusula, pero no una fórmula. Menos un lugar común. Se trata en todo caso de una expresión de conciencia. Así que entre el feminismo y Africa, yo hablaría también de los derechos emocionales y sentimentales de las mujeres, extendiendo un poco más allá el territorio narrativo de Lessing. Los cuatro relatos que integran Las abuelas, libro que ha pasado casi desapercibido entre nosotros, recorren la alegoría política, la pasión y el erotismo. Es un recorrido que evita sensiblemente el mal gusto del concepto "tercera edad" (eufemismo gerontofascio, si los hay) y que indaga sensiblemente en la piel de la mujer, en su sexualidad y en sus sentimientos. A la edad que sea, no importa. Quien dice lesbianismo obtura cualquier interpretación sensible, inclinando la norma, clasificando islas griegas. Mejor no. Mujeres que pueden asumir su más íntima y plena libertad sexual y emocional, en todo caso. La pregunta: ¿Por qué no se lanzaron antes, mujeres nobles, hermosas y buenas? Es obvio.Hay, sin embargo, una nouvelle en la que Lessing va mucho más allá de todo refrito periodístico. No es un título que llene la boca de la legión divulgadora del Nobel, pero es sin duda uno de los más estremecedores, profundos y sensibles: El quinto hijo. En nuestro país lo editó Emecé. Allí la escritora nacida en la antigua Persia y criada en la ex Rhodesia indaga en el Mal (démosle mayúsculas) como pocos sin duda lo han hecho. Mejor decir: en la raíces del mal, en su diáfana esencia. Hay que leerlo. El quinto hijo de una pareja armoniosa y feliz (la superficialidad del "todo bien" nos es conocida), crece hasta convertirse en un ser maligno, violento. Pocos autores han indagado en los recovecos oscuros de la condición humana como Lessing en este libro.Lo que tampoco dicen los cables es cómo Lessing vivió en Sudáfrica en una granja agrícola en la ex Rhodesia. La tierra que cultivaba con su familia tenía dimensiones africanas, 3.000 acres. La principal cosecha era el maíz (hoy, en ese lugar, hay viñedos y se crían avestruces). De chica asistió muy poco a la escuela local, pero le gustaba elaborar dulces caseros. Faltaba, se rateaba con asiduidad. A los 14 años tuvo el tino de abandonar los estudios para poder educarse. Y leer, su vocación más ferviente. Fue, felizmente, autodidacta. Vivió en Sudáfrica hasta el año 1951, en que se trasladó a Londres. Pocos saben que Lessing dedicó buena parte de su vida a educar niños, los propios y los de otros. Ha realizado muchos tipos de trabajos y es diestra con las manos: sabe coser, es eximia cocinera y mejor jardinera. Siempre ha pensado con nobleza: que mejor mantenerse apartada de los círculos literarios, limitados y fatuos en su estrechez. Las fotos mejores, las de veinte años atrás, la muestran en una pose de invariable y apacible belleza. Imposible no enamorarse de su sabiduría. De sus manos. Los burócratas de Estocolmo se han equivocado este año: eligieron bien. Omisión elogiable: la burla in progress de La buena terrorista (Sudamericana) se les debe haber pasado por alto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-2487968611525907930?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/2487968611525907930/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=2487968611525907930' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2487968611525907930'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2487968611525907930'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/dos-mujeres-estaban-sentadas-juntas.html' title='&quot;Dos mujeres estaban sentadas juntas...&quot;'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-8403747958610498532</id><published>2008-01-23T07:14:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T07:15:40.695-08:00</updated><title type='text'>Sea-Monkeys</title><content type='html'>No debe de existir nada más tierno que el box: los boxeadores suben al ring para que no los lastimen. Es lo que no saben quienes ignoran tanto las reglas de este deporte como el origen de sus púgiles. Una de las primeras lecciones de box la tuve en el legendario Luna Park de Buenos Aires, antes de que se llenara de hielo seco y de equilibristas moscovitas. Un tío me llevaba cada sábado a lo que se llamaban las veladas del Luna y me explicaba, desde el ring side, golpe por golpe: los jabs, cómo debían partir los cruzados, el uno dos y luego el gancho seco, pero, sobre todo, cómo había que caminar la lona. Ese era el secreto, con las plantas de los pies en abanico, jamás en paralelo y, de ser posible, marcando la hora: once y diez, dos menos cinco, según. El otro secreto estaba en el aire, en cuándo había que cambiarlo y cómo. "La gente mira los puños, pero en lo que no se ve está el arte". Como en la escritura.Ví peleas increíbles en aquellos años, pero no recuerdo ni una. Sólo pasajes, momentos dramáticos, de dos sin nombre allí arriba. Guardo sin embargo por aquellas noches de luces y cuadrilátero una nostalgia extraña, indócil, que cada tanto me reta. Es como un animalito pidiendo agua, me digo, pero que rara vez suelto por temor a que me muerda. Alguna vez pensé que momentos perfectos como ésos del Luna deberían ser embalsamados.Las salidas no eran al box, únicamente. Antes de las peleas caminábamos por Corrientes, Florida, Plaza de Mayo y el Bajo. Luego comíamos pizza y, entre corte y corte, mi tío aprovechaba para adoctrinarme. Me inculcaba maravillas de la Revolución Libertadora y de José María Prada y pestes de Perón y del Mono Gatica. Yo lo escuchaba y a todo decía que sí, obediente, pero muy en el fondo pensaba en mi padre.Una tarde, muy temprano, recuerdo que pasamos por Harrods y que mi tío se detuvo deslumbrado: anunciaban en inglés y con grandes promociones la llegada de los Sea-Monkeys, suerte de monos marinos que venían en sobrecitos granulados como si fueran jugo de naranja para disolver. Mi tío me regaló un sobre, pasamos por Las Cuartetas a devorar pizza, y fuimos al Luna.Al otro día, en casa, seguí las instrucciones: diluí el granulado marrón en agua y dejé el preparado en un fuentón, a la intemperie. Lo cubrí. Dos días después el fuentón amaneció poblado de renacuajos que nadaban eléctricamente. A la semana siguiente los renacuajos ya habían abandonado su condición y se parecían, efectivamente, a monitos de ultramar. Siete días más tarde murieron algunos, pero los que quedaron -siete u ocho- empezaron a abrir los ojos. Me miraban con una tristeza tan ferviente que parecían dotados de humanidad. Los llevé a un piletón y empecé a alimentarlos.Los Sea-Monkeys fueron evolucionando según el prospecto: mutaron a monos Tití, con aletas y miembros inferiores estilizados a la manera de ranas. De perfil parecían simios estirados, de frente -en particular por la melancolía irremediable con que miraban- tenían un aire a criaturas recién abortadas.Me pasaba horas contemplándolos, embelesado. Ellos esperaban su comida -gofio, alimento para peces-, y luego se arracimaban en lucha por su bocado. Cada tanto alguno subía a la superficie y lanzaba una gárgara muda, como saludándome. Entre todos había uno que hacía gestos y me escudriñaba con una sagacidad intimidante. Yo lo reconocía porque alzaba su nariz sobre el agua. Tenía los ojos acuosos, celestes.Una tarde los trasladé a la bañera. Estaban crecidos, pedían comodidades. A la noche, cuando mi padre llegó a casa, entró al baño y escuché su grito. Dijo cosas incomprensibles: que eran abominaciones genéticas, que Harrods era una multinacional infame y que si estuviera Perón en el gobierno esas degeneraciones extranjeras no tendrían cabida. Después se las tomó con los curas -nunca supe cómo hizo para vincularlos- y con mi tío: "Ese hombre y toda la parentela junta son gorilas". Pensé, no sé por qué, que lo que tenía en la bañera eran pichones antiperonistas y me sentí mal. Justo yo, su hijo, criándolos.Cuando se calmó me dio media hora para hacerlos desaparecer. No tenía opción: los saqué del baño uno por uno y, como pude, los llevé a la zanja que circundaba la calle de tierra frente a casa. Al último en trasladar fue al inteligente de ojos celestes. Antes de soltarlo ocurrió algo extraño: movió una aleta y parpadeó como despidiéndose. Lo observé petrificado: lloraba. Creo que le dije algo y lo solté. Él chapoteó en el agua marrón y se hundió. Nunca más lo volví a ver.Cuando regresé a casa mi padre me palmeó en el hombro y me dijo que estaba orgulloso de mi actitud. "Esas aberraciones no se crían, que te sirva de lección", dijo. Yo sentí que era peronista, como él. Muchos años después, casi de casualidad y mientras caminaba por los alrededores de donde había estado la tienda Harrods, recordé la anécdota. Mi padre ya estaba muerto, el Sea-Monkey prácticamente borrado de mi memoria, y el peronismo emocional de aquellos años ya había mutado también en otra cosa. El Luna Park lo mismo. Aunque él, mi padre, jamás entendió el box ni el código de desamparo que se esconde detrás de cada trompada. Es como decía mi tío gorila: "Suben al ring para que no los lastimen". Claro que él, de política, tampoco nunca entendió mucho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-8403747958610498532?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/8403747958610498532/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=8403747958610498532' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/8403747958610498532'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/8403747958610498532'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/sea-monkeys.html' title='Sea-Monkeys'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-3499503140727938201</id><published>2008-01-23T07:04:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T07:05:59.508-08:00</updated><title type='text'>Genio y locura, un lugar común</title><content type='html'>Algunas notas para vencer la pavura de la exposición: la primera, el libro de Teresa del Conde por título idéntico: Arte y psique. Las minúsculas son por los ejemplos sintomáticos que prevalecen al abordarse el tema. Cuando no es González Serrano en el libro de Conde (el artista plástico español que iba y volvía del infierno), el espacio común nombra -ya sabemos- Pollock, Van Gogh, Münch, etcétera, etcétera. Entre nosotros cita obligadas son Alejandra Pizarnik, Jacobo Fijman, y más etcéteras. Más lugares comunes, subsiste aún la seductora tendencia a desmontar interpretativamente el proceso artístico y su génesis en vínculo con la enfermedad, como si la actividad sináptica y su disfunción en este caso pudiera explicar la coloratura de una obra musical o por qué Charlie Parker empleó un registro de inarmonías y blancas en tal tema. Otras cosas que fastidian: los intentos reduccionistas de las neurociencias y la psiquiatría para la comprensión del proceso artístico o, mejor dicho, creador. Genio y locura, el maridaje siempre evocado para nombrar el sufrimiento ejemplar del canon artístico.Más ejemplos de la actividad del prejuicio: la "psiquiatría del arte" con su ensayística de ejemplos universales clásicos (aclarar, sumar más nombres). La esquizofrenia en versión vulgata para la expectativa ingenua: locos pero geniales. Otras zonas erróneas en asociación con el clisé: alcoholismo y creación, droga y creatividad. El aura oscura del romanticismo decimonónico persiste, sabe correrse. Pero es poder psiquiátrico que cambia de nombre. En tiempos modernos levanta prepagas en el arte, alentado por creadores funcionales al discurso. ¿Nadie puede brindar una lista de autores geniales en los que la neurosis no pasó de eso: neurosis?. ¿No? Habría que empezar a contar. Es larga la lista. La matemática no es prejuicio. Una analogía del reduccionismo sináptico en pos de explicar lo inefable del hecho artístico: los pueriles intentos del surrealismo para vincularse con el inconsciente a través de la escritura automática. La escritura en código morse: tontería de color. ¿Alguien aceptaría una fundamentación en miligramos para desocultar el sentido oculto de Mr Hyde en relación con el Dr. Jekyll? El de Stevenson no es un relato clínico, y, sin embargo, hay quien lo ha mencionado como tal (aclarar). La terminología de la moderna psiquiatría es insuficiente, pero persiste en sus intentos (dar ejemplos). No está mal, está para eso. Una forclusión para Picasso, algo de disociación para Kafka, marche un brote psicótico para Virginia y una psicosis maníaco depresiva para Sylvia Plath. Los artistas neuróticos no seducen porque los artistas neuróticos no seducen. La convención de la anomalía psíquica alentada por el poder psiquiátrico y su medicalización es más fuerte. Al revés: como una nota aparte para esta charla propongo los siguientes temas: "Mecánica dental y Psique". O "Albañilería y Psique". O, extendiéndonos, "Ingeniería Hidráulica y Psique". ¿"Política y Psique", no? Hay muchos casos, demasiados. "Costura y Psique" sería un tópico personal en mi caso. Una anécdota muy citada: Joyce con su hija Lucía, quien sufría de graves perturbaciones mentales. En un intento desesperado del escritor por estabilizar a Lucía, la impulsa a escribir. Y ella escribe y escribe. Con los textos de Lucía va a visitar a Jung en consulta y se los muestra. Jung los lee y calla. Joyce interviene: "Escribe como yo", dice, en un intento entrañable, paternal y desesperado por parecérsele, por menoscabar o reducir la enfermedad con su escritura fracturada de Bloom. A lo que Jung responde: "Sí, pero allí donde usted nada, ella se ahoga". La pregunta: ¿dónde nadaba Joyce, en qué mar lo hacía? En el mar del lenguaje. Y aquí es, precisamente, donde el prefijo psi cobra pleno sentido, al menos para mí. Porque psi es letra y es, esencialmente, obrador del lenguaje. El lenguaje nos hace, hemos sido construidos por él, somos -como dice Steiner- no hacedores sino siervos del lenguaje. En este sentido, lenguaje y creación, o lenguaje y escritura -prefiero esta categoría menor de producción- a mí me impone un enorme respeto (en términos familiares: madre es lenguaje, padre es escritura). Si he de elegir un prefijo, entonces, es obvio: el psi del psicoanálisis. Escritura y psicoanálisis comparten un mismo mar, un relato parecido, cuando no similar en ocasiones. Siempre me ha parecido que escribir es ir más allá de la tercera rompiente (lo referí hace cosa de 8 o 9 años atrás, aquí mismo, en una charla sobre el mismo tema). Es nadar en mar abierto. Donde no hay referencias o sonidos, donde incluso se pierde la noción cardinal de la costa. La tarea del psicoanálisis, en medida comparativa, es, como bien señaló un crítico, "mantener a flote en el mar del lenguaje a gente que siempre está en riesgo de hundirse". Mi convicción profunda en este psi radica en el hecho de que el psicoanálisis no es sin embargo un salvavidas sino un aprendizaje, un empezar a nadar a partir del lenguaje, del rudimento de la palabra. El lenguaje nos constituye y nos salva. Somos su creación. No únicamente los artistas -esos sintomáticos que sirven de fábula ejemplar a los neuroestudiosos-, sino todos quienes compartimos este mismo mar. No hay diferencias, lo compartimos en la alegría, la desesperación, la angustia, la ansiedad o los afectos profundos que nos animan a perseverar, a continuar braceando. Otra nota: la mitificación de la enfermedad en función del arte. Deplorable, encima sin clínica, alentados todos estos textos sobre cuasi biografías (todas las biografías son cuasi). Añadir algo así: "torpes aprendizajes de esa falta básica que es la vida". ¿Formas vulgares de la eternidad? (corregir esto último). Hay demasiadas, no son patrimonio del arte. Sí, por supuesto, a veces aparecen resultados bajo la forma artística; a veces -bajo otras formas- esos resultados son tan extrañamente bellos y desapercibidos que ni siquiera los consideramos, ni siquiera nos animamos a acortar distancias y mirarlos de cerca. Como le pasaba a Psique, que en la mitología griega era una diosa tan atrozmente hermosa, si es que cabe el oxímoron, que ningún hombre se le animaba. Todos la deseaban, pero nadie se acercaba a ella. Luego, Psique (alma) fue sintiendo voces, primero unas cuantas, luego otra. No era locura, era Amor quien le susurraba en pos de una reparación (ver lo del mito en Grimal, ajustar). Una coda: no es artística la enfermedad. Artistas enfermos, sí. Lo mismo que ingenieros, albañiles o costureras.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-3499503140727938201?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/3499503140727938201/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=3499503140727938201' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3499503140727938201'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3499503140727938201'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/genio-y-locura-un-lugar-comn.html' title='Genio y locura, un lugar común'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-3305313741051652149</id><published>2008-01-23T06:53:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T06:55:39.705-08:00</updated><title type='text'>¿A quién se parece Adolfito?</title><content type='html'>La ultima novela del recientemente fallecido Norman Mailer, El castillo en el bosque (Anagrama), abre un interrogante sobre la esencia del Mal en la persona de Adolf Hitler. El libro toma los primeros años del jerarca nazi, desde su nacimiento hasta los dieciseis (cuando pintaba, leía e intentaba tocar el piano), pero en la visión del novelista este joven algo desagradable y ordinario ya ha sido inoculado. El Mal ha anidado en él. Incluso antes de haber nacido. ¿Cómo es eso? El demonio escoge y toma posesión. El Mal contra el Bien. El bebé de pecho que es Hitler, en no muchos años más regurgitará sangre de millones de judíos. Tiene padre (Alois) y madre (Klara) en un turbio árbol genealógico, pero su verdadero Pater es El Maestro. A él se le parece. Curiosa (o no tanto) la perspectiva teológica que asume Mailer en este libro que iba a formar parte de un proyecto mayor: Hitler hasta su muerte. "Ante la magnitud del genocidio y la destrucción de la que fue responsable el Hitler histórico, la comprensión humana retrocede impávida. Sin embargo, y de igual modo, nuestra comprensión queda sumida en la perplejidad cuando Mailer nos dice que Hitler fue responsable del Tercer Reich sólo en un sentido mediato, que en última instancia la responsabilidad recae en un ser absoluto y maligno que en la novela se nombra como El Maestro", comentó recientemente Coetzee en alusión al libro del norteamericano. ¿Simplificación del Mal? "La lección que nos enseña Adolf Eichmann —escribió Hannah Arendt en la conclusión de Eichmann en Jerusalén: Un estudio sobre la banalidad del mal— es la de la temible banalidad del mal, que desafía a la palabra y el pensamiento". Arendt la acuñó en 1963, y desde entonces el enunciado adquirió categoría propia. En el pasado Mailer manifestó una y otra vez sus sospechas en relación con la llamada "banalidad del mal". Y generó su réplica: "En su condición de liberal secular -dijo Mailer-, Arendt se muestra ciega a la fuerza del Mal en el universo. Pensar que el Mal es banal es dar muestras de una prodigiosa pobreza de imaginación". El Premio Nobel J.M.Coetzee recordó tanto esta discusión como la que algunos años antes, en 1946, la misma Arendt mantuvo epistolarmente con Karl Jaspers a raíz de tema vinculado. En ese entonces Arendt disentía con el filósofo y psiquiatra alemán por el uso de la palabra "criminal" que éste hacía refiriéndose a los nazis. "En comparación con la mera culpabilidad criminal -le escribió a Jaspers-, la culpa de Hitler y sus cómplices excede y frustra todos y cada uno de los sistemas legales". Jaspers se defendió: "Si se sostiene que Hitler fue más que un criminal -dijo-, se corre el riesgo de atribuirle la misma grandeza satánica a la que él aspiraba". Años más tarde, cuando escribió el libro sobre Eichmann, Arendt revalidó sus conceptos: aunque atroces, ninguno de los actos del nazismo reveló jamás ningún pensamiento profundo, ninguna inteligencia. La trivialidad del Mal, no obstante y por ello mismo, resulta abominable en la visión de la pensadora. La lectura que hace Coetzee puede zanjar algunas diferencias: "Más allá de la superficie -ha señalado a propósito de El castillo en el bosque-, se advierte que Mailer está en lucha con la misma paradoja que Arendt. Al invocar lo sobrenatural, puede dar la impresión de que las fuerzas que animaban a Adolf Hitler eran más que simplemente criminales". Más allá de reduccionismos o de enunciados absolutos, es probable que tanto Mailer como Arendt hayan tenido parte de la razón, lo mismo que Jaspers y que el propio Coetzee. La psicopatología del Mal, con toda la complejidad y trivialidad que entraña, acaso no rechace ninguno de estos dos conceptos, sino probablemente los asimile. ¿No será acaso que tanto lo trivial como lo complejo quizá actúen en mutua convivencia y connivencia, como una sola manifestación? ¿Y no será ésta también su intrínseca patología? Luego, ¿por qué lo banal debe renegar de otros atributos y condiciones, o al revés? Semanas atrás, Jonathan Littell, el neoyorquino hoy radicado en Barcelona y autor de la premiada Les Bienveillantes (Las Benévolas, RBA editores), señaló en una entrevista efectuada en España que "la cultura no nos salva de las peores atrocidades, la Historia lo ha probado". Recordé las palabras de Littell a propósito del último libro de Mailer y, como una coincidencia cercana y vinculante, días pasados leí un muy valioso texto sobre "Stalin en la biblioteca" en el blog Mosca Cojonera. Aquí el autor nos brinda rigurosas y convincentes razones para despejar lugares comunes en torno a la "vulgaridad" de los máximos jerarcas del nazismo, el fascismo y el estalinismo, así como de su presunta falta de formación. Redireccionando la afirmación de Littell: ¿Los salvó a ellos la cultura? ¿Los libró del Mal? Mosca Cojonera ofrece datos y pormenorizada investigación como para reflexionar en torno al tema, sin prejuicios ni lugares comunes. Vale la pena hacerlo &lt;a href="http://fliegecojonera.blogspot.com/"&gt;acá&lt;/a&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-3305313741051652149?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/3305313741051652149/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=3305313741051652149' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3305313741051652149'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3305313741051652149'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/quin-se-parece-adolfito.html' title='¿A quién se parece Adolfito?'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-7966264196532596376</id><published>2008-01-23T06:39:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T06:41:06.654-08:00</updated><title type='text'>Los chicos que se me aparecieron</title><content type='html'>Lo primero que sentí al ver la versión fílmica de Los chicos desaparecen fue rareza. Luego, extrañamiento. Aquellas imágenes surgidas de la imposición íntima del acto de escritura ya no estaban. Se habían ido. En su lugar habían aparecido otras. Diferentes, ajenas de una ajenidad sin embargo conocida. ¿Quién era ese personaje que se desplazaba en silla de ruedas intentando bajar tiempos desde una rampa con un cronómetro al cuello? Lo conocía, me era familiar, pero desde aquél lanzado por el lenguaje del libro a éste que descendía a través de la imagen, algo había cambiado. No digo mucho, algo: gestos, una mueca antes desapercibida, la manera aviesa de mirar desde la pantalla. En el cine hay una profundidad de campo de la imagen dada por la lente, en la escritura la profundidad de campo es patrimonio del lector. La profundidad de campo de la lectura no surge de una capacidad técnica sino imaginativa. Son distintas, ni mejor una ni peor otra, distintas. Aunque en el cine hay una profundidad de campo que también es patrimonio del espectador, ésta surge inevitablemente de la imagen que define un plano. Son las leyes. Las imágenes que se definen a partir del contexto del lenguaje son, bien se sabe, acaso más elusivas, ambigüas y hasta equívocas. Digo acaso porque tanto la psicología del espectador como la del lector ocupan un terreno difuso, objeto de discusión. Como sea, debo aclarar que siempre he tenido una relación polémica con el cine, afectiva. Y cada vez que me siento a mirar una película tengo la pésima costumbre de no detenerme tanto en las imágenes como en la historia. La verdad: me pongo a leer argumentos. Es una tara imperdonable, lo sé. Con Los chicos desaparecen versión cine me pasó algo infrecuente. Me detuve en las imágenes, perdí de vista la narración para fijar la atención en los encuadres, en esos recortes elegidos por el director. Creo que porque a esas imágenes distintas pero vagamente conocidas quería identificarlas, fijarlas, y hasta en algún sentido apropiármelas o que volvieran a mí. ¿Eran mías esas imágenes? Inconscientemente sentía que el cine le había robado el alma a mi libro y que, como el buen salvaje frente al daguerrotipo, mi lugar estático en la butaca lo ocupaba ahora un autor desalmado, no yo. La íntima extrañeza fue seguir las acciones de esos personajes desatados ya de toda pertenencia. Hablaban y remarcaban cosas lejanamente sabidas, pero como formuladas desde otra voz o en sordina. La película actualizaba formas de un pasado en tópico presente de disociación: el otro que era yo miraba la película de su libro que ya no era mío. En algún pasaje de la proyección alguien, desde atrás, me tocó en el hombro y me preguntó en un susurro, como afirmando: "Eso está en el libro, ¿no?". Dudé. Dije: "Creo que sí". Y, en verdad, no estaba seguro. ¿Cómo saberlo? En ese preciso instante caí en la cuenta de que de las casi mil personas que atestaban la sala del cine Rocha habría también mil versiones diferentes de lo que estaban viendo. Fue lo que me tranquilizó, lo que me hizo un espectador más, sin prejuicios ni falsas concesiones a la autoridad intelectual, en la que no creo demasiado. A partir de allí pude disfrutar, pero ya había pasado casi una hora de proyección. Hoy me digo que debería verla nuevamente, despojado de toda manía de identificación y un poco más almado. Como sea, fue raro reconocerse desligado de todo principio de autoridad. Sin dueño o tutor, al terminar, tuve que admitir que la fidelidad del film al libro era casi absoluta, por no decir rotunda. Eso lo percibí. Percibí también que durante esa hora y pico en la sala dos personas habíamos estado participando en una carrera de postas y que, sin quererlo, muy secreta y desapercibidamente, en medio de la oscuridad nos habíamos encontrado para un acuerdo tácito: yo le pasaba la trama de una historia que ya no me pertenecía y él la hacía suya para proseguir la carrera con mucho más aire y vigor. Así lo hicimos, con la complicidad del resto. Al marcharme, más de uno me dijo que quería leer el libro. Lo tomé como lo que era: un elogio a Marcos Rodríguez, el realizador.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-7966264196532596376?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/7966264196532596376/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=7966264196532596376' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/7966264196532596376'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/7966264196532596376'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/los-chicos-que-se-me-aparecieron.html' title='Los chicos que se me aparecieron'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-6313500959889951344</id><published>2008-01-23T06:28:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T06:29:46.084-08:00</updated><title type='text'>For sale</title><content type='html'>En el backstage de un unitario y en dos o tres spots alertaban acerca del grooming en la web. "Empieza por el chat -decía una voz en off-, prosigue más allá de la web y hasta puede tener un final hard que nadie desea". El aviso aludía a la pedofilia. Las tandas que vinieron a continuación anunciaban strappless, soin complets contra las estrías, models must, chistes freaks para bubbles gums, gym, designs basic y casual para el verano, light food, set de compras y, ya en horario after office, development para inversores en countries. Luego los comerciales amontonaban paseos de compras con vidrieras for sale y personal trainers femeninas que transpiraban la skin care más vitamínica del mundo en super lofts. "For investors", repetía el anuncio que se movía al pie de la pantalla. Si uno abre un diario el panorama no varía: underwear, managment, step by step en calzados, lounge, living colors, make ups, deco news. Ya nadie va de compras sino de shopping y nadie anda en bici sino en bike.En cualquier profesión, rubro o actividad el idioma inglés asume cada vez más la ponderación del consumo como regla y escala social. Se anuncia en inglés, se consume en inglés y se piensa en inglés. Los productos deben tener marketing, es necesario el merchandising pero, finalmente, todo cierra con un buen packaging. Con el idioma -packaging de conductas- ocurre otro tanto. Hoy la life style impone que no sea lo mismo estar cerca que close ni bajoneado que down. Tampoco es igual un lobbie de resort que la entrada de un hotel, ni mucho menos un paper que un informe. En las oficinas públicas florecen los mailings sumados a la data vip con presentaciones de programas power point. Nadie usa archivos, todos tienen files, vínculos free y hasta las modelitos multiple choice andan con su book a cuestas. La chapucería idiomática reconoce sus rubros: en las consultorías laborales se exige profile en engineering, trainer programs y managment expert. También outplacement, y por supuesto coaching. Para las inmobiliarias hay que recurrir al sistema leasing, factoring, y, por cierto, para qué cerrar al contado si existe cash. Alquilar no va, for rent es mejor.Los ejemplos son tantos que resulta pueril intentar condensarlos en una sola nota, sin script imposible. Por supuesto, detrás de cada vocablo hay una intencionalidad y ni aun el progresismo más progre logra escapar al embate lingüístico, sobre todo en el terreno cultural, que es donde los modismos adquieren categoría top y donde la permeabilidad es más rápida. Asistir a una performance es un aspecto menor del síntoma, en el background de muchos discursos prevalecen otras voces, otros ámbitos. Las voces cool son decenas, centenas, el lector está en mejores condiciones de engrosar la lista. Anoto unas pocas más antes de que escapen: "¿Quiere un brownie con el café?". A la entrada de un obrador en ruta 2, se lee: "Trucks únicamente". Pero antes está el drugstore y el dinner. El chico al que la madre acaba de reprender, contesta: "Tranqui, motherfucker, don´t worry". La mujer sonríe halagada. Se terminaron las colas en los cines, ahora pasan trailers. Los comentarios son off the record y las ensaladas llevan dressing, nunca aceite y vinagre. Para cambiar el del auto hay que recurrir a un center oil. En la casa de venta de ropa de trabajo y de campo, se aclara: "Joggins, size 34 al 46". Las sábanas quedan más blancas en el laundry que en la lavandería y un bebé en el kinder es otra cosa. Outlet, outlet, repiten las vidrieras.Son demasiados los intercambios. Tantos que no entrarían en el Diccionaro del Argentino Exquisito de Bioy, ni, mucho menos, en El manual de zonceras criollas de Arturo Jauretche. Tampoco uno tiene la certeza de que tengan que anotarse allí. Tengo mis dudas ¿Tilinguerías de los hablantes? Italo Calvino a los manierismos de la lengua los ubicaba en el antilenguaje, así lo llamaba él. No lo soportaba. Pero hemos de ser amplios, cautos: el lenguaje cambia, muta, nunca es el mismo. No tiene por qué serlo, puede travestirse, de hecho lo hace. Del cocoliche a la globalización, sobran ejemplos. ¿Un bastión idiomático? No lo hay. Ni siquiera en los pibes chorros. La cultura villera guarda sus códigos, amigo, pero allí donde se pronuncia, se modifica. Rescatate, fierita, que por ahora paco es paco y un covani un covani. Por ahora. Menos neuronas aseguran en el salad bar, ante la wine option. Puede ser, pero ¿alguien contó las propias?. Martín Palermo está en el count down todos los domingos y el lenguaje ejerce sus violencias, nadie está libre. Quienes arremeten contra la influencia del inglés en el uso cotidiano tienen argumentos de sobra. Quienes lo defienden, también. No es privativo de los argentinos o de los hispanohablantes.En Estados Unidos hay un debate similar: el castellano avanza y hace "estragos", según los analistas más conservadores. Ya es la lengua de la primera minoría de los hablantes en todo el territorio. Como dijo un alcalde del Sur, arriando votos para su molino: "Seamos permitivos, el spanish es un linda idioma". La diferencia estriba en que allá es la comunidad hispanoparlante la que empuja la modalidad; aquí, la hegemonía de una cultura cimentada en grupos de poder. No es lo mismo. En los mapas lingüísticos esa sutil diferencia no aparece. Mientras tanto, para manejarse sin diccionario por la calle por ahora lo único que hay que recordar es que un loser es un perdedor y un looser una persona que utiliza anglicismos o palabras extranjeras para comunicarse en su propio idioma. Aunque uno esté repodrido y, no way, parezcan la misma cosa.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-6313500959889951344?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/6313500959889951344/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=6313500959889951344' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/6313500959889951344'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/6313500959889951344'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/for-sale.html' title='For sale'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-95601919854306194</id><published>2008-01-23T05:03:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T05:04:56.279-08:00</updated><title type='text'>Una cola de Donoso</title><content type='html'>Cuando la lagartija se siente acorralada y en peligro de muerte, se desprende de su cola. Ésta queda saltando y moviéndose sola durante varios segundos, por lo que el depredador se lanza sobre ella y la lagartija logra escapar. En pocos días tendrá nueva cola y nuevo señuelo para enfrentar los peligros. Es lo que hace Armando Muñoz-Roa, el protagonista de esta novela que Donoso (1924-1996) escribió a comienzos de los setenta y luego abandonó definitivamente hasta que su hija Pilar la halló entre los escritos que el chileno años antes había vendido a la Universidad de Princeton, en EE.UU., donde dictaba clases. Muñoz-Roa es pintor fundacional del movimiento informalista y él también se automutila, excluyéndose y refugiándose del arte y de las nefastas consecuencias del éxito en su departamento de Barcelona para recordar y hacer un balance de su vida. El objeto más nítido de su memoria está en el pueblo de Dors, donde años atrás, en el comienzo de su carrera, inició su clausura y fuga del mundo artístico con Luisa, su prima y amante. El vínculo entre ambos fue breve pero intenso, y se desmoronó con estas palabras de la joven: "Todo esto es falso, todo lo que te he exigido para quererte es falso, postizo, no pertenece a tu esencia, te lo he fabricado y exigido yo...No resulta (...) y cuando se trata de una fama improvisada del hombre con que estoy, es un poder falso, tu fama es falsa, así como no es falso tu talento. Pero tu talento me interesa y no me produce amor".Puesto a recordar, Muñoz-Roa relata el viaje de Barcelona en dirección a Tarragona con Luisa, la visión decadente de los pueblos costeros de la costa catalana por obra del creciente turismo y la sensación de pérdida irreparable que ambos sienten frente al avance de la modernidad. "Esta afrenta comercial del gusto más vulgar al paisaje, a lo natural, y que los nativos creen que era progreso, bueno, era asqueroso, simplemente repugnante", dice. Escapan del camino costero y llegan al pueblo perdido de Dors, alejado de las hordas malolientes de bronceador, entre las montañas, donde Muñoz-Roa imagina ha de hallarse con la verdadera identidad del país. "Dors me hizo creer que me encontraba por primera vez ante la posibilidad de una vida total". El espejismo no tardará en esfumarse y el poblado -apartado y tradicional- también mostrará su vulnerable costado inmobiliario ante los emprendimientos edilicios y comerciales que están a punto de sitiarlo.Lagartija sin cola es una novela de melancolía creciente, una visión amarga y poco optimista de la España que pocos años más tarde, en los ochenta, se abriría con inusitado vigor económico al resto de Europa y al mundo. La parábola sobre la desvalorización del arte en el caso de Muñoz-Roa corre paralela a la mirada política de una España a punto de perder sus valores. Pero los valores de la España tradicional y replegada sobre sí, debe recordarse, ya conocían el impacto turístico en años previos, pues fue Franco quien comenzó a cimentar la economía de su régimen sobre las regalías que producían en el país los visitantes extranjeros. Inevitablemente, la mercantilización también toca al arte. La negativa del informalista Muñoz-Roa a plegarse a los cambios lo llevan a decir: "(...) si yo hubiera seguido pintando, pero no quise, preferí no hacerlo, y me suicidé: asco, asco, yo no estaba para producir para gente rica, para millonarios, yo era pintor, sí, era pintor, creaba cuadros, producía obras de arte, no materia prima para mantener en movimiento las grandes maquinarias burguesas y filisteas de las galerías, los marchantes, las exposiciones, los vernisagges, los aficionados, los coleccionistas, los decoradores, toda esa raza inferior, los chupasangre que terminaron por prostituir y liquidar a aquellos que fueron pintores..."¿Por qué Donoso dejó esta cola de novela sin terminar y hoy aparece brincando y moviéndose editorialmente como señuelo para lectores y críticos? No se sabe. La comenzó en el pueblo catalán de Calaceite, donde residía, en 1973, y la abandonó sin mayores explicaciones. El investigador y ensayista peruano Julio Ortega hizo una revisión del manuscrito, en particular de la prosodia -como señala- a fin de "aliviar reiteraciones o tropiezos y facilitar su extraordinaria fluidez", y ahora ha sido comercializada -valga la paradoja temática- bajo el sello Alfaguara. Aunque en su morosidad y encabalgamiento de las frases es un Donoso genuino, es casi seguro que al libro el autor de El obsceno pájaro de la noche y Coronación lo hubiera recortado un poco más. Casi, no seguro. Pese a la diestra mirada de Ortega, hay iteraciones, y aunque en los años apuntados el registro narrativo del chileno poseía algunos tics narrativos del setentismo, los hilos que quedaron sin anudar de esta historia se advierten. Argumentalmente no parece muy arriesgado suponer que la fábula de esta lagartija encuentre su mejor versión en El jardín de al lado, novela posterior y una de las más acabadas y mejor estructuradas del chileno. Con todo, las obsesiones donosianas subyacen y se materializan. Para quienes estimamos la obra de este Henry James de la literatura latinoamericana la aparición de este inédito es un acontecimiento, para las generaciones más jóvenes o quienes nunca accedieron a los fantásticos dominios de su prosa puede ser un señuelo, logrado, sí, pero señuelo al fin y no presa vital. Esperar antes de morder. Se sabe que donde mejor se reproducen las lagartijas es entre los papeles de un escritor muerto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-95601919854306194?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/95601919854306194/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=95601919854306194' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/95601919854306194'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/95601919854306194'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/una-cola-de-donoso.html' title='Una cola de Donoso'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-4369537253965029549</id><published>2008-01-23T04:02:00.000-08:00</published><updated>2008-01-23T04:04:25.341-08:00</updated><title type='text'>Bobby Fischer no tomaba Coca-Cola</title><content type='html'>Murió en Islandia, whem I'm sixty four, rodeado de años de oscuridad y prejuicio. Para él fueron sin embargo años luminosos: se quedó en la tierra que más amaba, la de la naturaleza abierta, salvaje en buena medida. Bobby Fischer fue un caso extraño. La CIA y el FBI emplearon sus archivos para recordarle sus raíces alemanas por parte de padre, Gherard Fischer, un físico que en 1945 se refugió en Estados Unidos y que muy pronto abandonó a su familia. La madre de Bobby era enfermera judía, pero se había criado en Suiza, y su apellido era Wender. Con esos elementos se construyó el presunto antisemitismo de Bobby. Con eso y con su jamás superado odio natural al padre. Claro que las agencias de información yanquis trabajaron ayudadas por los problemas de personalidad de Fischer. ¿Si era paranoico? No, no lo era. Padecía sí de psicosis cicloidea y de sindrome narcisista, trastornos que en ocasiones mantenía bajo tratamiento y en ocasiones abandonaba. La conducta intempestiva de Bobby, su extravagancia y genialidad hicieron el resto. Bobby Fischer estuvo cuatro o cinco veces en la Argentina y dos veces en mi ciudad, La Plata. En la partida previa que lo llevaría luego a enfrentarse y vencer al campeón soviético Boris Spassky, se enfrentó al armenio Tigran Petrossian en la sala Martín Coronado del Teatro General San Martín, en Buenos Aires. Eso fue a comienzos del setenta. Poco después llegó a La Plata y jugó simultáneas en la sede del Club Estudiantes, sobre la calle 53. Acompañé junto a la mesa a uno de sus ocasionales contendientes, Horacio Cristóbal, promesa de los tableros locales con quien en aquel entonces jugábamos partidas en el Club de Ajedrez de La Plata, en 54 y 6. Bobby llegó sonriente, como una verdadera estrella. Tenía un saco oscuro y una corbata roja, de nudo pequeño. Duramos apenas minutos, la apertura con el caballo de Horacio no contuvo la arremetida en la cuarta o quinta vuelta de Bobby con peón y dama. Cómo olvidarlo. Lo despidió estrechándole la mano y con una frase alentadora, en inglés. Yo intenté saludarlo, a espaldas de Horacio, pero él siguió raudo en la línea de mesas, derrotando contendientes. Luego, a la noche, asistió a un agasajo en el Club. Un año después se coronaba campeón mundial, venciendo al cabo de 21 partidas a Boris Spassky, en Reykjavik, precisamente. Surgía un héroe de la guerra fría, destronando la hegemonía rusa de casi 25 años. Pero Fischer muy pronto pondría todo su empeño para salir del lugar que se le había asignado. Era inclasificable, como genial e imprevisible su modo de mover las fichas.¿Dónde estaba el arte de Fischer? En la línea de peones, aparentemente la más vulnerable pero que él hacía la más ofensiva. En 1975 debía revalidar su título con el ruso Anatoly Karpov, y se negó. La Federación Internacional de Ajedrez lo despojó del título por "incomparecencia". El 2 de abril de ese año el título mundial volvía a manos de los soviéticos. Su actitud cayó muy mal en el gobierno estadounidense. Las internas de la negativa de Fischer: él insistía que el título debía recaer en quien ganara diez partidas, no contando las tablas, pero en tiempo limitado para que los enfrentamientos no se prolongaran indefinidamente. La segunda exigencia: si ambos competidores obtenían nueve victorias cada uno, el título quedaría en sus manos, por ser el campeón. Lo insólito: la Federación Internacional acepta sus condiciones de diez victorias proponiendo un máximo de 36 partidas. Sobre la segunda exigencia no se expide. Pero al contestar por telegrama a la Federación, Bobby escribe: "He sido informado de que mis propuestas han sido rechazadas, por lo que renuncio a mi título de campeón mundial". No fue un desplante ni, mucho menos, temor a perder el título. Las explicaciones son médicas, de orden psiquiátrico. Los años subsiguientes comienza la versión negra del mito Fischer, sustentada en parte por sus pozos depresivos, su ansiedad, pero fundamentalmente por sus períodos maníacos, los que en ocasiones lo llevaban a la irritabilidad y a encerrarse durante días, cuando no a las declaraciones polémicas y estruendosas. Los expedientes Fischer que guardaban las autoridades de la seguridad nacional norteamericana, crecían. Llegó el momento de la devolución. Fue en 1992, cuando Bobby viajó a Yugoslavia para realizar un partido homenaje con Spassky, conmemorando los veinte años de la conquista del título. Le ganó nuevamente al ruso. Respuesta del gobierno norteamericano: lo consideró traidor a la patria y tanto el FBI como la CIA lo encuadraron legalmente como fugitivo. Belgrado en ese entonces estaba bloqueada. ¿El viaje de Fischer a Yugoslavia fue simplemente un desplante? Para nada. Fue una devolución de gentilezas. La personalidad de Fischer se definía por dos cosas: memoria primero, luego innovar.Hay un episodio que las agencias periodísticas no han recordado a la hora de la muerte de este genio. Cuando estaba a punto de vencer a Spassky en 1972, y a un paso de proclamarse campeón mundial, detuvo una partida por el mismo motivo que esgrimiría tres años después: "no se cumple con mi contrato", dijo. El notable Miguel Angel Quinteros, Gran Maestro argentino de ajedrez, estaba con él en esa oportunidad y en estos días recordó que "Bobby recibió las llamadas de Henry Kissinger y hasta de Richard Nixon, quienes le pedían que continuara jugando". Bobby lo hizo y ganó. Poco tiempo antes, el desplante lo había tenido con la Coca-Cola, negándose a participar en un comercial porque, según afirmó: "Yo no tomo esa bebida, no me gusta, y menos voy a promocionar algo que no consumo". Actitud que la empresa jamás le perdonó. Miguel Angel Quinteros recordó una anécdota referida a ese incidente: "No podía hacerlo, cómo podría si yo nunca miento, Miguel Angel". Cierto: Fischer jamás se adaptó al establishment. El otro hecho significativo que bien podría explicar el "desplante" de Fischer viajando a Yugoslavia lo recordó también el Maestro Quinteros: "Luego de vencer a Spassky, las autoridades del gobierno estadounidense se negaron a invitarlo como campeón, pero desde la Casa Blanca llevaron a la gimnasta Nadia Comaneci de Rumania, país que en ese momento era el símbolo del comunisno, y nunca lo llamaron a él. Fue una gran desilusión para un hombre que había vencido a toda la escuela rusa del ajedrez". Casi año y medio le duró la depresión. En el año 2005, obtuvo la ciudadanía de Islandia como un modo de no ser deportado a Estados Unidos, donde aún pesaba la burda acusación de "traidor".Las últimas fotos lo muestran prematuramente envejecido. La enfermedad que nadie buscó entender siempre estuvo en él, moviendo piezas. ¿Le costaba demasiado admitirla? Quizá. O no, cuestión de estrategia. El más recóndito secreto del ajedrez es imperial. Lo concreto. Bobby Fischer fue el más grande: no tomaba Coca-Cola. Jaque al rey.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-4369537253965029549?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/4369537253965029549/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=4369537253965029549' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/4369537253965029549'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/4369537253965029549'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2008/01/bobby-fischer-no-tomaba-coca-cola.html' title='Bobby Fischer no tomaba Coca-Cola'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-7708498376524906390</id><published>2007-08-07T11:23:00.000-07:00</published><updated>2007-08-07T11:25:26.071-07:00</updated><title type='text'>Espera la primavera, John Fante</title><content type='html'>&lt;p&gt;Por Juan Terranova&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Si hoy los lectores del español podemos acceder a la obra de John Fante, esto se debe a, en primer lugar, la insistencia con que Charles Bukowski lo citó como su referente ineludible y, en una segunda pero no menor instancia, al oído comercial de Jorge Herralde, mítico editor del sello catalán Anagrama. Bukowski y Fante fueron, de hecho, contemporáneos y afines en muchos sentidos. Uno murió en 1994, el otro en 1983, y ambos pasaron sus vidas en la Costa Oeste. Insistir en sus coincidencias es, entonces, ir con el viento. Por otra parte, la diferencia sustancial de sus mundos narrativos es menos frecuentada.&lt;br /&gt;Si bien ambos contaron su propia existencia con o sin alter egos, narraron historias simples y potentes, y son paradigma de la fusión de vida y arte en la desgracia, mientras Bukowski había nacido en Alemania y fue rápidamente emigrado por sus padres a los Estados Unidos, Fante era hijo de italianos. En él, la religión católica persiste como una duda –¿existe Dios?– y es estigma de una minoría en una nación protestante. En Bukowski, todo se funde en un único rechazo capitalista que destroza a los que no quieren o no pueden integrarse. De allí que Fante narre los cimientos agrietados de un mundo en descomposición, mientras Bukowski vuelve una y otra vez a las escandalosas hilachas de la descomposición.&lt;br /&gt;Italoamericano. Al oeste de Roma, compuesta por la novela breve Mi perro idiota y el cuento largo La orgía, es un claro ejemplo de esta diferencia. San Jenaro, el patrón de Nápoles, aparece, por caso, en las dos historias tanto o más que la ciudad eterna. En Mi perro idiota, Roma resuena en la cabeza de Henry Molise –al igual que Fante, un escritor y guionista con problemas de inserción– como una fantasía erótica lejana que no se extingue. El fracaso profesional es llevadero con la ayuda del gobierno: “(...) directores huraños y agresivos, actores de carácter impecablemente trajeados, todos avanzando en las tres colas entre ingenieros electrónicos, agricultores y científicos deseosos de contar que habían participado en el proyecto Apolo”. Pero la familia, parada en la bisagra generacional de los años 70, es algo que el protagonista no termina de entender. Por un lado, cambiaría a sus cuatro hijos por “un Porsche nuevo, incluso por un MG TC”; por otro, cuando finalmente abandonan la casa californiana de Point Dume, su vida se vuelve vacía y sólo la relación con un perro vagabundo bautizado Idiota parece fondearlo en el mundo. Lejos de los solitarios y ácidos borrachos de Bukowski o Carver, entonces, la familia disfuncional de Mi perro idiota está más cerca de los gregarios borrachines de Cheever.&lt;br /&gt;Por su parte, La orgía es un crudo relato de iniciación. El narrador tiene diez años, su padre es albañil y trabaja con otro italiano que es ateo. Un día heredan una mina de oro. Su madre odia al ateo y la mina de oro resulta ser la excusa de algo mucho más complejo que la promesa de una vida mejor. Esta vez, Fante describe la clase trabajadora en forma directa, sin la sombra de la lucha de clases, y arma un fino retrato de los años 20 donde el trabajo manual era la sal de la vida y el revés de la trama incluía borracheras condimentadas con el despunte de alguna perversión menor. Y entre el hormigón y los ladrillos, el interlocutor es el Dios cristiano que pone pruebas y acepta desafíos. La practicidad residual católica aparece todo el tiempo: “Alguien habrá ahí arriba con ganas de echar una mano a vuestro padre”, dice el albañil cuando piden que recen por el oro.&lt;br /&gt;Tetralogía. Si Bukowski tuvo a su Henry Chinaski, cartero, apostador y, por supuesto, guionista de cine, Fante confeccionó, en Arturo Bandini, su reflejo biográfico que había llegado a California desde los Abruzos y odiaba la nieve. La saga de sus novelas incluye Pregúntale al polvo, Camino a Los Angeles, Sueños de Bunker Hill y Espera la primavera, Bandini, un título con música italiana. En la Argentina, el platense Gabriel Bañez fue uno de los pocos escritores que entendieron a Bandini y en darse cuenta de que Fante no sólo resistía la traducción al español sino que se enriquecía con los equívocos del traslado, porque su esencia estaba en otra parte y no en los remilgos del lenguaje.&lt;br /&gt;No sería difícil recorrer el rosario de los escritores y poetas de la Costa Oeste que recibieron su influencia y terminaron por aceptar el mote de “realismo sucio”. Pero ¿quién fue John Fante? ¿Por qué su obra merecería ser leída hoy? Su virtud principal fue la austeridad y la capacidad innegable para retratar la vitalidad de los marginados sin caer en miserabilismos excesivos. Un día se cuenta en una página. Un encuentro amoroso en dos. Una discusión, en media. No hay más información y no se necesita más. En junio de 1979, Bukowski escribió un sentido prólogo a Pregúntale al polvo. Ahí decía que Fante hacía que las palabras fluyeran y que, lejos de la tramposa prestidigitación de los que escriben sin tener nada que decir, mezclaba el humor y el sufrimiento con una sencillez soberbia. No se equivocaba.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-7708498376524906390?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/7708498376524906390/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=7708498376524906390' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/7708498376524906390'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/7708498376524906390'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/08/espera-la-primavera-john-fante.html' title='Espera la primavera, John Fante'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-2422710770969147287</id><published>2007-06-04T07:37:00.000-07:00</published><updated>2007-06-04T07:49:35.253-07:00</updated><title type='text'>El país de novela</title><content type='html'>Por &lt;a href="http://omargenovese.wordpress.com/"&gt;Omar Genovese&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Cultura&lt;/em&gt;, de Gabriel Bánez&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Escriba, Ibánez, escriba”. Así se inicia esta novela, con una frase que proviene de todo pasado y futuro: Mortifica Gabriel Bánez a su i-Bañez, cifra imaginaria en que muta la voz del escritor mientras elabora un estilo. El autor es todas las voces (un yo de dos caras, funcionarios, compañeros de trabajo…), &lt;a id="more-1669"&gt;&lt;/a&gt;satirizando al espacio de la cultura como bien político, en que la discursividad globalizada ha dejado míseros a todos. Ni bien comenzamos a caer en el enredo de conversaciones y situaciones desmadradas, insólitas, confrontando teorías y dislates, es donde el relato nos hace cómplices, y leemos espiando la forma de escribir, por encima de su hombro, con él, disfrutando.&lt;br /&gt;Lejos de construir una teoría, Báñez ejerce con firmeza y autoridad una crítica práctica, con aire de simulado descuido, observando el fenómeno cultural de los últimos veinte años. En el espacio de la novela todo se reduce a un Centro Cultural, ombligo imaginario de saberes, nutriente político y rédito de unos pocos, que se relaciona con la politica en la sigla utilitaria –el nombre-, con que las organizaciones agotan todo proyecto, abortando cualquier pensamiento creativo. No hay zapatillas y tampoco libros, solo especulación (como la financiera, que efectivamente pauperizó), en un recorrido de personajes, e intereses tan insólitos como hilarantes. Gabriel Bánez parece no tomarse en serio como escritor, burlarse de sí disociándose, pero tal artificio depara una sorpresa tras otra. En la pasión de su escritura sugiere cierta autodeterminación del autor político, por fuera del marketing desaforado, y por qué no, luchando contra los aculturados que detentan el poder. En las aguas de Cultura existen tanto la navegación curiosa como la respiración hipocondríaca. Sus treinta capítulos conforman una incisión feliz en el improvisado y manoseado cuerpo de la institución cultural argentina, velada por la sombra del desinterés social. La sensación honesta no es otra que Bánez ha escrito algo más que una novela, consumó un acto de sabiduría que emana exquisito humor e inteligencia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-2422710770969147287?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/2422710770969147287/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=2422710770969147287' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2422710770969147287'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2422710770969147287'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/06/el-pas-de-novela.html' title='El país de novela'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-3399274081851216209</id><published>2007-04-27T04:39:00.000-07:00</published><updated>2007-04-27T04:43:13.235-07:00</updated><title type='text'>Sangre de utilería</title><content type='html'>A propósito de modas, raros y "tuttologos"&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;(para Yiye Di Carlo y Miguel Angel Muñoz)&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando a Italo Calvino le preguntaron qué autores él celebraba con más fervor, no dio una lista muy grande, ni siquiera dio una lista, apenas mencionó una categoría: "aquellos escritores irregulares", dijo. Para Calvino, "irregulares" significaba fuera del canon, inclasificables o raros, escritores que estaban al margen de las corrientes y las modas. Luego mencionó como inclasificable o raro a un autor rioplatense: Felisberto Hernández.Sin duda -como bien señala Alejandro Toledo en un ensayo sobre los "raros"-, en la historia de la literatura (si es que tal historia existe) siempre ha habido una estirpe de escritores dispuestos a no dejarse arrear por las modas o los tildes de la época y por completo ajenos a los reflectores, a las declaraciones y a las tendencias. Son autores que escapan a cualquier taxonomía académica y que, por ello, aparecen ante los ojos del resto como marginales o periféricos.Se ha creado otra cadena de sinónimos -sigo a Toledo-, y bien podríamos hablar de la palabra "cronopio" instalada por Julio Cortázar, o de la mismísima "raros", término usado por Rubén Darío para el título de un libro de 1896 (Los raros) que tenía nada menos que a Lautréamont y a Verlaine como ángeles tutelares. Ese libro -cito- tuvo una edición parisina de 1905, con un comentario de Camille Mauclair -él mismo un raro- titulado "El arte en silencio". Va un fragmento: "La rareza -dice- puede ir de la mano con el ejercicio de un arte silencioso, es decir, en contra de una normalidad estridente que habría que precisar o delimitar".En verdad que la oposición de un "raro" es el estridente. Pero los estridentes no son aquellos que gritan, sino que, sin gritar o vociferar, pueden arreglárselas muy bien para figurar en el ranking de los más citados o aludidos. Las industrias editoriales, bien lo sabemos, trabajan sin sobresaltos con los estridentes posicionados en este ranking del consumo, por tanto, además de aparecer regularmente en los medios, es de rigor y culturalmente correcto -por no decir políticamente-, que sean referenciados por la crítica a través de la presión publicitaria que ejercen las mismas empresas editoras. Aunque, por supuesto, hoy la palabra de un escritor -el que sea-, está devaluada ante cualquier declaración con plumas.Juan Emar, un notable "raro" chileno, señaló en su momento que el desinterés de su escritura era el motivo de su entusiasmo. A él no le importaba nada. Para Cortázar, había una oposición más tajante: de un lado los cronopios, del otro los "famas", individuos a los que les gusta mostrarse como escritores profesionales, dar entrevistas y conferencias, participar de cuanto evento se les cruce, aparecer como lúcidos especialistas de no importa qué con tal de hablar. Hay quienes de la nada de su obra han construido, en mérito a su habilidad social y a las aceitadas relaciones públicas y de pares, un prestigio. Prestigio es una palabra bizarra en las marquesinas de la literatura.Hoy sin embargo y en un peldaño más arriba que los estridentes están los "tuttologos", nombre que se le da en Italia a los opinadores profesionales. Escritores, periodistas, intelectuales (o no) que de la opinión han hecho un medio de figuración y hasta de vida. Pueden opinar del fundamentalismo religioso, del peligro de algunas dietas, del último libro de Ma Jian o W.G.Sebald, del cambio climático, del calendario Maya o de la actividad sexual de los ácaros. Da lo mismo. En Argentina se los conoce como opinólogos, y están en casi todas las agendas de los productores periodísticos por cuanto pueden opinar muy bien -y con aparente fundamento- sobre cualquier cosa. La profesión de opinólogo -ridiculum vitae de muchos- ya debería incluirse en el post grado de algunas carreras.En la orilla de los no estridentes los nombres abundan en silencio. Provisoriamente y junto a Felisberto uno podría citar a Macedonio Fernández, al propio Roberto Arlt, a Wilcock, Néstor Sánchez, Porchia, Levrero, Droguett, Lascano Tegui, Gombrowicz en su momento, incluso Filloy, el colombiano José Félix Fuenmayor, Manuel del Cabral, el peruano Harry Beleván, el mismísimo Rulfo, Monterroso y hasta el primer Arreola, etc. Se me olvidan demasiados: la lista sería tan inagotable y arbitraria como esperpéntica y subjetiva; los voy anotando al vuelo, errática y tendenciosamente, sin orden ni consenso, imposible consignarlos a todos. Tampoco debe pensarse, como acertadamente subraya Alejandro Toledo, que la oscuridad primera es el caldo de cultivo que garantiza la inmortalidad de un autor; o llegar a la peligrosa conclusión de que la ausencia de cualquier forma de éxito significaría la segunda gloria póstuma. No. En rigor, son los figurantes quienes construyen los altares canónicos, mal puede un no estridente estar pendiente de esta posibilidad. A propósito, un buen indiferente era el norteamericano Ring Lardner, también el genial Buzzati, Aub, la propia y exquisita Willa Cather, y hasta John Fante pese a la porfía de su genial Bandini. Son muchos en cada ámbito, legiones por cierto. Lo concreto es que asoman siempre como personajes permanentemente desclasificados de los mapas literarios y, más allá de la valoración de su obra, acaso ajenos a intereses de poder y de terceros. Claro que muchos "raros", con el paso del tiempo, son convalidados por el resto y dejan de serlo; por lo general, cuando su vitalidad creadora ya ha dado lo que tenía que dar.Pero nada puede generalizarse, todo es relativo, y tampoco faltan los ejemplares de "indiferentes" que premeditadamente intentan parecerlo para fabricar su marketing al revés, algunos de ellos esforzados "autores de culto", pynchonianos de segunda mano. Vocación inversa a la del tuttologo, aunque con fines más o menos parecidos. Es extraño: en el mundo del arte nadie es lo que parece ni, menos, lo que cree ser. Sangre de utilería, precisó Mishima, y me quedo con esa magistral definición. Al fin de cuentas, vuelvo a citar: "parece inverosímil el autor al que no le interese el busto en el parque para comodidad de las palomas".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-3399274081851216209?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/3399274081851216209/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=3399274081851216209' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3399274081851216209'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3399274081851216209'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/04/sangre-de-utilera.html' title='Sangre de utilería'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-2821491950191754705</id><published>2007-04-06T14:35:00.000-07:00</published><updated>2007-04-06T14:36:27.996-07:00</updated><title type='text'>Cristóbal Colón era negro</title><content type='html'>A propósito de la polémica con ciertas palabras en el Congreso de la Lengua&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una maestra contaba hace un par de meses lo que para ella fue una anécdota inolvidable en el aula: puestos a dibujar y colorear a Colón con las tres carabelas en su llegada a América, uno de los alumnos dibujó un Colón negro. Ni mulato ni morocho, el Colón del pibe era negro carbón. La maestra lo llama y le pregunta por qué lo había dibujado de ese color. El chico, muy sensatamente, le responde: "Porque Colón era negro". La mujer vuelve a la carga para saber de dónde había sacado semejante disparate y el pibe, muy suelto de cuerpo, le contesta que del libro de texto. "No puede ser", dice ella. El chico saca el libro, busca la página, y le lee: "Cristóbal Colón, ese oscuro navegante genovés..."A veces las anécdotas se imponen con tanta fuerza como los propios usos del lenguaje. No hace falta que el diccionario convalide o no el empleo de una palabra, de una expresión o de un neologismo para que el lenguaje, orgánico y cambiante como un organismo vivo, lo acepte y adapte al uso. Son los hablantes quienes confirman o no la vitalidad de un vocablo o una voz. Las recientes polémicas desatadas en el Congreso de la Lengua revelan hasta que punto, a veces, el rigorismo a ultranza (no los académicos) intenta sobreponerse al uso común. Aunque la palabra "negro" haya estado objetada, hay que decir que sexo y raza, por citar sólo dos condiciones, no siempre vienen acotados por la estricta acepción que se le confiere al término. Un gesto mínimo puede cargar peyorativamente un vocablo que en el diccionario aparece como neutral. Una interpretación diferente (¿y cuál no lo es?), lo mismo. El chico que interpretó a Cristóbal Colón negro leyó "oscuro navegante" en función de la piel del descubridor y no de sus orígenes. Pulverizó el supuesto eufemismo y fue directamente a la palabra. Como sea, intentar una normativa en este terreno es inútil. Decían los hermanos Ortega y Gasset -y en esto coincidían ambos- que la función hace al órgano y que son los diccionarios los que corren detrás de las palabras, nunca al revés. Por lo mismo, pretender como pretenden algunos que se empleen a pie juntillas los géneros correspondientes es, además de trabajoso, inocuo. "Los hombres del mundo han rechazado la carrera armamentista de las grandes naciones" es un enunciado que contiene tanto a hombres como a mujeres. Como decir "los individuos de tal nación no aceptan la discriminación". No parece necesario aclarar los tantos. Sería absurdo recurrir a "los individuos y las individuas de tal nación no aceptan la discriminación". En rigor, el feminismo como movimiento tiene muchas causas valiosas aun por las que luchar como para prestarle atención a los lugares que van detrás de la coma, por decirlo en sentido figurado. Caso contrario, y aunque suene ridículo, terminaremos aludiendo al feminisma. Tampoco estaría de más recordar que el nazismo cuidó escrupulosamente los modos y usos del lenguaje y terminó "depurando" personas de todo género. Lo que muchos ignoran: también produjo un "holocausto idiomático" sin precedentes.Don Víctor García de la Concha, el director de la Real Academia Española, se la debe ver en figurillas ante las polémicas y los recientes reclamos de cambio. Con buen criterio, el hombre estará pensando que se le viene la noche de color. Es lógico, primero se la agarran con el "negro", luego vienen por el género, más tarde vendrán por mí, se habrá dicho. No es tema menor el de este ilustrísimo académico, no aquí al menos en donde Don Víctor García debe responder a sus más profundas e incuestionables raíces de etimología hispánica.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-2821491950191754705?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/2821491950191754705/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=2821491950191754705' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2821491950191754705'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2821491950191754705'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/04/cristbal-coln-era-negro.html' title='Cristóbal Colón era negro'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-596066523571154262</id><published>2007-04-06T09:31:00.000-07:00</published><updated>2007-04-06T09:40:13.522-07:00</updated><title type='text'>Rubias no tan tontas</title><content type='html'>A propósito de "Rubias peligrosas", de Jean Echenoz&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Parece que existe en las rubias peligrosas una profunda conciencia de su particularidad. Esta sensación de ser especiales, de constituir el producto de una mutación, un fenómeno genético y hasta una catástrofe natural, puede incitar a una puesta en escena de sí mismas". La observación corre por cuenta de Salvador, uno de los personajes de Rubias peligrosas (Anagrama), la novela de Jean Echenoz (1948) que pone en escena las convenciones de la novela policial y del cine de suspenso (homenaje a Hitchcock incluido), para darle brillo intenso a una historia que combina elementos bizarros con cómic, algo de vaudevil y humor con toques negros. Pero la combinación de Echenoz sólo se pone en marcha cuando incorpora un último y valioso elemento: el imprevisto, imprevisto que tanto puede surgir del cambio inesperado de las acciones como de un detalle tan categórico como inútil; por ejemplo, los cinco mil hectolitros contenidos en las cisternas de ese edificio negro y blanco por donde camina el propio personaje, dato oculto y aleatorio que nada añade pero que opera como factor de irritabilidad para espolear la lectura. Nada nuevo, pero sí efectivo. Echenoz conoce todas las técnicas de la narración y las despliega desembozadamente para que el lector las observe, elija y se sienta halagado. No hago trucos –parece insinuar-, muestro lo que otros ocultan, ya no hay magia.En Rubias peligrosas, en efecto, el recurso consiste en desmontar el truco y enseñarlo. La puesta en escena de sí mismas que denuncia Salvador con respecto a las rubias, la hace Echenoz con el escritor que escribe esta historia plagada de rubias cinematográficas, de clisés que se autodestruyen y de diálogos certeros, inesperados y muy imaginativos. El argumento es un recurso de maquillaje que el novelista expone para que lo sigan un rato: una productora televisiva tiene en carpeta montar un programa con retazos de películas célebres de rubias más célebres aún para despertar a la adormilada audiencia. Jean Harlow, la Bardot, Doris Day, Kim Novak, Marilyn, Marlene Dietrich, íconos y estereotipos a los que se suma Gloire S., una francesa ignota pero rubicunda en sus amores, cuyos amantes, sin excepción, terminan más trágica que dramáticamente, por lo que luego de una muy breve estancia entre rejas, la muchacha retorna a la vida pop y varios detectives comienzan a seguirla. La persecución de Gloire es otro de los recursos que Echenoz mejor trabaja técnicamente a través de la tensión y la peripecia, ese enrarecimiento de la trama que parece próximo a ordenarse pero que jamás se ordena. La promesa de aclaración del enigma –como en todo policial- resulta atractiva, pero aquí la parodia al thriller consiste en ver cómo aparecen los imponderables y cómo se suceden, siempre o casi siempre por la vía del absurdo, aunque jamás del imposible. En una sola obra (Al piano) Jean Echenoz empleó el recurso fantástico y no le funcionó, al menos de un modo tan efectivo. Aquí en cambio, como en Me voy, los guiños tienen el blanco de la cultura pop y el homenaje irónico a sus heroínas (¡ay ese dato fatalmente cursi en el color del pelo!). La dosis de azar que el francés interpone en sus textos, aunque no lo dice ni lo insinúa, es clave para salir de los hoy ya remanidos "cruces" narrativos y para releer a un colega suyo, verdadero maestro de escritores, F. Durrenmatt, autor que sin duda el francés ha leído hasta el hartazgo pero cuyos trucos, al menos por el momento, no tiene interés en develar. Al menos no en público. Es que algunas tinturas -como las imitaciones- son peligrosas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-596066523571154262?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/596066523571154262/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=596066523571154262' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/596066523571154262'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/596066523571154262'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/04/rubias-no-tan-tontas.html' title='Rubias no tan tontas'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-5658808231449453421</id><published>2007-04-06T09:17:00.000-07:00</published><updated>2007-04-06T09:20:42.218-07:00</updated><title type='text'>La trinchera de Teresa en Malvinas</title><content type='html'>&lt;strong&gt;Con la madre que todavía espera a su hijo "muerto en combate"A 25 años de Malvinas, mientras en Londres se llevan a cabo los actos de conmemoración a los caídos en la guerra y la memorabilia de los ingleses se anuncia en forma de monedas y merchadising, en Abasto, una pequeña localidad semi rural cercana a La Plata, Teresa Gamalero de Hornos guarda una secreta e íntima convicción: que Carlos Alberto Hornos, su hijo, regrese con vida del frente. Un cuarto de siglo después, la crónica de Teresa en la trinchera.&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;Teresa Cristina Gamalero de Hornos, madre del soldado Carlos Alberto Hornos, guarda todo lo de su hijo: pantalones, medias, calzado, fotos, cartas y camisas limpias y planchadas. Cada cosa la acomoda escrupulosamente en un placard, en bolsas de nylon, debajo de su propia ropa. A los tantos meses repite el procedimiento: saca, lava, plancha y ordena con secreta prolijidad. Luego vuelve a guardar. Es una ceremonia tan íntima como prevenida. Su hijo cayó en combate el 13 de junio de 1982, pero el telegrama le llegó tres días después, el 16 de junio. Las pertenencias de Carlos Alberto son para persistir, no se desprende de ellas por nada del mundo. Pero no las atesora como si fueran parte de un recordatorio, tampoco para tenerlo más cercano y presente. Al contrario. "Las guardo para cuando él vuelva", dice con serena convicción.Carlos Alberto había nacido el 28 de diciembre de 1962, en La Plata, y su madre registra cada fecha con la misma precisión con que ha ordenado sus objetos para cuando él regrese a la casa de Abasto. "Lo reincorporaron el 9 de abril de 1982 -cuenta-, porque le habían dado la baja por casamiento, estaba en el Regimiento 7, así que el 8 de ese mes llegó el telegrama, el 9 se presentó y el 12 se lo llevaron para reincorporarlo. Fue la última vez que lo ví, apoyado contra el portón del Regimiento, ése que todavía está". Hace una pausa y agrega: "El nene, el hijito, tenía 4 meses cuando él se fue, hoy tiene 25 años, se llama como él, Carlos, pero Carlos Héctor". Luego aclara, por si quedara alguna duda: "Tengo además dos hijos y los quiero con el mismo amor, Julio César Hornos y Pedro Oscar Burgos, mi hijo del corazón".Teresa tiene 68 años y una mirada digna, fuerte. Desde hace años trabaja en el Instituto Gambier de Abasto. Cuando recuerda a Carlos lo hace con la precisión y naturalidad de una semana atrás. Pero han pasado veinticinco años : "Esa noche cuando llegó el telegrama estaba jugando a las cartas, no necesitó abrirlo, como que lo esperaba. Cuando lo leyó, dijo: `vamos a matar monos´. Fue un chiste, para que yo no me preocupara. Era un muchacho muy alegre, trabajador, hacía turnos en una carnicería despostando, también le gustaba mucho la carpintería, arreglar muebles, mi hermana todavía tiene la cama que él le arregló, le cambió una pata". La hermana de Teresa, Irma, escucha el relato y asiente. Su marido, Juan Carlos Jara, hace lo propio: "Carlos era un chico buenísimo, muy serio, formal, si él decía a tal hora vuelvo, él volvía, yo era su padrino y ella, mi mujer, la madrina". Teresa los escucha en silencio, parece ordenar y llevar el flujo del relato: "Me dejaba todo escrito, en cartitas, `Mamá, estoy en tal lado´, ponía; o `Ya vuelvo´. Era muy apegado a mí -recuerda-, muy cariñoso, cómo sería que a veces yo le mentía y le decía tal o cual cosa para poder irme, sino él se preocupaba, vivía cuidándome, protegiéndome. Y siempre papelitos, cartitas, los dejaba por todos lados para que yo supiera y me quedara tranquila", repite, mientras con la mirada recorre el contorno de la mesa como buscando alguno de esos mensajes invisibles. La carta más visible, sin embargo, sigue doblada en su dormitorio. En un cuarto de siglo casi no ha vuelto a leerla. Allí, muy escuetamente, le anuncian que Carlos Alberto ha muerto en combate.Se queda unos segundos en blanco, luego se levanta y acerca a la mesa fotos. Están sueltas pero en estricto orden: algunas son de la escuela, de cuando estudiaba en el colegio de Romero; otras de San Miguel del Monte, en plena campaña, cuando del Regimiento 7 lo llevaron para la instrucción militar; en una está firmando en el registro civil, es el día del casamiento; en otra aparece con la que fue su mujer, Hilda Pezzolano, junto a una prima. Se casó a los 19, Hilda tenía 15. "Una nena", dice Teresa, mientras despliega las fotos en abanico y abre las cartas de su hijo en el centro, bajo ese paragüas imaginario. Abre todas menos una. "Ellos dicen eso, que murió combatiendo, pero es lo que ellos dicen", se convence con un gesto de incredulidad. Aquel Carlos de 19 años hoy ya tiene dos nietos y la que fue su mujer, Hilda, seis hijos. Pero la joven nunca se volvió a casar. Teresa continúa: "Un día yo iba caminando por Romero y lo vi en un puesto de diarios, estaba en la foto de la revista `Diez´, de fajina, con otros compañeros, en las islas". La familia y los vecinos compraron varios ejemplares, pero ella no llegó a leer la nota, no quiso. Su hermana, la tía de Carlos, tampoco.El día que Carlos recibió la citación para reincorporarse, Teresa tuvo un mal presentimiento. Pero no lo pudo poner en palabras. Su madre, la abuela de Carlos en aquel entonces, fue en cambio categórica: "Que no vaya, dijo mi madre, yo me quedo con él, yo lo escondo, y a él lo miró fijo y le dijo `Yo te voy a esconder, Tin´. Todos le decíamos Tin. Pero a él no se le ocurrió ni por asomo no presentarse, ve lo que son las cosas, otros no se presentaron y no les pasó nada, él cumplió con la Patria y pasó lo que pasó, no está". Teresa es de pocas palabras, pero las emplea con cuidado: no dice `murió´, dice `pasó lo que pasó´. Los Jara recuerdan perfectamente el día infausto del telegrama. "Teresa estaba trabajando en la Cocina del hospital de Melchor Romero y con mi marido no nos animábamos a avisarle -cuenta Irma-, fue durísimo, un golpe terrible, todavía la estoy viendo, no sé cómo sacamos fuerzas para poder decirle; para la abuela fue peor, ella tenía 82, después de ese día ya nada fue igual". Teresa interrumpe a su hermana: "El día 13, para mí, es un día maldito". Lo dice con serena impotencia, pero también con un destello de bronca de la que nunca, bien lo sabe, se va a desligar: "No me entregaron nada de él, nada, ni una ropa o una carta o sus cositas, nada de nada, ni siquiera el anillo de recién casado que se llevó escondido porque no podía cargar con cosas de valor, nada recuperé, esos milicos inmundos...Yo fui y pedí, rogué y nada, lo único que me dieron fueron siempre las mismas palabras: `Murió en combate´.Si hay un calvario más allá de la muerte, ese calvario tiene forma de ausencia en la incertidumbre. ¿Qué es morir en combate cuando nada lo confirma?. A Teresa jamás la convencieron esas lacónicas palabras que decían, siguen diciendo, muerto en combate, al contrario, la animaron aún más para preguntar, investigar, viajar incluso y hablar con ex compañeros de su hijo, Carlos "Tin" Hornos, un pibe flaquito, clase 62, nacido justo en el Día de los Inocentes y a quien, como en un mal sueño o en una burla de las fechas, ella aún espera verlo aparecer por el frente de esa casa prolija y de entrada baja de la calle 517, en Abasto, para escucharle decir: `Soy yo´. ¿Delirio de cumpleaños o una broma del destino para los inocentes que murieron combatiendo? ¿Es la inocencia entonces la que debe hacerse valer, o, en todo caso, la angustia, el dolor y ese imposible de tantos años de espera convertidos en imposible milagro? Lo más doloroso: ¿quién puede negarle algo si ella, aun hoy, continúa aferrada a esa única y remota posibilidad ? Sin golpes bajos, la historia es sencilla, contundente: Teresa, la madre de Carlos Alberto Hornos, clase 62, muerto en combate el 13 de junio de 1982, en Malvinas, todavía espera a su hijo. "Va a volver", dice, y lo dice tan de adentro que uno debe callar y mirar para otro lado.Lo que los entrevistados narraron a continuación es el relato secreto de un caso jamás aparecido en los medios pero que a Teresa -¿y a cuántas otras madres en su misma o similar condición?-, acaso le haya servido o le siga sirviendo de argumento para mantener en pie eso llamado fe, esperanza o resignación que nunca termina de resignarse del todo, como en este caso. Es la historia negra de toda tragedia, la historia oscura de una guerra que el tiempo va deformando, amparando y haciendo crecer en forma de relatos, leyendas, versiones urbanas o de suburbio, para luego convertirse en razón fidedigna de vida. No circulan gratuitamente, quienes las repiten las repiten como en oración y letanía para aferrarse y poder continuar. ¿Salvavidas de plomo? Es más que probable, pero tanto Teresa como su hermana Irma y su esposo Juan Carlos dan fe de que en 1990, ocho años después de concluida la guerra, en la vecina localidad de Lisandro Olmos, apareció un joven, un ex soldado que había sido dado por muerto y desaparecido en uno de los combates en las islas. "Se tapó todo, no se dejó que los medios se enteraran -afirma Juan Carlos-, porque el padre, al verlo con vida, se pegó un tiro, se suicidó". Tal cual. Puede ser desconcertante el argumento, pero resulta tan austero y fascinante como ese jugador de Chéjov que va al casino de Montecarlo, gana una suma millonaria en la ruleta, luego se retira a su casa y va y se pega un tiro. "No, no y no -insisten los tíos de Carlos-, el caso es bien conocido aquí, es cierto, ese muchacho estuvo internado durante muchos años en un neuropsiquiátrico en Chile y nadie sabía nada; después de ocho años de dado por muerto, volvió". Esa es la historia, la presunta actitud del padre suicidándose es un iceberg que reflota, cada tanto, la versión del soldado aparecido en la localidad de Olmos. "No es el único caso -agrega Teresa-, también aquí, en Abasto, hubo uno muy comentado. Pero fue de un pibe que estuvo desaparecido menos tiempo, no fue tanto", señala. "Como a los dos años apareció, dicen", acota Irma.Durante semanas que fueron meses Teresa se iba sola en su bicicleta a espiar por los alrededores del Neuropsiquiátrico de Romero. Se acercaba al cerco perimetral, hablaba con alguno de los internos y luego volvía. A los dos o tres días repetía la rutina con la misma firmeza. Después dejaba pasar un par de semanas e insistía, pero por otra zona del hospital. Deambulaba por los fondos, más allá de la vía, por Urquiza. Melchor Romero es como una ciudad. Irma lo cuenta así: "Se iba sin decirnos nada, pero es cierto, durante mucho tiempo en Romero había tiendas de ex combatientes, ella lo buscaba, hablaba con uno, con otro. Los soldaditos estaban tan mal que ni se querían sacar la ropa, seguían con las pilchas de combate..." Hace una pausa, mira a su hermana, y prosigue: "Otra vez sin decirnos nada se fue al Borda, se metió en los pabellones y empezó a buscarlo como desesperada. Pasa que le dijeron que en el Borda también había ex combatientes, chicos que quedaron mal y que ni sabían cómo se llamaban". Teresa la interrumpe: "Va a volver, estoy segura". Juan Carlos mira al cronista y añade: "No se crea, no es que esté mal, para nada, pasa que ella no se quiere convencer".El vía crucis de la madre de Carlos Hornos no se detiene allí. Cada tanto, ante la mínima versión, sale de su casa furtivamente y corre al encuentro de esa infinita posibilidad. Jamás desatendió su trabajo en el Instituto Gambier, sin embargo. "No nos avisa -dice su hermana-, se escapa sin avisarnos". Teresa viajó dos veces a Malvinas para dar con el cuerpo de Carlos, en una ocasión no pudo llegar. En el siguiente viaje logró desembarcar y revisar palmo a palmo las tumbas del cementerio. "No estaba Carlos, no había ninguna cruz con su nombre", admite. Cuando se le recuerda que muchos cuerpos están enterrados sin nombre, replica: "Sí, claro, eso ya lo sé. Pero yo hablé con muchos soldados y a uno que fue su compañero, de apellido Méndez, le pregunté y me dijo que lo que ocurrió fue que Carlos y otros tres un día salieron de la trinchera para buscar comida y nunca volvieron porque habían pisado una mina. Tenían hambre, por eso salieron. Ese día uno de los que murió se llamaba Boscovich. A la tumba de él la encontré en el cementerio -reconoce-, pero de Carlos nada y Méndez me dijo que en el lugar de la explosión no se encontró nada tampoco, ningún resto, y eso que él volvió al lugar y estuvo como dos días buscando...Y Méndez bien que lo conocía, dormían espalda con espalda para soportar el frío, sabía hasta lo que llevaba puesto, pero no, no encontró nada..."Versiones de versiones: hoy y como desde hace veinticinco años atrás Teresa relee una de las cartas de su hijo enviada desde el frente, todavía tiene marcas del barro malvinense en el papel y la suma de las prevenciones para su madre y su esposa en letra muy clara y levemente inclinada hacia la derecha: " (...)estamos con frío, hace mucho frío, pero yo te pido que esto no se los digas porque tienen que estar tranquilas, para que no se preocupen vos deciles que todo está bien..." (el fragmento es de una carta enviada a su tío Coco). Otra carta, dirigida a Hilda, su mujer, empieza así: "Esta carta es para mi muñeca..." Teresa toma las cartas y las dobla. Las sabe de memoria. Podría decirlas de corrido, pero en su fuero más íntimo y aunque parezca una locura ella entiende que algún día no muy lejano,quién sabe, las va a volver a leer junto a su hijo. "Yo lo espero", repite. Hay noches en las que lo ve en sueños. "Muy clarito lo veo -asegura-, en uno de esos sueños lo descubrí con un brazo lastimado, sangrando, entraba por la puerta del frente y me sonreía. En otro sueño lo ví como enojado, de la mano de una chica, no sé..." El calvario de esta mujer de 68 años no se detiene; no se va a detener nunca, en realidad. Ha ido a consultar tarotistas y videntes. Una de las últimas le aseguró con alevosía que estaba con vida, pero lejos, viviendo con una familia de viejitos. "Eso fue antes -explica con calma-, ahora a esas cosas ya no les llevo el apunte". Sin embargo, la porfía es mayor. "Usted no se imagina -interviene la hermana- ha ido a todos los neuropsiquiátricos de acá y de Buenos Aires y más, hasta a Trelew se fue porque nos enteramos que allá tenían a uno de los chicos con la cara toda desfigurada, nos dijeron que estaba internado y ella se fue". Teresa hace un gesto con las manos: "Me dijeron lo de siempre, que no lo buscara más, que había caído en combate". Pero la hermana agrega: "Sí, y el oficial con el que habló fue una porquería, le contó que encontraron un pie y un bota, pero no, son mentiras, ni encontraron ni dijeron nada cierto..."Por momentos el presente se mezcla en el relato de las hermanas y es como si Malvinas fuera un tiempo verbal estático, tan congelado en el dolor como en la impotencia. Cuando en 1983, se restituyó la democracia y el Dr. Alfonsín asumió la presidencia, la angustia de la familia Hornos no sólo subsistió, sino que se hizo más honda aun. "Desmalvinizar" es una palabra que les produce rechazo, un insulto. "Ni me diga", dice Irma. Teresa luego termina de ordenar las fotos, separa algunas para acompañar la nota, y comenta: "La placita de Abasto lleva su nombre, Carlos Alberto Hornos -repite orgullosa-, tenía una placa, pero se la robaron, ¿Puede usted creer? ". Cómo no creerle. Durante la guerra el país estaba disociado entre la patología social de espectáculos culturales y deportivos por un lado; y, por otro, de Bahía Blanca hacia abajo, en la sangría de un país que al Sur sufría la suerte de miles de adolescentes embarcados en una guerra extraña, alabada y enferma. "Vamos ganando". ¿Por mucho? La consigna deportiva acompañó el retorno de los soldados y, como genuinos derrotados, sufrieron las consecuencias de la iniquidad, el desprecio y el olvido. Los intelectuales no hablaron de Malvinas, estaba mal. Mal visto. Territorio de la hipocresía más inconmensurable, hoy, a veinticinco años de una guerra absurda propiciada por una recua ignorante y golpista, la épica de Malvinas sigue en pie, sin embargo: en sus soldados muertos, en los suboficiales y oficiales caídos en batalla, en los ex combatientes y en sus peregrinajes infamantes a que también los sometió una sociedad civil que, aunque duela reconocerlo, prefirió el rechazo antes que admitir su propia condición ante la "deshonra" de la derrota.Quizá por todo esto y por mucho más, la madre de Carlos Hornos hoy no tiene ninguna duda, está consciente y bien lúcida cuando insiste: "Va a volver, estoy segura". Lo repite en voz baja, para sus adentros. Inútil insistirle sobre los 700 muertos argentinos y, de ellos, sobre los más de 120 que no han podido ser identificados en el Cementerio Argentino de Puerto Darwin. "Sólo conocidos por Dios", rezan las cruces, en inglés. El Estado nacional abandonó tanto a unos como a otros, hoy el camposanto es ruinas y desolación. Por eso, las cosas no han cambiado mucho en un cuarto de siglo. Lo que ella no permitió que se escribiera para la posteridad en la placa robada de la plaza de Abasto y jamás repuesta -"Murió en combate"-, es precisamente lo que se va a permitir en estos días, cuando los discursos sobre los veinticinco años de Malvinas decaigan y la retórica de la inconsecuencia retome el lugar del olvido: volver a buscarlo. Es una cruzada personal impenitente, digna. Obsesión, dirán algunos. Quizá. En todo caso pujar de madre. "Después de que pase todo esto voy a ir a Luján, tengo que ir a Luján", se convence con algo de fervor y emoción contenida. No a rezarle a la Virgen. O sí, hay un milagro pendiente. Pero primero lo primero: dirigir sus pasos hacia Open Door. Sucede que semanas atrás le llegaron versiones de que en el instituto neuropsiquiátrico de la zona podría estar internado Carlos; por supuesto, bajo otro nombre, muy cambiado, sin tener conciencia de su pasado y en completo estado de enajenación. ¿Un imposible o desatino? Es lo de menos, ella va a intentarlo. No sabe cómo, pero una vez más, como tantas otras veces, va a ingresar en los pabellones y va a recorrer uno a uno los rostros de los internos hasta dar con el de ese chico flaco, chistoso y responsable, que le dejaba por todos los rincones de la casa papelitos con mensajes: `Má, fui a Malvinas, no te preocupes que ya vuelvo'. Es la trinchera de Teresa. No la quiere -no la puede- abandonar y está en todo su derecho.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-5658808231449453421?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/5658808231449453421/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=5658808231449453421' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5658808231449453421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5658808231449453421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/04/la-trinchera-de-teresa-en-malvinas.html' title='La trinchera de Teresa en Malvinas'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-2294521203005529633</id><published>2007-03-04T03:35:00.000-08:00</published><updated>2007-03-04T03:36:55.380-08:00</updated><title type='text'>La cisura de Rolando - Cap. III</title><content type='html'>No hablar fue toda una novedad y una ventaja. Entre mis amigos del barrio pasé a ser más importante incluso, y como las cosas que tenía que decir empecé a anotarlas, primero en papelitos y luego en la libreta, la mayoría estaba pendiente de mis mensajes. Comencé a tener cierto poder a través de ellos, como si la palabra escrita fuera más importante. Los pibes me rodeaban y esperaban con ansiedad el final de cada frase. "El Chuso es un hijo de puta, hay que cagarlo a palos", escribía. Más que comunicarme, dictaba sentencias que los demás corrían a ejecutar. Era lindo. Aunque más de una vez alguna madre golpeó la puerta de casa con su hijo apedreado o lastimado para acusarme. Los demás podían hacer barrabasadas, como decía mi madre, yo en cambio no tenía escapatoria: la letra me delataba. Así fue como con los más amigos ideamos un sistema para nombrar las cosas importantes sin tener que nombrarlas. El código nos daba impunidad, que era una de la cosas más emocionantes en aquel entonces. Si yo escribía "remontar el barrilete", eso quería significar que había que "reventar a alguien", porque reventar y remontar hacían la misma música. Cuando el "barrilete" era "rojo", el designado para recibir la golpiza tenía nombre que empezaba con la sílaba ro. Robertito, por ejemplo. Si escribía "patear al arco", era que había que "apedrear alguna casa", cuando la casa tenía determinado color, eso la diferenciaba del resto por la sílaba del nombre del pibe. Para robar alguna bicicleta, escribía "dar una vuelta a la manzana". Cuando las órdenes eran más complicadas partía las palabras, las mezclaba y le ponía números para su lectura. "Remontar la manzana verde porque J. 8 descubrió el arco dado vuelta". Luego quemaba los papeles. En líneas generales me hacía entender sin dificultad. No existían en aquellos años cosas demasiado complicadas. El mundo era ese barrio chato con casas a medio construir y la cancha en el descampado para jugar al fútbol o escaparnos a la hora de la siesta. Todo se podía. Nadie usaba la palabra discriminar. No existía.&lt;br /&gt;En los fondos de la iglesia organizábamos campeonatos para ver quién se quedaba con la hermana mogólica del Coco Garibaldi. El que llegaba más lejos tenía derecho a toquetearla y a llevársela atrás de la casa parroquial y metérsela entre las piernas. Ella babeaba y se divertía como si estuviera saltando con la soga. Cuando ganaba el Coco -casi siempre, porque tenía un pito largo y finito de anguila-, le tocaba al Coco. Como era mogólica, no era una hermana. Mi padre algo sospechaba, porque a veces bromeaba con que yo y mis amigos tendríamos que estar denunciados por infancia. Pero nunca se metía en serio en mis asuntos.&lt;br /&gt;Una de las cosas que más me apasionaban eran sus libros de Medicina. Buscaba detalles y enfermedades relacionadas con mi problema, pero jamás llegaba a comprender gran cosa. Estaban escritos en un lenguaje muy difícil y todo lo que lograba era leer por aproximación, ubicando el área de Broca y la cisura de rolando como si fueran las placas de una falla geológica que me atravesaba uno de los hemisferios cerebrales. Escribía cisura y me figuraba una grieta, en el diccionario decía algo así. También descubrí que había otra cisura, la de silvio, pero como el médico no la había mencionado yo la anotaba con minúscula. Y descubrí incluso que la fisiología de esa zona tenía que ver con la química del cerebro o con lo que los libros llamaban la neurotransmisión y los impulsos cerebrales. A los doce años creí entender que mi falta de voz no sólo se debía a un problema en el área de Broca, sino que la falla se originaba en alguna interferencia del sistema que impedía la transmisión. A tientas iba siguiendo esas pistas, como un juego del tesoro pero en la cabeza. Claro que a esa altura Rolando iba en mayúsculas.&lt;br /&gt;A los cuatro meses dejé de tomar la medicación. Entendí que no la necesitaba y que había otros caminos para volvera hablar. Los genes que heredé de mi padre hicieron el resto. Eso sumado a lo que tanto él como mi madre me reprochaban en tono cariñoso. "Es muy ingenuo", decían. Constantemente me lo marcaban, pero con dulzura, sin reproches. Ser ingenuo está lejos de ser idiota. Mi tía Sonía afirmaba en cambio que era mejor ser ingenuo que mal hablado, pero yo era peor: ingenuo y mal escrito.&lt;br /&gt;Un poco antes de quedarme mudo habían llegado al barrio las primeras antenas de televisión. Fue todo un acontecimiento. Es algo que tengo muy grabado porque lo primero que se me ocurrió fue aprovechar el sistema invisible de las imágenes para recuperar la voz. Cosas de ingenuo: como las ondas que viajaban por el éter llegaban con sonido, me dije que si lograba captarlas en el cerebro yo también tendría la posibilidad de hablar. Éter era otra de las palabras de moda. Estaba tan entusiasmado que no se me ocurrió pensar que si el experimento tenía éxito, lo único que podría repetir sería la programación entera del canal 7, con publicidad y todo. En aquel tiempo había una propaganda de la Chica Trineo. La Chica Trineo soplaba por el agujero de una pastilla de menta y salían pelusas. "Pica pica Picanola", decía. La plata de los vueltos se me iba entera en las pastillas Picanola, las compraba por docenas. El cerebro me funcionaba como una pantalla, veía a la Chica Trineo hasta en sueños; también me imaginaba submarinos raros y los dibujaba, con planos y medidas; a veces se me daba por inventar armas atómicas o trampas subterráneas para cazar mujeres imposibles como la Chica Trineo y experimentar con sus cuerpos. "Tiene una imaginación frondosa", decía mi padre con algo de orgullo. Pero la verdad es que a las ideas más científicas las sacaba de las "Mecánica popular" del ingeniero Behrenz, que vivía a dos cuadras de casa. Fue el primero en armar televisores y colocar antenas de televisión en el barrio. Él me las prestaba.&lt;br /&gt;El asunto de las ondas electromagnéticas lo consulté con él. Behrenz andaba siempre con un amperímetro en el bolsillo y tenía teorías raras acerca de las ondas electromagnéticas que, afirmaba, partían del núcleo terrestre y nos atravesaban cada cuatro o cinco metros. Nadie podía esquivarlas. Él me había dibujado un globo terráqueo con las ondas invisibles que alteraban nuestra personalidad. Era como una rayuela, pero más inteligente y complicada. Cosa de hombres. Cuando se me ocurrió la idea, la escribí en un papel de astrasa del almacén y le hice pregunta: "¿Sirven las ondas electromagnéticas para hablar?". La leyó muy interesado. Al final, dijo:&lt;br /&gt;-Puede ser, pibe, a lo mejor, quién te dice- y rió con una risita corta. Pero enseguida, bastante más serio, repuso-: los grandes inventos nacen de ideas locas.&lt;br /&gt;Las palabras de Behrenz me animaron. A los dos días estaba colgado del cable de la antena de la casa de los dueños de los helados Laponia, unos italianos que dormían en un chalet enorme a dos cuadras de casa. La mujer del dueño de los helados Laponia tenía las tetas en punta de Gina Lollobrigida, pero yo me concentré nada más que en recibir las ondas electromagnéticos del canal 7 para lograr sonido. Corté los dos polos del cable de la antena que bajaba de la parrilla y a uno lo abrí y estiré hasta conectarlo y pegármelo con cinta adhesiva al cuero cabelludo del remolino de la cabeza, que era donde mejor conectaba. Al otro polo lo pelé y lo retuve en la boca, apoyado en la punta de la lengua. No sentí nada, salvo el riesgo de quedar calvo antes que mi padre. Lo pensé, pero no me importó. Estuve así cerca de dos horas, hasta que en el patio de la casa de los dueños del helado Laponia apareció el italiano y me empezó a insultar y a tirar piedras. Los chillidos de mono lo asustaron, porque salió corriendo y volvió con una escopeta.&lt;br /&gt;Cuando al otro día el matrimonio se apareció en casa, mi padre los recibió con una sonrisa tranquilizadora:&lt;br /&gt;-El chico es mudo -dijo-, pero tiene iniciativa.&lt;br /&gt;No sé cómo hizo, pero al poco tiempo yo recibía baldes de helado de chocolate y vainilla de regalo. Ese era el don de mi padre. Mi madre en cambio los tiraba a la basura, decía que mi padre andaba con la italiana de las tetas despampanantes y que el dueño de los Laponia era un cornudo. Mi padre reía y aullaba como un condenado al final del pasillo. "Hijo -decía en medio de algunas frases robadas al Eclesiastés-, tu madre es buena pero un poco descentrada". En las noches de verano nos sentábamos en la puerta de casa a mirar las estrellas y a comer helado hasta el fondo del tarro. Cada tanto pasaba un tranvía y yo sentía el rumor sordo de las vías durante las curvas o los chisporroteos de la vara del troley cuando se desprendía y estallaba en destellos de luz. Entonces no me daba cuenta de lo lindos que eran esos momentos. Mi padre mentía, inventaba nombres de constelaciones que sólo él veía y que yo confirmaba. "Aquel grupo de estrellas se llama Rolando -decía señalándolas-, y son potentes y nunca van a declinar". Yo buscaba formas parecidas a la mía, pero sin suerte. Él afirmaba que el universo guardaba un secreto mudo que la expansión constante iba descifrando muy paulatinamente, pero que aún no estábamos en condiciones de interpretar. Yo lo entendía a la perfección.&lt;br /&gt;A las pocas semanas de que me detectaran la mancha en algún lugar del área de Broca me llevaron a un centro neurológico en la capital para sacarme radiografías y hacer estudios más complejos que incluían mapeos y cortes cerebrales. El médico era un profesor que le habían recomendado a mi padre en el Patronato del Leproso. "Una eminencia", me susurraba cada tanto, para darme ánimo. Después de los estudios, el hombre les explicó a él y a mi madre que lo que habían encontrado en el área de Broca probablemente no fuera suficiente para explicar mi afasia. "Podría haber una lesión -dijo-, pero es tan ínfima e imperceptible que ni yo me animo a llamarla así". Luego dijo que los estudios no eran concluyentes y mencionó la nitidez con que se advierten algunas equimosis en la corteza cerebral, a diferencia de la mía. Y agregó: "Probablemente sea una afasia transitoria". Cuando mi padre quiso indagar en el probablemente, el médico miró al techo y dijo: "Tampoco hay que descartar los factores psicológicos". De aquella entrevista aprendí más cosas: la palabra afasia, el uso de los adverbios relativos como probablemente, y que había una sustancia gelatinosa de Rolando que yo imaginaba un flan Ravana por donde crecía un tubérculo ceniciento llamado de Rolando también. Al tubérculo lo clasifiqué en la variedad de las papas. Pero ceniciento era un color médico.&lt;br /&gt;Volvimos a casa en silencio. Durante el viaje en tren mi madre había llorado contra la ventanilla. Mi padre en cambio insultaba en voz baja y hablaba de hechiceros y cosas que yo no entendía. A la noche, cuando discutieron, fue menos claro: "Un psicólogo no me parece conveniente, son puro blef". Busqué blef por todos lados y no la encontré. Lo que más cercano me sonaba era el libro del Cordon Bleu, pero era de cocina. A la mañana, cuando le pregunté qué quería decir blef, me sacó el lápiz , tachó blef y escribió "bluff". Y agregó: "puro grupo, hijo, una mentira". Pero el criterio de mi madre se imponía por sobre cualquier juicio de mi padre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-2294521203005529633?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/2294521203005529633/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=2294521203005529633' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2294521203005529633'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2294521203005529633'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/03/la-cisura-de-rolando-cap-iii.html' title='La cisura de Rolando - Cap. III'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-5103088712424737142</id><published>2007-02-10T06:23:00.000-08:00</published><updated>2007-02-10T06:19:54.736-08:00</updated><title type='text'>John Fante y Karl Kraus</title><content type='html'>Hilvanes y costuras pifiados&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En una vieja Selecciones del Reader's Digest volví a la buena escritura. Digo escritura por lectura; digo escritura, no literatura. Es decir, la errónea, imperfecta y anárquica mueca que el lenguaje le dedica a la letra escrita, a esa norma de la imprenta consagrada por terceros. Raro: leyendo ese relato perdido de John Fante, recordé frases sueltas y aforismos de Karl Kraus ("La palabra tiene un enemigo: la imprenta. Le es a la idea orgánico no resultar comprensible a un lector de hoy. Si tampoco es comprensible para un lector de mañana, tendrá la culpa una falsa manera de leer...) El relato de Fante tiene más de 50 años, una traducción improbable (no se consigna traductor, ¿hace falta?) y, para mejor, es una condensación que la propia revista ha hecho de Full of life, relato desconocido del creador de Bandini. Algo así como el resumen Lerú de una ficción inhallable en castellano. Bien lejos del canon. La otra falla virtuosa asoma desde el título: el Reader's Digest tradujo Full of life con el encanto de la época: Rebosante de vida. Vuelvo a Kraus: "...También habría que pensar que las erratas, cualesquiera sean, son molestias nada importantes que no impiden la información del lector. Ni agujerean el tema, ni quiebran la tendencia..." La versión de Selecciones tiene la precaria belleza de las costuras rápidas y comienza con un agujero también, pero nada metafórico: cuando John Fante, escritor y autor de guiones, encuentra que a las 9.27 de la mañana del 18 de marzo, su mujer, Emilia, ha caído en un agujero gigante que se ha abierto en la cocina de su casa en Hollywood. El inmenso hueco lo han abierto las termitas. Que son termitas y nada más que termitas, eso. El escritor llama a su padre, Nicolás, que vive en San Juan, localidad del Valle del Sacramento, para que intervenga a fin de arreglar el desastre. Nicolás es el mejor albañil de toda California. El padre llega, jamás arregla el agujero, pero construye una tan imponente como inútil chimenea a leña en el hogar de John y Emilia. Mientras leía, Kraus seguía filtrándose al bies en algunos pasajes ("no hay original, si es mejor la copia") y tenía la sensación de estar leyendo un genuino Fante, de segunda o tercera mano quiero decir, tan vertiginoso como el guionista a sueldo que supo ser. Por los remiendos y costuras respiraba el mejor JF, superior incluso al de Sueños de Bunker Hill, tan fallido como intenso. El relato autobiográfico no cuenta gran cosa. O sí, pero el lenguaje va construyendo a través de la sostenida acción lo que decimos pensamiento porque, como advierte Kraus, "el lenguaje es la madre del pensamiento": el vínculo padre-hijo, el embarazo de Emilia, la felicidad de las cosas mal construidas o defectuosas, como la propia escritura. Retomando a Kraus: "Las termitas son las palabras, lo tienen que devorar todo". No hay duda: esta doble mención amorosa a Fante y a Kraus es una falla, un capricho personal o, mejor, una impostación. Pero hay demasiados engendros que no funcionan. ¿Con los zurcidos pifiados empieza algo distinto?. Ojalá. ¿Se notan los hilvanes?. Mejor. Es un despropósito zurcir Fante con Kraus. Termino con éste último: "A veces doy importancia a que una palabra me interpele como una boca abierta; y pongo entonces dos puntos. Me harto luego de esa mueca, y vuelvo a cerrar con punto final".(El relato de Fante lo obtuve de Soledad Franco, quien lo recibió de su padre, quien lo recibió de su abuelo Gabriel, vulgata de vulgatas inmejorable)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-5103088712424737142?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/5103088712424737142/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=5103088712424737142' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5103088712424737142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5103088712424737142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/02/john-fante-y-karl-kraus.html' title='John Fante y Karl Kraus'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-6134755394715978535</id><published>2007-02-10T06:09:00.000-08:00</published><updated>2007-02-10T06:11:52.284-08:00</updated><title type='text'>Kosinski y los fractales</title><content type='html'>Una anécdota irracional de mi padre&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Casi tres semanas antes de suicidarse, Jerzy Kosinski le envió en respuesta a mi padre una carta de página y media en la que rechazaba de plano su teoría de los fractales aplicada a algunos de sus libros. Mi padre era ingeniero matemático y devoto de los fractales ya que, según él, reproducían matemáticamente "las hermosas anomalías del universo con certidumbre específica". Mi padre hablaba inglés correctamente y algo de alemán, pero su pasión eran los números, los conjuntos y aquellos símbolos matemáticos que permitían establecer secuencias dentro del caos. Los fractales eran un verdadero pasatiempo para él. "Las nubes son fractales, las montañas, los ríos", repetía, como si con ello pudiera dar una versión mensurable a una noción tan compleja. Después de su muerte -la de mi padre-, me interesé por los fractales. Fue entonces cuando llegué a corregir el término. Yo hablaba de fractales como si fueran números. No lo eran. En realidad, la dimensión de un fractal no es un número entero sino un número generalmente irracional, algo así como un ente geométrico infinito. Un Monstruo, en una palabra, nacido de iteraciones de funciones complejas. Eso que se repite, pero idéntico a sí mismo. No llegué a interpretar gran cosa, apenas que la geometría fractal brinda descripciones matemáticas adecuadas para fenómenos naturales.Mi padre había leído con mucho esmero un par de obras de Kosinski, en especial Pasos y El pájaro pintado, y por un inmigrante polaco radicado primero en Argentina y luego en Estados Unidos, logró vincularse con el escritor nacido en Lodz. El amigo de mi padre y Kosinski eran vecinos, ambos vivían en Manhattan. El asunto fue que por intermedio de este hombre, mi padre mantuvo un breve intercambio epistolar con el autor de Desde el jardín, breve pero intenso, ya que fueron tres cartas las enviadas y tres las respondidas. Con mucha cordialidad, mi padre le expuso al escritor su excéntrica teoría: según él, tanto Pasos como El pájaro pintado reproducían de forma sutil y convincente la noción de los fractales; es decir, la de modelos infinitos comprimidos de alguna manera en un espacio finito. En la primera, mi padre le subrayaba pasajes de Pasos en los que el modelo "bellísimo y matemático" se condecía con la estructura narrativa de la obra, "fragmentada, es decir, fractal", según le hacía ver. De las tres enviadas, dos cartas, casi idénticas, alcancé a leer. Del novelista llegué a leer sólo la tercera y última. En la segunda, relativa a El pájaro pintado, mi padre le reiteraba su hallazgo con estas palabras: "Los episodios del personaje en medio de los horrores de la Guerra constituyen y se replican infinitamente en un espacio topológicamente definido". Luego le planteaba su criterio exponencial del término "Guerra"y se extendía sobre su concepción matemática del Monstruo y de la mención que la novela hace de Jerome Bosch (Hyeronimus Bosch), en cuyo tríptico de "El juicio final" el pintor le dedica un fragmento al Monstruo con un cesto. A continuación hacía hincapié en consideraciones específicas de los modelos en la dimensión de Hanssdorf-Besucovic. Jamás alcancé a leer las respuestas a esas dos primeras cartas, pero sí la última, fechada el 12 de abril, del escritor. En ella Kosinski hablaba de la geometría fractal y del empleo del modelo matemático para ser aplicado tanto a complicadas formas de la naturaleza como a cuestiones más complejas, incluso. Rechazaba de plano que sus libros tuvieran alguna aproximación a esa geometría, pero, como al pasar, mencionaba en cambio la noción del suicidio, insoluble a nivel filosófico, según decía, aunque quizá derivada de una iteración de funciones que "puede gozar de autosimilitud a cualquier escala". Fue una alusión que me llamó la atención. Jamás alcancé a leer la tercera carta de mi padre, ¿había hablado en ella del tema del suicidio? Me pareció raro. Unos pocos días después Jerzy Kosinski se suicidaba. Eso fue el 3 de mayo de 1991. Mi padre murió tres meses más tarde, acaso replicando o reproduciendo el modelo empleado por el escritor para alejarse de esta teoría de conjunto llamada mundo. Fue una duda que siempre me quedó.En aquellos años seguí leyendo a Kosinski. Busqué en otras obras suyas -El árbol del diablo, Cita a ciegas, Cockpit y Pinball (la más floja, sin duda)- similitudes con la probablemente descabellada teoría de mi padre. Nada. Tampoco las encontré en las novelas en las que él decía basar el modelo fractal. Acaso el Chance de Desde el jardín, trivializado de tantas maneras comparativas, se acercaba módicamente a la idea paterna: la del Monstruo que se replica infinitamente con sus limitaciones terrestres a través de la pantalla. Pero era un poco tirada de los pelos.Los conjuntos matemáticos, tanto como la impostación, fueron las otras grandes pasiones de Jerzy Kosinski. También el polo. Se había graduado en la facultad de Lodz cursando estudios en Física y Matemáticas. Muchas y contradictorias versiones han circulado acerca de su vida y de su obra. Algunas oscuras. Ninguna tan irracional como la de mi padre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-6134755394715978535?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/6134755394715978535/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=6134755394715978535' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/6134755394715978535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/6134755394715978535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/02/kosinski-y-los-fractales.html' title='Kosinski y los fractales'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-3417947587463222813</id><published>2007-02-10T05:32:00.000-08:00</published><updated>2007-02-10T05:25:30.968-08:00</updated><title type='text'>El museo de los esfuerzos inútiles</title><content type='html'>A propósito de publicar, leer y trascender&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En uno de sus más logrados textos, el poeta y ensayista mexicano Gabriel Zaid habla sobre Los demasiados libros. Con este sencillo título el escritor alude tanto a la inutilidad del libro como objeto de exhibición del saber (del enciclopedismo a los Círculos de Lectores), como al concepto libro en tanto ícono de prestigio cultural. Pero Zaid va un poco más allá. Se toma algunos tramos del ensayo para hablarnos de un hecho sintomático de estos tiempos: la pasión expositiva de muchos por convertirse en escritores antes que en lectores. Ecuación de la modernidad que expresa un desplazamiento histórico: de refugiarse en la lectura al muy actual encanto de mostrarse, ser leído. Se prefiere escribir cualquier cosa antes que la tarea y el placer intelectual de leer a otros. Zaid menciona de paso la falta de autocrítica por las cantidades desbordantes de títulos que aparecen en el mercado sin la más mínima exigencia de calidad. De todos modos, bien sabemos que ni es ardua ni es pasiva la lectura, sino algo peor e imperdonable en este mundo de hoy: anónima.Se trata de una inversión de términos, de un salto. ¿Cuantitativo o cualitativo? Muchas son las razones por las cuales parece preferible escribir a leer. Una de ellas, acaso la más extendida en el lugar común del inconsciente colectivo, nos advierte que no dejaremos huella de nuestro paso por estas tierras si antes no hemos convalidado el aserto estúpido de haber plantado un hijo, escrito un árbol, tenido un libro. No importan las cláusulas ni el orden: en cualquiera es imbécil. Zaid ve en esta tendencia de "los muchos libros para nada" un síntoma compulsivo de la época de la imagen: necesidad de figurar, ansiedad por el protagonismo, etc.Recientemente, en Barcelona, el crítico Diego Gándara me acercó vía mail un magistral sustituto expresivo acuñado por su mujer para estos publicadores sin juicio demasiado exigente: "los tala árboles", les llama ella. La industria editorial vuelca millones de toneladas anuales en papel de celulosa que, convertido en libro, finalmente los propios autores terminan distribuyendo o regalando entre amigos y conocidos. Productos que no han pasado por ningún filtro de selección editorial o de asesoría crítica pero que cumplen con el ominoso encanto de satisfacer el ego de sus autores. Tan sólo eso. En la imagen de la mujer de mi amigo la compulsión resulta directamente proporcional: "A más árboles talados, más vanidad".Hace ya muchos años Etiemble publicaba registros de la cantidad de libros que se editaban sólo en Francia y traducía esos números en árboles hachados. Las cifras eran estremecedoras. El libro del pensador luego hacía hincapié en la depredación que "en nombre de la cultura" se estaba llevando a cabo en todo el mundo. Libros, decía Etiemble, que en cuestión de pocos meses pasan al olvido. Mientras el planeta se degradaba, las cifras de la producción y del consumo cultural revelaban -y revelan- un creciente y a veces falaz optimismo. Suicidio feliz que expresa la altiva singularidad de la cultura libresca, aunque son detalles que casi nadie se ocupa en registrar. ¿Objeción? Etiemble hacía su objeción desde las páginas de un libro.Por evolución tecnológica y no por suerte, la computadora y los sistemas digitales han abierto un panorama alentador. Ya no es necesario papel para imprimir libros horribles, malos, innecesarios. Tampoco para imprimir los buenos, excelentes y necesarios. Aunque las áreas destinadas a la producción de papel son hoy por hoy producto de la reforestación y no de la tala indiscriminada, las variedades rápidas que se emplean en reforestar -bien que se sabe-, acidifican los suelos y lo degradan a ritmo vertiginoso. Igual o peor que desmontar. Claro que en contra del maravilloso soporte informático y de la impresión virtual aun persisten quienes se aferran al objeto libro con romántica nostalgia. Seres sensibles y posesivos, anclados en la peor expresión Gutenberg: "Al libro tengo que tocarlo". ¿Las ideas son inasibles? El sentido del tacto dice que no.En una inteligente nota de contratapa de "Perfil", semanas atrás Damián Tabarovsky mencionaba a quienes sueñan con la posteridad y terminan olvidados entre los anaqueles de perdidas librerías. "Los escritores sueñan con la posteridad, es casi un lugar común. Pero la posteridad es fantaseada como un éxito, una relectura masiva de su obra, una influencia decisiva sobre las siguientes generaciones (...)". La nota culminaba con aleccionadora ironía: mencionando ese instante mágico, eterno, en que se produce no tanto el hallazgo del objeto libro en un anaquel oscuro, sino cuando se establece el diálogo entre dos escritores que hablan de ese libro olvidado en el anaquel oscuro. Instante sublime y fugaz que dura lo que la conversación: cuando los escritores pasan a hablar de otro tema, el libro desaparece.Luis Chitarroni, en uno de los capítulos de su libro inédito Ejercicio de Incertidumbre, cita a propósito una experiencia personal. "Cada vez con mayor asiduidad debo fruncir el ceño -dice-, ante la abundancia de gente que presenta originales de novelas". Y se pregunta si ese ejercicio superfluo de posteridad no tendrá que ver con el género novelístico. Es lo que sugiere la tendencia: de la enorme cantidad de libros que se escriben, el género novela -acaso el más arduo por extensión y tiempo de escritura- parece ser el preferido. El concepto del marketing novelesco abriga los sueños de trascender de muchos. Suponen, con probada ignorancia, que una novela es más importante que un libro de cuentos o que un solo poema; que doscientas páginas son más valiosas que una imagen exacta, que un buen parlamento o que una acertada definición. La cantidad y el formato rigen los ideales estéticos de algunos, como si una conciencia del packaging, no de Zeno, obrara sobre su escritura. ¿Absurdo?. "Publique usted su libro". No importa qué, publique. También en cuotas se puede ingresar al mundo de las letras. Lo que no está mal.Hoy -decía el mexicano Gabriel Zaid en tono de burla- es más la gente que escribe que la gente que lee. El placer de la lectura ya ha dejado de ser placentero: todos quieren demostrar aptitud, casi nadie está dispuesto a recibir conocimiento. ¿Es tan ardua la lectura de un solo y buen libro o es que han cambiado los modos de leer? ¿O será sencillamente que el hábito de la lectura no promete fama ni éxito? En todo caso, ¿a quién le importa expandir o corregir la experiencia personal cuando el mundo, a la vuelta de la esquina, nos ofrece la autoría, salir del anonimato?Todos sabemos las diferencias: una cosa son los publicadores, otra los autores y una muy distinta los escritores. En un ensayo de Pamela Paul aparecido semanas atrás en el Book Review del NYT, la autora hacía referencia a "la creciente fragilidad de ego" de la mayoría de los escritores jóvenes, más pendientes del "qué dirán de mí" que del "cómo he escrito mi libro". Y, aparte de los libros, hacía alusión a los blogs como el medio más eficaz y tentador para caer en la trampa del yo. Como sea, caben más preguntas. O una última: ¿se leen entre sí los escritores o únicamente lo hacen cuando alguien, otro escritor o crítico acaso, ha escrito sobre ellos en algún medio? Parafraseando un título de Cristina Peri Rossi: en el museo de los esfuerzos inútiles la necesidad de figurar ocupa un espacio relevante, de privilegio. A los costados de ese inevitable museo, los pasillos con las bibliotecas de los libros que jamás leeremos. La entrada es libre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-3417947587463222813?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/3417947587463222813/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=3417947587463222813' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3417947587463222813'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/3417947587463222813'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/02/el-museo-de-los-esfuerzos-intiles.html' title='El museo de los esfuerzos inútiles'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-8955468071811074135</id><published>2007-02-10T05:24:00.000-08:00</published><updated>2007-02-10T05:16:20.178-08:00</updated><title type='text'>Depresión en espejo de tinta</title><content type='html'>A propósito de Esa visible oscuridad, de William Styron (1925-2006)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hace un par de días, mientras andaba por nacionapache, me asomé a la ventana que Piro había abierto sobre la depresión. A la tarde de ese mismo día me enteré que William Styron (1925-2006) había muerto en Martha's Vineyard. Hice el vínculo de inmediato: Esa visible oscuridad. Es el texto menos conocido y difundido del norteamericano, célebre por La decisión de Sophie, La larga marcha y, en menor medida, por Tendidos en la oscuridad y Pabellón especial. Sin embargo, cuando lo leí a comienzos de los noventa, me impactó doblemente. Primero porque lo había encontrado en la biblioteca que había sido de mi padre en una casa abandonada. Segundo porque mi padre lo había marcado en aquellos párrafos con los que él creía identificarse. La creencia es marca de parentesco. Como fuera, hacía apenas unos meses que yo me había reencontrado con él -después de casi dieciocho años de no saber nada de su existencia o inexistencia-, y pasados esos pocos meses, nueve o diez, él ya había vuelto a desaparecer. Entonces definitivamente. Cuando me avisaron que había muerto, sentí al revés: que ya tenía padre para siempre. Al tiempo me enteré que durante esos dieciocho años en blanco había padecido de depresión. No una, sino muchas veces, aunque el animal interior de la depresión es siempre el mismo. Vuelve o vive agazapado.Buscándolo entre los libros encontré Esa visible oscuridad, con sus marcas y anotaciones. Lo leí de un tirón. Lo seguí leyendo al cabo de los años, lo releo cada tanto. Es brevísimo. Styron lo escribió después de padecer una profunda depresión que se le despertó a mediados de los ochenta. Estaba en París cuando empezó a sentir los síntomas: certidumbre por la enfermedad y extrañeza por un recuerdo que volvía a hacérsele presente mientras caminaba frente a un edificio de fachada gris. Lo que refiere luego es la crónica de una agonía, la despiadada y lúcida descripción de la patología en sus detalles más ínfimos: temor, inseguridad, dependencia. De los insomnios iniciales a la disgregación, Styron traza un arco hacia la caída de lo que él llama "el vórtice del sufrimiento". Estuvo a un paso del suicidio. Así cuenta su experiencia:"La depresión que a mí me postró no fue del género maníaco -la acompañada de cúspides de euforia-, que con toda probabilidad se habría presentado en una época anterior de mi vida. Contaba sesenta años cuando la enfermedad me atacó por primera vez, en la forma unipolar, que lleva directamente al derrumbamiento. Jamás sabré lo que causó mi depresión, como nadie sabrá nunca nada acerca de la suya. Es probable que el llegar a saberlo resulte siempre una imposibilidad, tan complejos son los entremezclados factores de química anormal, comportamiento y genética. En suma, intervienen componentes múltiples -quizá tres o cuatro, muy probablemente más-, en insondables permutaciones. Por eso la mayor falacia en lo que respecta al suicidio está en la creencia de que hay una respuesta única inmediata -o tal vez respuestas combinadas- en cuanto a la causa de su perpetración. La inevitable pregunta de ¿por qué lo hizo? conduce por lo general a extrañas especulaciones, en su mayor parte falacias también".Este párrafo lo había marcado mi padre y, al costado, un signo de admiración. Otro que había subrayado dice así: "No cabe duda que cuando uno se aproxima a las penúltimas profundidades de la depresión -que es cuando se comienza a poner en obra el suicidio-, el intenso sentimiento de pérdida se relaciona con una clara noción de que la vida se escapa de las manos a paso acelerado". Esa visible oscuridad lleva por subtítulo "Memoria de la locura". El testimonio del escritor es tan despiadado como magistral. Pocos libros deben dar cuenta de la enfermedad con la percepción y sensiblidad con que lo hace éste. Styron no se suicidó, lo sabemos, pero entre los autores que menciona en el texto cita a Camus, para quien el suicidio es el único tema trascendente que la Filosofía jamás logró resolver. Una llave acompaña la siguiente frase del capítulo seis, y al lado dos signos de admiración: "Un fenómeno que ha observado cierto número de personas al pasar por estados de depresión profunda es la sensación de hallarse uno acompañado por un segundo yo: un observador fantasmal que, no comprendiendo la demencia de su doble, es capaz de mirar con desapasionada curiosidad mientras su compañero lucha contra el desastre que se le avecina o decide asumirlo".Dos días antes de morir, mi padre me llama por teléfono y después de algunas trivialidades se despide teatralmente, parafraseando el título de otro libro, uno que jamás encontré en aquella biblioteca: "Es la ceremonia del adiós", dice, y larga una carcajada.La verdad, nunca terminé de creerle: siempre fue un tipo demasiado irónico mi padre. El libro de Styron lo editó Grijalbo hace ya más de quince años. La colección es "El espejo de tinta".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-8955468071811074135?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/8955468071811074135/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=8955468071811074135' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/8955468071811074135'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/8955468071811074135'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/02/depresin-en-espejo-de-tinta.html' title='Depresión en espejo de tinta'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-1737223593325075401</id><published>2007-02-10T05:15:00.000-08:00</published><updated>2007-02-10T05:06:55.937-08:00</updated><title type='text'>Viejitas bomba</title><content type='html'>Muchos se asombraron con el caso de la mujer de 80 años que se ofreció en Gualeguaychú como abuela-bomba para interceder en el conflicto de las papeleras con el Uruguay. No es el primer caso. La historia de la humanidad registra varios episodios relacionados con la actividad de ancianas-bomba, la mayoría de ellos prácticamente desconocidos. El primero del que se tienen algunos antecedentes es el de Anna Van Oreth, de 78, que se inmoló durante la guerra anglo-boer al pie del monumento a la Confraternidad en Church Square, Pretoria. Van Oreth era de Egoli (Ciudad del oro), hoy Johannesburgo, y su acción tuvo como objeto llamar la atención de las autoridades por el comercio ilegal de oro y la trata de blancas que tenía lugar en el puerto de Vredenburg-Saldanha. Con esos dineros se financiaba el militarismo creciente y la guerra que entonces desangraba al país. Anna Van Oreth se suicidó haciendo explotar varias cargas de dinamita cosidas a su falda. Hoy una pequeña placa en Church Square recuerda a la dinamitera con la leyenda: "Por la paz". En sus memorias, Alfred Nobel le rinde tributo.Otra de las ancianas que se hizo volar por entero fue Mèlitova Ajmárina, anciana estonia de 86 que llevó a cabo su cometido en disidencia con el "gobierno-títere" de su país ante las exigencias y restricciones que imponían a la población los representantes del gobierno sueco en Tallinn, la capital de Estonia. Mèlitova se estrelló contra la sede parlamentaria de la ciudad de Pärnu en un accidente que costó la vida de 4 personas. Al igual que Anna Van Oreth, la octogenaria también empleó dinamita, pero Nobel -probablemente por desconocimiento, no por desinterés- nunca la consignó en sus memorias. En Pärnu, la "ciudad amable" de Estonia, una de sus principales avenidas hoy lleva su nombre.La actividad de las abuelas-bomba casi no ha sido tenido en cuenta por sus semejantes, a no ser por las volátiles crónicas policiales de la época. Y aún, pese a ello, pronto han pasado al olvido. Incluso en sus respectivos países de acción ¿Por qué? Acaso por lo avanzado de su edad, quizá por prejuicio, ignorancia, o tal vez porque muchos consideran que inmolarse a una determinada altura de la vida no es tanto un hecho heroico o de entrega, sino un acto de lisa y pura senilidad. Nada más erróneo ni tendencioso. En Tirana, capital de Albania, Zelma Tolek, con 96 años, se convirtió en antorcha humana frente a un nutrido grupo de turistas japoneses en abril del 94 para protestar contra los últimos resabios del sistema comunista en su país. Zelma se roció con fueloil en la bella plaza Skandenber y al sofocado grito de "Albania libre" se prendió fuego abrazada al monolito fundacional de Tirana. Tardó en consumirse por el combustible empleado, pero en la ciudad de Vöre, en el distrito central del país, de donde Zelma Torek era oriunda, hoy su ejemplo es recordado a cien metros de la Torre del Reloj con una leyenda que reza: "Z.T., al calor de la libertad". Sus últimas contorsiones fueron captadas por las Minolta de los turistas japoneses.No son los únicos casos conocidos. Una gran variedad de viejas-bomba, en lugar de tejer mañanitas o de adormilarse frente a la televisión, ha optado por entregarse a la causa autoexplosiva con total esmero y dedicación. Muchas, por la edad, han fallado a último momento. Eso es sabido. O han demorado el trámite o se les ha confundido el color de los cables o, es comprensible, por el temblor no han podido activar el detonante. Cosas de la edad. En nuestro país, por cierto, casi no hay antecedentes. Casi, porque si uno rasca un poco enseguida llega la duda: ¿no hubo un jubilado allá por los noventa que protestó por sus condiciones de vida ahorcándose a la vista de todos? ¿En una plaza? ¿Y fue uno o más de uno? La memoria falla cuando se aplica a la tercera edad. De todos modos, nadie o muy pocos los recuerdan. Son casos aislados. Senilidad, por supuesto. Es lo que pasa con los más viejos. Como sea, dicen que la vocación bomba en el sector pasivo de nuestro país está cayendo en desuso. Mejor. Nadie quiere eso para los abuelos. Para peor, Pami jamás llegaría a cubrir los gastos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-1737223593325075401?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/1737223593325075401/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=1737223593325075401' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1737223593325075401'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/1737223593325075401'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/02/viejitas-bomba.html' title='Viejitas bomba'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-5119479416672824441</id><published>2007-02-10T05:05:00.000-08:00</published><updated>2007-02-10T04:52:05.220-08:00</updated><title type='text'>Fenomenito</title><content type='html'>Dieciséis años después de su muerte, la obra del cubano Reinaldo Arenas continúa creciendo en prestigio. Recientemente, el director cinematográfico Manuel Zayas realizó "Seres extravagantes", un documental sobre la vida del escritor tomando como eje del film la voz del propio Arenas. "Mi nombre es Reinaldo Arenas. La primera novela que yo escribí se llama Celestino antes del alba..." Así comienza esta biografía fílmica del creador de El mundo alucinante, Antes que anochezca, El palacio de las blanquísimas mofetas, Otra vez el mar, El color del verano, El portero, acaso su obra menos conocida, y otras. Hay aspectos difundidos de la vida del escritor que la película retoma con el agregado de nuevos testimonios, como cuando tuvo que huir de Cuba como un "marielito" o cuando fue encarcelado por el régimen castrista en "El Morro" por sus ilícitas "actividades inmorales y contrarrevolucionarias" . En el documental lo recuerda su tío, Carlos Fuentes, homónimo del hollywoodense aunque campesino él, un hombre sencillo que frente a cámara admite que su sobrino "siempre tuvo inclinación sexual distinta". Fuentes señala también que "Reinaldo ya de chiquito tenía la costumbre de escribir en los árboles, ésa era una manía en él" (muestra un árbol, pero desde la lectura se pueden ver todavía las marcas en Celestino antes del alba, también las hachas en abismo tumbando esos mismos árboles), aunque su gran búsqueda fue la de su padre. "Un hombre apuesto, alto, trigueño", a quien Reinaldo sólo vio una vez en su vida y a quien finalmente localizan en la película. La madre del escritor, Oneida Fuentes, brinda por cierto un testimonio tan sincero como parcial al confesar: "Yo nunca lo comprendí a él ni él logró comprenderme a mí", y añade: "En la familia no hay nadie que haya leído sus libros, no les gustan sus libros, no es lo que ellos esperaban que escribiera". Según la mujer su hijo llevó una vida muy amargada y "no fue capaz de entender la revolución, que lo ayudó mucho". La ayuda que le brindó la revolución fue encarcelarlo por su orientación sexual, instándolo a "reeducarse moralmente" y obligándolo a convertirse, como ha dicho Arenas en más de una oportunidad, en "una no persona".El documental nos recuerda la inicial adhesión del novelista a la causa revolucionaria y su casi inmediato desengaño. Reproduce en este sentido un discurso de Castro en el que habla de "cierto fenomenito extraño que se está dando en La Habana, sus protagonistas son elementos que atentan contra la obra del pueblo ya que hacen ostentación de sus desvergüenzas y son seres extravagantes...Que no digan luego que no estaban advertidos". La amonestación en tono de amenaza le sirve a Zayas para titular el film. Algunos de estos "extravagantes" participan en la película, como los escritores Antón Arrufat y Delfín Prats. Una intervención final de Prats, señala: "Para Oneida, la madre de Reinaldo, fue más duro leer su autobiografía que recibir la noticia de su muerte". En Antes que anochezca, por cierto, mejor que las anécdotas se leen el dolor filial y la segregación sexual que Arenas padeció toda su vida. Lo más significativo es que ambas cicatrices responden a una misma herida.Cuando Arenas fue expulsado de Cuba llegó a Miami. El régimen se liberaba de un grueso contingente de indeseables. Sus vínculos, sin embargo, estaban en Caracas. Por ese entonces La editorial Monte Avila, orientada por Juan Liscano, le publicaba alguno de sus textos, entre ellos el muy transparente y anárquico Celestino antes del alba. El sello también le brindaba ayuda económica. Arenas escribía febrilmente, en una letra caótica y desmembrada. En una de sus tantas cartas (hoy conservadas y fechadas en Princeton), dice: "Son tantas mis furias, que a veces se me vuelven en contra, son tantas mis furias que tengo que desplegarlas". El ímpetu para la bronca fue otro de sus acompañantes. Con sus inclinaciones sexuales el progresismo moralizante hizo una leyenda: la palabra políticamente correcta con la que lo designo fue "promiscuo". De Miami, Arenas fue a Nueva York, donde terminó sus días, suicidándose en 1990. En El portero retrata a modo de fábula sus sentimientos y rechazos hacia la gran ciudad. Algunos de los habitantes de ese edificio donde Juan, el cubano exiliado, hace de portero, sintetizan sus rechazos: cafiolos impotentes, seudo científicos, propagandistas marxistas desde las comodidades del capitalismo, etc. La fábula -suerte de revolución en la granja-, la encarnan los animales. Son las mascotas las que llevan la voz contante de la novela. Hay sin embargo una obra en la que Reinaldo Arenas depositó enorme intensidad y ternura, Arturo, la estrella más brillante (Montesinos) nouvelle prácticamente no distribuida en nuestro país en la que desde los elefantes regios a los que apela en sus primeros movimientos hasta las últimas imágenes, traza la parábola de la escritura y el lenguaje trópico para ahuyentar los temores y encierros en una prisión que convierte la promiscuidad sexual en cláusula liberadora. Es uno de los libros más bellos de Arenas, uno de los más sentidos de este "fenomenito" que brilló y pasó fugazmente entre nosotros. Había nacido en Holguín, Cuba, en 1943.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-5119479416672824441?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/5119479416672824441/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=5119479416672824441' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5119479416672824441'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/5119479416672824441'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/02/fenomenito.html' title='Fenomenito'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-2424750163268519159</id><published>2007-02-10T04:49:00.000-08:00</published><updated>2007-02-08T12:42:52.693-08:00</updated><title type='text'>La memoria nos vuelve pasión</title><content type='html'>Las cosas verdaderas no se suelen recordar hasta que han pasado varios años. "Transcurren varias décadas hasta que pasamos por una habitación a oscuras donde alguien murió, y entonces oímos el sonido del mar, las palabras de antaño". ¿Cuánto ha pasado desde que el capitán se marchó de ese coto de caza y castillo en Hungría, al pie de los Cárpatos, para volver a oír las palabras de antaño? Relativamente poco para la reacción del recuerdo del general, su ex amigo: cuarenta y un años y cuarenta y tres días. ¿Y qué los reúne después de ese espacio de tiempo? El sesgado recuerdo de una mujer, Krisztina, y el nunca emancipado enigma de una traición amorosa atravesado por un crimen que jamás se cometió.&lt;br /&gt;Dos hombres -el general en su castillo, el capitán que regresa del extremo Oriente a ese castillo- se reencuentran en el escenario verbal de lo que fue un vínculo amoroso, Krisztina, para evocar palabras y las claves de una relación en sombras. El engaño y la duda lo mueven al general; el desarraigo y la convicción, en cambio, animan al capitán para volver a esa escena de caza que en mil ochocientos noventa y nueve no se produjo. ¿Quién debía matar a quién por amor? El capitán al general. Pero la presa siguió viva y ahora, cazador y presunta víctima engañada, se vuelven a encontrar en un duelo de confesiones cuya recompensa es existencial. Krisztina ya ha muerto y los dos hombres, en este último encuentro, libran la batalla coloquial de un instinto, un secreto, y, por cierto, ninguna posesión. ¿Hace falta? Más que Krisztina, el sentido último de sus vidas cobra relieve gracias a nombrarla en términos de una pasión. O de un fervor de memoriosos. Ese fervor puede ser un nombre femenino, un amor casi olvidado, o un instinto último y decisivo para la sobrevivencia. "No conocías esa extraña pasión, la más secreta de todas las pasiones de la vida de un hombre, la que se esconde más allá de los papeles, disfraces y enseñanzas en los nervios de cada hombre, en lo más recóndito, como se esconde el fuego eterno en las profundidades de la tierra. Es la pasión por matar. Somos humanos, para nosotros es ley de vida el matar. No podemos evitarlo...Matamos para defender, matamos para conseguir, matamos para vengarnos...¿Te ríes? ¿Te ríes con desprecio?...¿Te has convertido en un artista y se han refinado en tu alma todos estos instintos bajos y brutales?...¿Crees que nunca has matado a ningún ser vivo? No estés tan seguro (...)"&lt;br /&gt;Cuarenta y un años y cuarenta y tres días atrás, quien habla, el general, estuvo bajo la mira del arma del capitán, amante de Krisztina, mujer del general. Por qué no disparó es parte del enigma que acucia al hombre para reunirse en una última cena con su ex amigo y rival. La otra parte del enigma, el secreto que se devela en los últimos tramos de la novela, es la misma evidencia del secreto: de haberse producido el disparo, no hubiera existido tal pasión. ¿Pero qué es lo que anima a toda pasión? Antes que nada, lo no formulado, el misterio. No una mujer o un hombre, no Krisztina en este caso, ni siquiera una voluntad o una convicción: el deseo, ese misterio irrefrenable, es lo que finalmente nos mantiene vivos, en estado de alerta y espera. Como en la ceremonia de una "cacería a la aguada", los rivales se han estado esperando y acechando durante más de cuarenta años para emboscarse en la ronda final de diálogos que estructuran la historia. El final provoca en el mundo concreto de ese castillo en decadencia al pie de los Cárpatos un único e imperceptible movimiento: volver un cuadro a su lugar. El general da la orden. Nini, la nodriza, obedece. "Ya no tiene ninguna importancia", dice el general. No hace falta saber de quién es ese cuadro.&lt;br /&gt;Sándor Márai (1900-1989) nació en Kassa (ex Hungría, hoy Eslovaquia) y murió en San Diego, en los Estados Unidos. Vivió un tiempo breve en Alemania y Francia y en 1948, con la llegada del comunismo a su país, se radicó definitivamente en los Estados Unidos. Su obra estuvo prohibida en Hungría durante décadas. Eso hasta que a un sello editor italiano, Adelphi, casi cincuenta años después se le ocurre volver a colgar un cuadro en su lugar: fin del secreto, aunque póstumo. En Italia El último encuentro trepó a las listas de más vendidos y Márai fue reconsiderado mundialmente. Si la busca de la verdad es la causa eficiente de esta historia, mucho más lo es el pacto con el lenguaje, que hace que estos dos hombres se despidan con un apretón de manos después de haber dirimido palabras, frases, conceptos y vacíos de información acerca de un crucial instante en sus vidas. En la obra de Márai, los sucesos desconcertantes del pasado son motivo para que la memoria, principio y final, ejerza su tracción existencial. Sólo así se dimensiona, recuperando. Como si el presente fuera, antes que otra cosa, un eterno espacio sin olvido. Es aquí, sólo aquí, donde el pasado se dirime y se torna expresión. Pueden ser nimios esos sucesos, pero trascienden y se acrecientan en la estación del demorado reencuentro final. Algo similar ocurre en La herencia de Eszter y en La mujer justa. No son los triángulos amorosos del húngaro planteos emocionales sino, en todo caso, esquemas argumentales propicios para que diferentes versiones confronten. Nada más. En El último encuentro no demasiado ocurre después de la confrontación. O sí: el misterio de una pasión se ha consumido, como una señal, como un gesto mínimo sobre la frente del anciano. Ya no queda pasado, difícil proseguir.&lt;br /&gt;La precisión es la riqueza idiomática de Márai, exquisitamente contenido y perturbador, probando, como buen narrador, que puede herir y revelar con lo justo, sin esfuerzos estilísticos, descubriendo los pormenores que entraman y dan sentido a una historia. "El lenguaje peculiar y simbólico de la vida nos habla de mil maneras distintas, todo sucede para llamar nuestra atención, lo único que falta es comprender cada señal y cada imagen", dice el general. Márai lo hace, es un descifrador avezado. Aunque se imponga la tarea con cierto énfasis grave, de afectación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-2424750163268519159?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/2424750163268519159/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=2424750163268519159' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2424750163268519159'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/2424750163268519159'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/02/la-memoria-nos-vuelve-pasin.html' title='La memoria nos vuelve pasión'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116946558033843142</id><published>2007-01-22T03:26:00.000-08:00</published><updated>2007-01-22T03:33:00.626-08:00</updated><title type='text'>Simulacros de Cultura</title><content type='html'>Nota de Fernando Molle aparecida en Eñe (Clarín)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Potente e irónica, &lt;em&gt;Cultura&lt;/em&gt;, de Gabriel Báñez, es una historia donde los funcionarios utilizan su puesto como una coartada para figurar, malversar y atornillarse a su puesto. &lt;em&gt;Cultura &lt;/em&gt;es una novela que retrata con temible comicidad el mundo de la burocracia cultural. &lt;em&gt;Cultura&lt;/em&gt; tiene un protagonista: los dos se llaman Ibáñez, pequeño funcionario, escritor de cabotaje y editor municipal: "Por aquellos días tanto él como yo veníamos en franco descenso, con la oscura certeza de ya no tener nada que esperar y con la secreta convicción del fracaso en la pista. Ni él había logrado mucho como escritor y editor, ni yo había logrado mucho como escritor y editor".&lt;br /&gt;Cultura es también la historia de una guerra entre funcionarios culturales, una caterva desopilante de pequeñas miserias humanas. "La Cultura", aquí, es una coartada para figurar, malversar, atornillarse al puestito. Es una función, una actividad de y para funcionarios y, sobre todo, un código. Rebajada a una jerguita miserable, los ingredientes de "La Cultura" son: un poco de chamuyo marketinero, algo de corrección "educacional" y una pizca de la psicología conductista más ramplona. Lo demás son estrategias, serruchadas de piso, reagrupamientos y trapisondas. Dice un funcionario: "Nos van a cortar la cabeza, Ibáñez, hay que organizar algo (...) Cualquier cosa, lo que sea, algo que tenga que ver con la cultura..."&lt;br /&gt;La novela, en las anotaciones del alter ego del autor, opone posmodernidad a autenticidad. Se es uno en el ámbito de la realidad laboral, y otro en el de los excluidos que mantienen sus convicciones. La "locura", la escisión de Ibáñez, sería la única forma de salvaguardar algún resquicio de dignidad. Como si el signo de los tiempos posmodernos y globalizados habilitara casi exclusivamente para el cinismo, el oportunismo, el simulacro y la oligofrenia. Idea esta última de trazo grueso y por demás subrayada a lo largo de todo el relato.&lt;br /&gt;Aún bajo el peso de estos supuestos un poco simplistas (a menos que se los imputemos al pobre Ibáñez), &lt;em&gt;Cultura &lt;/em&gt;es una novela potente, que tiene algo para decir y que lo dice con un muy experimentado manejo de los planos narrativos. Escenas enloquecidas de un relato astillado -apuntes de un medicado-, y un circo ambulante de funcionarios bufos. Como Arcángeles Cepeda -la Gorda Globalizada-, insufrible mandamás municipal, para quien todo era "dinámico, integrador y movilizante"; la orgánica Poetisa Madre, versificadora vitalicia del municipio; el temperamental Rupestre Pérez Gil, artista plástico regresado del exilio, fundador del MUCLACO, Museo Clasista Contemporáneo, y el Anarquista Estatal, activista de escritorio. Las instituciones que los agrupan tienen el peso específico de un sello de goma y remiten a siglas risibles: "La batalla cultural quedó reducida entonces a las siguientes siglas. Por un lado el MUPIPA junto a la COMAPLA, la PIA y la ACAMUMU; por el otro, el MUCLACO en alianza con el MOGUTU y la SAE".&lt;br /&gt;Gabriel Báñez, autor de &lt;em&gt;Virgen, Paredón paredón&lt;/em&gt; y otras novelas que no conocieron aún demasiada circulación, muerde fhasta el hueso de un micromundo no muy transitado en la narrativa reciente. Con algunas excepciones: &lt;em&gt;En otro orden de cosas&lt;/em&gt;,. de Fogwill -que casi nadie leyó y es una de las mejores novelas argentinas de esta década-, explora este tema, si bien de modo tangencial. Siguiendo con Fogwill (otra de sus novelas es &lt;em&gt;Vivir afuera&lt;/em&gt;) y volviendo a Báñez, ¿es posible "vivir afuera" de los simulacros de "La Cultura"? El sufrido Ibáñez, en el amargo final, parece responder que no.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116946558033843142?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116946558033843142/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116946558033843142' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116946558033843142'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116946558033843142'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/01/simulacros-de-cultura.html' title='Simulacros de Cultura'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116816593306400195</id><published>2007-01-07T02:29:00.000-08:00</published><updated>2007-01-07T02:32:13.376-08:00</updated><title type='text'>Enfiestadas</title><content type='html'>Aportes científicos para una patología de origen viral&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Acaba de ser distribuido en nuestro medio un texto de indudable rigor científico que aporta nuevos elementos de juicio y valor para la comprensión de un tema espinoso, sin duda tan polémico como permanentemente menoscabado: la infidelidad femenina. El libro pertenece al género divulgación y lleva por título Paradigmas y pulsiones en la mujer enfiestada. Su autor es el psiquiatra e investigador Murney Cáceres, quien lo elaboró luego de meses de trabajo apoyándose en los descubrimientos de laboratorio que hace un par de años se efectuaron en la Universidad de Maryland sobre el comportamiento del agente LP-S-14, más conocido como "virus de la enfiestada". En el libro, Murney Cáceres no sólo efectúa una minuciosa descripción del citado virus sino que incluye un anexo con los últimos avances de la comunidad científica en la materia así como testimonios de mujeres afectadas viralmente, fruto de un trabajo de campo llevado a cabo durante el año 2005 en ciudad de Panamá, de donde el profesional es oriundo.&lt;br /&gt;Una de las primeras cuestiones que llaman la atención del virus LP-S-14 son sus características bioquímicas de comportamiento. "El virus de la enfiestada -señala Cáceres-, puede permanecer aletargado durante años, generando en la portadora la inequívoca convicción de que su sistema inmunológico lo ha rechazado. Nada más falso -subraya el autor-, el LP-S-14 posee en sus enzimas un productor molecular activo conocido como RTF (uno de los cientos de supresores neuronales que se encuentran en la región límbica de la corteza cerebral), cuya misión a nivel sináptico es crear la llamada inversión conductual de la afectada. En un rango de estima social -aclara-, a las mujeres que alojan el LP-S-14 en su organismo se las exalta atributivamente con un sinnúmero de virtudes y bondades, lo que es tan erróneo como comprensible: al incidir sobre la actividad neuronal de sus víctimas, el agente inhibe la resistencia de los anticuerpos (MT1) generando la llamada conducta asintomática o ejemplar. Mujeres más bien tímidas, hacendosas y modositas que apenas si llaman la atención o tienen vida social mediocre o nula, bien podrían estar enfiestadas hasta la médula", señala el Dr. Cáceres. "El virus -precisa el especialista- debe su resistencia a las biomoléculas (bm-2) que lo componen, y no existen hasta la fecha evidencias científicas que permitan inferir por qué o cuándo se torna activo".&lt;br /&gt;Paradigmas y pulsiones en la mujer enfiestada es un texto riguroso que se abre asimismo a la doble perspectiva del historicismo psicoanalítico, aportando ejemplos múltiples y documentados de mujeres enfiestadas a lo largo de la Historia. Las referencias psicoanalíticas de casos célebres no se pueden obviar. Destaca Murney Cáceres en este aspecto: "Son harto conocidos los ejemplos clínicos de Freud, casos reverenciales de la literatura psicoanalítica tan célebres como El Hombre de los Lobos o Dora. Sin embargo, pocos han hecho hincapié en el caso Vera la Mosquita Muerta, primer antecedente objetivo de una paciente enfiestada cuyos síntomas precipitaron un abordaje equívoco". Cáceres nos recuerda que el propio Sigmund Freud admitió epistolarmente su pifia: "Le erré feo -admite con total honestidad intelectual en una de sus cartas a Lou Andreas-Salomé-, confundí histeria con algo probablemente orgánico aun no descubierto, no sé, para mí que es bacteria o virus...". Aunque sus presunciones estaban bien encaminadas, la historia del pensamiento moderno demuestra palmariamente que se han cometido numerosos errores con relación al invasor recientemente detectado. Acaso el equívoco más extendido haya llegado hasta nosotros por la vía del lenguaje caprichoso: al LP-S-14 se lo denominaba hasta no hace mucho fiebre uterina, luego ninfomanía y, más reciente y eufemísticamente, trastorno de la conducta sexual. En el capítulo "Lexicografía del enfiestamiento", Murney Cáceres incluye una larga lista de bajezas idiomáticas, producto todas de la ignorancia. No hace falta consignarlas.&lt;br /&gt;El tramo más concluyente es no obstante aquel que el investigador panameño reserva a su trabajo de relevamiento testimonial. Más de un centenar de entrevistas le permiten formular algunas consideraciones de base: "Lo primero a tener en cuenta -dice-, es que el enfiestamiento se puede producir a cualquier edad. Sin embargo -advierte-, no es lo mismo una mujer de 30 que una de 50". Para Murney Cáceres, cuando el LP-S-14 ataca a las de 50 produce daños irreparables, de difícil acceso terapéutico, puesto que el virus ha desarrollado anticuerpos y es autoinmune en sus cíclicas mutaciones, presentando variaciones morfológicas del enfiestamiento social, profesional, deportivo, laboral, religioso, cultural, etc." Cita a continuación una evidencia contundente: M. L., anciana de Belice de 102 años, enfiestada hasta que murió. Pero no aclara la fecha de su deceso. Luego señala que estos casos son "rarezas de la bibliografía clínica". También nos recuerda que el ritmo de vida moderno propende a la proliferación del virus, creando las condiciones necesarias para su desarrollo y expansión. Una de las dificultades que presenta el microorganismo agresor es su alta resistencia a ser aislado. Comenta al respecto el Dr. Murney Cáceres: "Los métodos de la bioquímica molecular empleados para su aislamiento aun no han dado los resultados previstos, ello es así porque el virus enfiesta todo lo que toca; de todos modos, los investigadores continúan trabajando".&lt;br /&gt;El capítulo central del ensayo ("Detección y etiología") está dedicado a la difusión y toma de conciencia del mal, ya que uno de los primeros aliados de este agente no es patógeno sino cultural. "Cuanto más sepamos del LP-S-14, más comprometida será su expansión y sus días estarán contados". A continuación, se hace una pregunta clave: "¿Cómo reconocer a una enfiestada?" Es crucial entender que aunque el virus tiende a enmascararse, hay rasgos que los íntimos y familiares de las infectadas deben aprender a interpretar. Murney Cáceres los expone según dos etapas o fases, como él las denomina. La fase 1 incluye: ansiedad, cambios de humor, vida social muy activa, tendencia a gastar dinero, cuidado excesivo del cuerpo, pantalla solar, tenis, cirugías estéticas, reuniones con amigas o ex compañeras de colegio y muchos mensajes de texto en el celular. Luego -señala-, en la fase 2 aparecen los rasgos del comportamiento degenerativo más profundo: amabilidad, buen humor, inclinación a las tareas del hogar, sentido del ahorro, súbita aptitud para las artes culinarias (el autor aquí también incluye lavado, planchado y jardinería), criterio comprensivo en una amplia variedad de temas y, fundamentalmente, menor emisión de palabras y obediencia ciega al criterio del cónyugue o compañero. "Lo más temible de esta fase 2 -advierte el profesional panameño-, es la rotunda constatación del ideal de mujer perfecta. Cuando ellas lo alcanzan, ya es muy tarde para nosotros". El capítulo siguiente está dedicado a las Madres ejemplares, paradigmas, subraya, del "enfiestamiento negro o perverso". El tramo posterior se ocupa de las auto-enfiestadas o mujeres invertidas que se adosan a las de su mismo sexo: "No son lesbianas como antiguamente se creía -explica-, son pacientes bajo los efectos del retrovirus 41-S-PL".&lt;br /&gt;Las palabras finales de su exhaustivo y esclarecedor trabajo están dedicadas, no podía ser de otra manera, al género masculino: "Deseo que mi humilde aporte científico sirva de sustento moral y espiritual a la inclaudicable legión de cornudos que pulula en el planeta Tierra, esa masa anónima e infinita en constante expansión, siempre pujante y renovada. El objetivo central de mi libro no ha sido otro que el de sepultar prejuicios e ignorancia, arrojando luz sobre un tema siempre latente pero pocas veces asumido y discutido con la seriedad y el rigor profesional que merece. Gracias al descubrimiento del LP-S-14, y a la ímproba y silenciosa tarea de los científicos de Maryland, hoy los cornudos de toda índole podemos quedar en paz con nuestras atribuladas conciencias. Está claro entonces -concluye- que no éramos nosotros los culpables: el virus asintomático las había enfiestado. Tengamos esperanza, no está lejano el día en que lo podamos derrotar".&lt;br /&gt;El Dr. Murney Cáceres dedica Paradigmas y pulsiones en la mujer enfiestada a su amada esposa Jennifer: "A quien con desvelo y constante amor inspiró mi vida e hizo posible durante todos estos años mi vocación de entrega a la labor médica y profesional".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116816593306400195?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116816593306400195/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116816593306400195' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116816593306400195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116816593306400195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2007/01/enfiestadas.html' title='Enfiestadas'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116653218255759387</id><published>2006-12-19T04:33:00.000-08:00</published><updated>2006-12-19T04:43:03.566-08:00</updated><title type='text'>Noticias del cuervo sobre el busto de Palas</title><content type='html'>Del libro inédito &lt;em&gt;Ejercicio de incertidumbre&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Luis Chitarroni&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No es justo empezar este recuento de mi carrera de 20 años de editor sin evocar algunos episodios de mi guerra de escritor contra los editores.  Este oficio o género desmedido  tiene que,  a fin de cuentas, considerarse desde las dos posiciones en el tablero.&lt;br /&gt; Agrupo a  los más detestables en la categoría “editores adversos”. Los he simplificado en tres tipos, de acuerdo con mi poca habilidad para reducirlos y jibarizarlos , a la que no contribuye una siempre renovada sed de venganza.  No voy a nombrarlos, claro, aunque por obtusos y negados que sean, leyendo se reconocerán.&lt;br /&gt; El primero reúne  con exquisita falta de delicadeza todos los requisitos o emblemas exteriores del editor profesional –pipa concienzuda, aire de distracción, foulard-, pero ni uno solo de los atributos. Tenía que escribir yo para el tribunal de su mirada un artículo sobre Marcel Schwob y me aconsejó que lo hiciera con esmero. “Como si escribiera sobre mi padre”, pidió.   En mi memoria despótica quedó para siempre fijo el escenario de este pedido: la redacción ruidosa a nuestro alrededor, las manos blandas de suplicante de este jefe de redactores/editor, el aire de imperturbabilidad copiado de Mr Hulot, una mancha del almuerzo en su camisa impecable.&lt;br /&gt; Como yo no conocía al padre del caballero, me tomé el pedido al pie de la letra. Escribí sobre Schwob de acuerdo con la recomendación lamborghiniana “como quisiera que nadie escribiera sobre mí”. Acataba, con una temeraria indiferencia y un alarde de falsa erudición, la orden/consejo, el error vocacional del siguiente lector de esa nota. La leyó ante mí en el mismo escenario ruidoso, con una especie de carraspera desaprobatoria que coreaba cada uno de mis renglones con ahogada mala fe. “Le dije que escribiera como si escribiera sobre mi padre..., y esto es  un galimatías sin pie ni cabeza, con información parásita que nadie le pidió”. No quedé desolado. Tenía en mi poder una primera regla, que siempre respeté: “No imponer efusiones sentimentales propias al que escribe. Predispone,  incluso en sujetos tímidos y sumisos,  a la desobediencia diametral.”&lt;br /&gt;  El segundo tipo es más gravosos,  porque gozaba –o todavía goza- de lo que se dice “una reputación”. En Buenos Aires, en la Capital Federal, una reputación nunca viene sola sino con anécdotas que en general poco tienen que ver con  la reputación en sino  con la enfermiza ignorancia de los sujetos que exaltan a estas nulidades, pero...  Registro la propia. Como este editor  sabía que yo escribo “difícil” (eran tiempos, Dios mío, en que estas taradeces parecían admisibles),  supervisaría él mismo (se trataba también de un editor de redacción, no de libros)  lo que yo le entregara. Supongo  que su impostura tenía límites: sabía  él bien  que no era quien creía ser, pero a mí esa entelequia ontológica me dio un trabajo bárbaro.  Cada mención, traducción o cita de algo se  convertía de inmediato  para él en el motivo de una competencia  que le desordenaba la biblioteca proporcional, llena de libros inútiles.  La mía  suele  permanecer impasible, porque las citas que no recuerdo de memoria, en caso de no estar haciendo un trabajo de rigurosa exactitud,  las invento. &lt;br /&gt; Pero  lo que maltrataba con más celo eran mis alusiones. Cada renglón de intimidad con mi lector ideal era anulado fervorosamente  por su sumisión a la musa del despiste. Cuando yo me refería a un poeta imaginado por un novelista –el John Shade de Pálido fuego, por ejemplo-,  él creía que se trataba de Edgar Lee Masters (escritor más competente, me doy cuenta ahora, para redactar el epitafio de ambos, el de él y el mío, que para calificar  nuestra miserable contienda por  un fulgor verbal.&lt;br /&gt;  Supongo que, aparte de las anécdotas de los bobos, la reputación la había cimentado él mismo, porque  se oía en éxtasis, casi no hacía otra cosa. Para eso había cultivado una  de voz de bajo falsa, llena de ronroneos y vacilaciones que, si bien no describían el estado permanente de confusión mental, simulaban que su obstinada arrogancia se permitía algún ejercicio de incertidumbre. Había hecho la escuela de un editor oriental igualmente sobrevalorado  (las leyendas orientales son un prodigio de exageración que se desliza de Alí Babá a Clemente Colling), pero el reglamento del viejo maestro, y las impugnaciones adheridas por añadidura, pertenecen  exclusivamente al reino de la superstición tipográfica. Digamos que por hoy no cuenta.&lt;br /&gt; El tercer tipo es penoso. Mi  gusto por incluirlo no está exento de odio. Se trata de un sujeto cívica y moralmente inmundo, que todo quiere canjearlo o negociarlo. Ha trabajado de ghost writer (o de negro, como dicen españoles y franceses)  durante años, y el hecho de ocupar ahora un lugar para el que nunca se preparó no es una ventaja. El agravio que tales ágrafos producen no se limita al repertorio bobalicón de prescripciones  que les han inculcado (supresión de gerundios, adverbios y adjetivos “visibles”) sino a un concepto  que invalida su desempeño profesional en cualquier disciplina que tenga que ver con la estética, puesto que una ortodoxia primitiva los  ayuda a creer que hay una sola manera de hacer las cosas.&lt;br /&gt;      Vamos al grano. Este señor fofo e inmaduro del tercer tipo, mezcla de tonto característico y adiposo genital, censuró más de dos veces mis calculados esfuerzos por escribir un libro a pedido. Lo hizo con vaguedades, sin ningún rigor formal, con imprecisiones meteorológicas del tipo “me parece demasiado frío” y  apelando a un comité de lectores de pareja –ya que superior es imposible- ineptitud intelectual.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Lo cierto es que esas tristes experiencias han sido, en mi caso, recompensadas con creces por editores generosos e inteligente. Esto incluye muchas mujeres, un harén de editoras  sabias, cuyas  insinuaciones implican siempre el grado justo en el que algún regodeo superfluo o la cargosa insistencia de una idea recurrente  (en un mundo que los débiles llenamos de palabras)  obliga a mostrar la hilacha. Son editores que saben, que nos cuidan, que  ayudan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;  Una vez instalado en el escritorio de editor,  también es frecuente la queja. Creo que Javier Marías detectó una cantidad muy razonable de razones para no escribir novelas y salvó una –pero una inmejorable, que ya no recuerdo-  para hacerlo. Lo cierto es que una pregunta se ha instalado hace tiempo en mi ceño, donde la ausencia de un tercer ojo es ostensible,  y relumbra con intermitencias, haciéndome perder la calma. Es: ¿por qué tantas personas que no terminaron de leer una novela se obstinan en escribir una novela?&lt;br /&gt; Sin ironía, perplejo, me repito esa pregunta. Ensayo respuestas insatisfactorias. El mandato sarmientino sobre escribir un libro no exige que el libro sea una novela. ¿Por qué, entonces,  una novela? ¿Por qué no un libro en cualquiera de los géneros que el los géneros diversos ofrecen? ¿Por qué abogados, médicos, editores, ex modelos, modelos,  niños prodigio, holgazanes de cualquier laya, más que ocupados empresarios,  actrices, dobles de cuerpo y de riesgo, aprendices de cualquier oficio, orfebres quieren escribir una novela?&lt;br /&gt; Tal vez la idea del escritor idealizado, decimonónico, persista en, como decían los locutores ascendidos a estudiantes, “nuestro imaginario” (a veces complementan las palabras con ese gesto que consiste en pellizcar el aire, como si los tecnicismos y las términos tomadas a préstamo estuvieran condenados a esta preventiva sospecha de inanidad o falta de asistencia verdadera). El escritor es, pues, sigue siendo, Dumas, Tolstoi, Dostoievski, Dickens, todos grandes novelistas.   La idea  de ese hombre con un mundo a cuestas es lo que nos gusta. Y  es por eso que nos obstinamos en escribir una novela, aunque no las leamos. ¿Qué leemos? Porque a los editores argentinos nos consta desde hace más o menos veinte años que, con contadas excepciones, las novelas son un fracaso. Podemos enumerar un montón de razones –ficciones que la eficacia narrativa del cine cuenta mejor y más rápido, distanciamiento de los jóvenes del abecedario del teclado, reemplazo del teclado por la omnipotencia del mouse-, y una sola para persistir editando narrativa, una sola  que apela a cierta nostalgia o remordimiento en nuestra relación con la cultura.&lt;br /&gt;  Pero la pregunta salta, arrasa los matorrales del argumento, vuelve a instalarse ante nuestros ojos como un felino hipnótico: ¿por qué incluso los virtuosos del  mouse quieren escribir novelas?&lt;br /&gt; Suficiente por hoy.  Quedan las anécdotas para otra ocasión.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116653218255759387?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116653218255759387/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116653218255759387' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116653218255759387'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116653218255759387'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/12/noticias-del-cuervo-sobre-el-busto-de.html' title='Noticias del cuervo sobre el busto de Palas'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116531500314130535</id><published>2006-12-05T02:33:00.000-08:00</published><updated>2006-12-05T02:37:05.873-08:00</updated><title type='text'>La cisura de Rolando - Cap. II</title><content type='html'>Vivíamos en un barrio humilde de las afueras, y a la mañana había que ir a la escuela pisando la escarcha. A mí no me gustaba romperla, caminaba esquivándola. El ruido de la escarcha me recordaba los acúfenos. Al colegio fui hasta cuarto grado. Después de perder la voz me llevaron a una escuela especial, pero no para resentidos. La "Escuela Especial", así la llamaban, iba con mayúsculas y era para especiales con problemas en la cabeza. A casi ninguno de mis compañeros se les notaba lo que tenían. Eran retrasados con aspecto normal. Lo que sí, pegaban. La mayoría tenía la costumbre de atacar por la espalda, dos o tres babeaban apenas y después estaba yo. A mí me habían prohibido anotar, me obligaban a pronunciar sonidos y los demás estaban obligados a entenderme. Algunos días me pasaban grabaciones y discos de música. Los lunes, miércoles y viernes tenía gabinete especial con una fonoaudióloga con medias caladas que buscaba excitarme. Se alzaba las polleras y se sentaba en una silla para enanitos para que yo pudiera advertir la posición de sus labios y la lengua. "Efe fricativa, efffeee", pronunciaba mientras me tomaba de los hombros y me apoyaba contra sus rodillas. Yo repetía chillidos de mono tití. Al final de la clase siempre me quedaba la duda. No sabia que las mujeres se echaban perfume detrás de las rodillas. Un día se lo pregunté a mi madre y me arrancó la hoja y la tiró al tacho de la basura. "Las putas", dijo.&lt;br /&gt;En el barrio me decían primero "El mudito", después "El mudo" y un poco más tarde, cuando me puse los largos, "Mudo de mierda" o "Mudo hijo de puta". A mí me gustaba "Mudo hijo de puta", me hacía sentir poderoso. Las hermanas de mi madre, en cambio, me decían Roli, Rolo, Rolando, según. Eran seis, todas mujeres ásperas y de campo, con un carácter que mi padre había bautizado burlonamente como "el despotismo afectivo". A despotismo la pude ubicar. A cuál más insoportable, cada una de ellas tenía sus mañas sin embargo.&lt;br /&gt;Después de mi madre, que era la mayor, venía Sonia, una mujer bella, alta, de facciones angulosas y presencia de trueno. Llevaba la voz cantante y, como no había querido tener hijos para no estropear su figura, cada tanto venía a casa para ver "cómo marchaban las cosas". Daba órdenes, matoneaba un poco, como decía mi padre, y luego se marchaba con la satisfacción del deber cumplido. Durante esos días yo era una especie de muñeco de ventrílocuo.&lt;br /&gt;-Está flaco -le decía a mi madre-, ¿qué le das vos de comer? Porquerías, seguro, porque sino no estaría como está. Mirálo, parece una saraca.&lt;br /&gt;Saraca fue una de las palabras que más me quedaron de la infancia. Nunca la encontré en el diccionario, pero para mí Saraca era una especie de larva o de planta anémica, sin ninguna posibilidad de sobrevivir. Desde el primer día la escribí con mayúsculas, como nombre propio. Para Sonia, yo era una Saraca por culpa de mis padres. En cuanto se enteró de mi problema, dijo: "Al principio hablaba y ahora no. Es mi culpa, yo tendría que haber venido más seguido a esta casa". Para mis tías, las culpas dominaban el cielo de la existencia: accidentes, catástrofes, desgracias, muertes, azar o carambola, todo se debía a las consecuencias de un mal obrar. Las culpas no nos perdían pisada.&lt;br /&gt;Mi otra tía, Carmela, era la menor. No era tan linda, pero en las fotos salía bien. Mostraba fotos de sus hijos, de la familia de su marido, de los aniversarios, de las fiestas de Navidad, de los cumpleaños, de la casa. "Sos muy fotogénica", le decían las hermanas. Tenía un álbum enorme de cuero y luego colecciones que ordenaba por fechas en un bargueño donde también guardaba las muñecas de sus hijas mellizas a medida que iban creciendo y las abandonaban. Familias enteras dormían en ese mueble. En cuanto recibía visitas, la tía Carmela desplegaba las fotografías en abanico y había que repasar una por una. "Las estaciones del vía crucis familiar", así las llamaba mi padre, que siempre traía expresiones nuevas a casa. Lo peor eran los comentarios de la tía: "Esta la tomamos el día de la despedida de P."; "aquella la tomamos cuando vino H."; "esta otra fue para el bautismo de J.". Podía estar horas mirándose. Tenía en la cabeza un calendario y al dorso de las fotos, las fechas con el lugar y la hora en que habían sido tomadas. Mi padre se burlaba: "hogar y armonía", repetía, pero la verdad era que para la tía Carmela todo siempre se presentaba "maravilloso" o "mejor imposible". De todas mis tías, era la que condensaba mejor que ninguna la ignorancia de la familia. Yo la rechazaba porque me hacía sentir un incapaz.&lt;br /&gt;-¿Todavía no habla? ¿Qué cosa, no? ¿Y no tiene solución el chico?&lt;br /&gt;Me decía "el chico". Era hiriente y un poco despreciativa, sobre todo cuando me comparaba con el resto de su familia retratada. Pero algo le debo y tengo que reconocerlo: la abominación por las fotografías. Abominación es palabra pura y exclusiva de mi madre. Ella comparte ese sentimiento: "Detesto las fotografías", suele repetir, pero no sé por qué. Yo en cambio las odio por múltiples razones, pero primero y principal porque me recuerdan que esos que aparecen en el álbum son los que se van a ir muriendo. Con las palabras es distinto porque aunque uno las escriba no se dejan retratar. Y por más que se escriban, siempre se las puede tomar de cualquier manera. Las palabras se mueven, las fotos no.&lt;br /&gt;Eugenia, la tía del medio, era bien distinta a Sonia y a Carmela. Ella jamás nos visitaba porque estaba casada con un diplomático de carrera. Nos miraba por encima de los hombros y hablaba con entonación nasal y desentendida. A nosotros nos consideraba inferiores. Un día le escuché decir que mi padre era un tirifilo, y desde ese día le tomé odio. Tampoco encontré tirifilo en el diccionario, pero jamás la escribí con mayúsculas. Eugenia era docente y madre y eso, para mí, resultaba atroz. Palabras de mi padre: "Nada más atroz que una madre ni nada más tenebroso que una docente". En Eugenia se reunían las dos virtudes. Una sola vez vino a casa y miró con asco las macetas del pasillo y el recibidor con los sillones de mimbre y la mesita de caña.&lt;br /&gt;-¿Aquí no tienen living-room, Erminia?&lt;br /&gt;Mi madre se puso colorada y contestó algo con medias palabras. Yo me sentí más insignificante que un diminutivo. Esa noche no pude dormir, dejé prendida la luz y me pasé toda la noche mirando las paredes descascaradas, el cielorraso estrecho, los muebles baratos que se amontonaban a los costados de mi cama. No dormía en un dormitorio, pero nunca antes había sentido vergüenza por mi lugar. Fue la primera vez que algo me acobardó. Creo que me duró varios días. Vivíamos en una casa chorizo modestísima que alquilábamos a un señor Kuruch que venía cada fin de mes a cobrarnos enfundado en un perramus color azul, lo mismo daba que lloviera o hubiera sol. Mi padre decía que Kuruch almorzaba y cenaba chukrut con ese impermeable para no ensuciarse, que era una orden de la esposa. Mi padre sabía de comidas raras, pero yo odié con la misma familiaridad a Kuruch, a mi tía Eugenia, a mi padre y a mi madre. Eso me hizo crecer. Aunque nunca, hasta el día de hoy, pude superar la vergüenza de la palabra living-room. Cada vez que me digo living-room siento odio y vacío. Esa noche hubo pelea y mi padre prohibió el ingreso de cualquier miembro de la familia de mi madre a casa. "Nadie es menos por el lugar en que vive", repetía.&lt;br /&gt;El resto de mis tías no tenía casi incidencia porque vivía en el interior del país, y por las cartas que le enviaban a mi madre mucho no se hacían notar. Yo creo que la letra escrita nos hace más llevaderos. Pero lo de la tía Eugenia produjo sus efectos: a la semana siguiente mi madre entró en un ataque neurasténico -neurastenia es otra de las palabras que me quedó, la empleaba mi padre para referirse a mi madre-, y se le dió por colgar las perchas con la ropa de mi padre de los apliques, de los cables que colgaban con los foquitos de luz del techo y de los contramarcos altos de las puertas. La casa quedó convertida en una selva de pantalones, camisas, pijamas y calzoncillos, y para ir del baño a la cocina había que abrirse paso entre la espesura del algodón y el wash and wear. Era la época del wash and wear, de las camisas lavilisto y de la serie Jim de la Selva en el canal 7, y a mí el decorado me gustó porque se parecía a las lianas entre las que andaba Johnny Weismuller. Pero duró lo que duraba la serie: media hora. Esa noche hubo gritos y fajina. "Tu padre es un sarnoso -me explicó a la mañana siguiente mi madre, más serena-, a nosotros nos hace vivir en una covacha pero a la otra bien que la tiene con todos los lujos". Covacha es linda también.&lt;br /&gt;Cada tanto mi madre le pegaba a mi padre, pero era para encarrilarlo según decía. Mi padre era un hombre de buen humor, un poco irónico y extravagante, pero inteligente. Había estudiado cuatro años de Medicina y había abandonado, y también había dejado inconclusas algunas obras de teatro porque, según afirmaba, a último momento había advertido que se las habían plagiado. Aplicaba inyecciones en el barrio y a la tarde se marchaba a trabajar en el Patronato del Leproso. Ya no se usa la palabra "patronato", pero a mí siempre me sonó bien. Cuando estaba de buen humor aullaba en el pasillo y recitaba de memoria pasajes del Eclesiastés, pero no creía en Dios. Luego se reía con convulsiones y terminaba tosiendo. No necesitaba de nadie para reírse, y eso a mí me gustaba mucho. Mi madre afirmaba que era un desequilibrado y un putañero. Y algo de razón tenía: una mañana vino a casa con una muchacha bastante más joven y me la presentó como su novia. Mi madre estaba pasando unos días en Río Negro, donde vivía Dorita, otra de sus hermanas. La mujer se agachó para darme un beso, pero yo le extendí la mano. Ella sonrió y me acarició el remolino. Mi padre seguía la escena con una mueca de orgullo y satisfacción. Yo ni gesticulé.&lt;br /&gt;-Ella se llama Margarita -dijo mi padre-, es mi novia y es detective.&lt;br /&gt;Margarita le dio un beso en la mejilla y se aferró a su brazo. El le susurró al oído que yo no hablaba.&lt;br /&gt;-Hijo -prosiguió mientras se acomodaba el saco y tomaba compostura-, traje a Margarita a casa para que la conozcas y para que sepas que ella va a ser como una madre postiza para vos.&lt;br /&gt;Luego aulló, tosió y continuó:&lt;br /&gt;-Te la quise presentar porque uno de estos días te va a llegar la tarjeta de invitación.&lt;br /&gt;-Nos vamos a casar -dijo la mujer detective con cara de idiota.&lt;br /&gt;Yo no le hice caso: siempre que me decía "hijo" en un tono impostado era una burla, una burla a la solemnidad, como él decía.&lt;br /&gt;A los dos días la que llegó fue mi madre y lo primero que hizo fue leer el cuaderno con mis apuntes. Cometí el error de haber sido demasiado fidedigno, como me reprochó después mi padre. Lo molió a palos y le tiró los sillones de mimbre por la cabeza. Él corría por el pasillo y reía como un chico. Pero a las dos semanas el asunto de la novia detective estaba olvidado.&lt;br /&gt;A partir de ese episodio empecé a torcer los detalles de las cosas verdaderas. Si anotaba por ejemplo que me habían cambiado la medicación, exageraba y extendía los apuntes con la prescripción de una probable lobotomía o con una operación en la que me iban a levantar la tapa de los sesos para aplicarme corriente eléctrica a 220 voltios. Empecé a reírme de mis ocurrencias y a notar que no era tan diferente de mi padre, después de todo. Escribiendo disparates la mudez se me olvidaba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116531500314130535?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116531500314130535/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116531500314130535' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116531500314130535'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116531500314130535'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/12/la-cisura-de-rolando-cap-ii.html' title='La cisura de Rolando - Cap. II'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116272670336363731</id><published>2006-11-05T03:34:00.000-08:00</published><updated>2006-11-06T03:16:51.330-08:00</updated><title type='text'>La cisura de Rolando</title><content type='html'>Novela inédita (adelanto del capítulo 1)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;"Se leer, pero no llego a ver el texto. Si tuviera los brazos un poco más largos, podría hacerlo. ¿No tendrá usted un chimpancé para que me ayude?".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Groucho Marx&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Escribo porque no puedo hablar. A los 11 años me detectaron en el lóbulo anterior del cerebro una mancha apenas visible que me alteró el habla. De aquel momento recuerdo la voz del médico que mencionaba "una zona adyacente al área de Broca". Al lugar lo ubiqué después, por mis lecturas. En aquel momento escuché área de Broca y pensé en un barrio. Luego el médico habló de la materia gris con toda tranquilidad y dijo algo de una "cisura de rolando". Eso sí me impresionó. La voz me llegó con defectos de ortografía, pero unos meses después pude corregirla gracias a un libro de medicina de mi padre. Es una rara enfermedad, casi extraordinaria, que se manifiesta en unos pocos en todo el mundo. Yo soy uno de esos pocos. Progresivamente y en pocos meses se pierde el habla y con ello las habilidades fonéticas: es como si el cerebro enviara órdenes incompletas a los músculos que producen la voz. Uno no llega a articular palabras. Apenas se pueden alcanzar unos pocos sonidos guturales, muy finitos, como de chillidos de chimpancé. "Cisura de rolando", repitió el médico esa mañana en el hospital.&lt;br /&gt;Mi madre se había tomado del borde de la camilla y sollozaba mirando hacia una ventana que daba a una casa de jardín extraño, con cemento en las áreas donde debería crecer el césped y pequeños senderos verdes que comunicaban con una gran plataforma gris a los costados. Una media docena de círculos con pedregullo se abrían en el cemento para dar lugar a troncos de árboles jóvenes sostenidos por tutores. Desde arriba, el jardín parecía un barco en un dique seco. Mi padre se frotaba la calva y sonreía con una mueca burlona. "Y qué se puede hacer", preguntó sin signos de interrogación, como entregado. El médico dijo un par de frases que no llegué a entender y luego se quedaron hablando a solas, en un rincón. Enseguida mi madre me señaló la puerta y nos marchamos. Mientras aguardábamos a mi padre en el pasillo, ella me emprolijaba los mechones de pelo y no dejaba de acomodarme el gabán azul a la altura de los hombros. Creo que en esa época a los gabanes se les decía paletó. Cuando salió mi padre, hizo un gesto con la cabeza y caminamos hasta el fondo del corredor. Bajamos los dos pisos de la clínica en silencio. Yo hubiera preferido el ascensor. En la vereda, él comentó algo relacionado con la sabiduría y el silencio. Pero le salió en forma de chiste. Mi madre no dejaba de llorar y de frotarme el remolino de la cabeza. Por aquel entonces yo tenía miedo de quedarme calvo.&lt;br /&gt;El consultorio del médico estaba en un segundo piso y al salir a la calle, casi sin querer, reconocí la ventana desde donde había visto el extraño jardín. Pero al jardín no se lo veía: daba a los fondos de una vivienda que tampoco alcancé a ubicar. Durante el viaje de regreso a casa, ninguno de los dos dijo nada. Ese mediodía almorzamos en silencio, hasta que al final de la comida mi padre arrojó un plato contra la pared y mi madre me arrastró hasta el dormitorio. Luego hubo una gran pelea que escuché con el oído pegado a la puerta. Es raro, tengo un oído poderoso y puedo escuchar conversaciones a gran distancia, aún en medio del tránsito y las bocinas. Pero cuando me pongo nervioso llegan los acúfenos y es como si se me deslizara nieve por los tímpanos. Mi madre me ha dicho que su madre los tenía y que ella también. También me ha dicho que tengo que acostumbrarme y aprender a ignorarlos, a pensar en cosas lindas, porque ella ha sabido de gente que terminó suicidándose por los acúfenos. Hay gente que los siente como taladros eléctricos o como silbidos interminables, con agudos en muchas escalas, y hay quienes los padecen como grillos, pájaros, tambores largos o amoladoras contra el metal. Hay muchas clases de acúfenos. Yo siento nieve bajando por los oídos. Será por eso que la detesto, aunque nunca la vi ni la toqué. Mi madre pronuncia acúfenos, como palabra esdrújula, pero hay gente que se contenta diciendo acufenos, sin acento.&lt;br /&gt;Yo le doy importancia a esas cosas: las comas, los acentos o los puntos pueden hacer una gran diferencia. Las comillas también. En el cuaderno de notas repaso cada frase que escribo, luego corrijo. Prefiero el cuaderno al idioma de las señas. La mímica de los sordomudos me repugna. Hace años hice una lista con las cosas que me repugnaban, pero después me di cuenta de que lo que había hecho era una tabla de resentidos, con varias escalas según la falla. La anoto en presente porque creo que sigue teniendo importancia: el primer lugar es para los rengos, no hay nada más resentido que un rengo. Son irrecuperables. Después están los petisos, que tapan el resentimiento con prepotencia y soberbia. Siguen los sordos, que tienen un resentimiento disimulado en el mal humor, y después vienen los sordomudos, un poco menos resentidos porque el resentimiento lo disimulan entre varios. Si uno les presta atención va a notar que los sordomudos casi siempre andan en grupo, por eso parecen más sociables. Pero no. Hay que saber desconfiar. Los resentidos del quinto lugar son los paraliticos, que se hacen los amables pero son controladores y dominantes, de lo peor. Los ciegos vienen después. Son cálidos y babosos, pero siempre traicioneros. Un baboso que no ve es doblemente baboso. A los mancos de nacimiento nunca los anoté porque es una variedad rara, pero yo conocí a uno con el brazo esmirriado y reseco que era puro rencor. Robertito se llamaba, aunque al diminutivo se lo pusimos por temor. El temor se vale de los diminutivos. La escala de resentidos funciona si no hay lástima, si hay lástima se viene abajo. No sirve. En los cuadernos yo anoto estas cosas para no tenerme lástima. En los mudos solos me anoté yo: Rolando puse y nada más. Algunos cuadernos son más importantes que otros.&lt;br /&gt;El primero que recuerdo no era mío, lo traía a casa la Chica Avón, con las fotos de los productos que había que encargar y el precio por debajo. La Chica Avón venía una vez por mes y mi madre la esperaba siempre arreglada, con el pelo firme por los ruleros de la noche anterior. A la mañana se lo retocaba con spray. Se sentaban en el recibidor y conversaban y reían. Mi madre hojeaba la revista y yo permanecía de pie, espiando detrás del contramarco del dormitorio las piernas electrificadas de la Chica Avón. Esperaba el momento en que las cruzara o las descruzara, el roce de sus medias producía unos segundos de estática. Hace poco leí que la costumbre de cruzar las piernas es una costumbre de las mujeres árabes, en ese entonces no sabía. Tampoco sabía que existían los amperímetros. Mi madre entonces se levantaba y me tironeaba de los pelos, la Chica Avón reía con unos ojos brillantes y renegridos mientras me despedía con un beso en el aire. A la noche yo soñaba con ella. Después me llevaba el cuaderno Avón al baño, me encerraba, y me tocaba. La Chica Avón no estaba en el cuaderno, pero con las fotos de los perfumes y las cremas a mí me alcanzaba. Mi padre una vez me descubrió con el cuaderno Avón en el baño y algo debe haber imaginado porque se puso a reír a carcajadas mientras le comentaba a mi madre que era por la edad. "Lo hace por carácter transitivo", repetía entre risotadas. Después busqué transitivo en el diccionario, pero no lo encontré. Esa noche mi madre se sentó en el borde de la cama y me habló. No recuerdo qué me dijo, pero sí que era importante dormir con las manos afuera de las sábanas. Incluso en invierno.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116272670336363731?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116272670336363731/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116272670336363731' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116272670336363731'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116272670336363731'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/11/la-cisura-de-rolando.html' title='La cisura de Rolando'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116239564538524791</id><published>2006-11-01T07:39:00.000-08:00</published><updated>2006-11-01T07:40:45.973-08:00</updated><title type='text'>Masa básica</title><content type='html'>A propósito de El lector, de Bernhard Schlink&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cada tanto vuelvo a recorrer los ambientes de una novela austera, sombría, magistral. Bernhard Schlink la plasmó hace unos diez años y aunque en castellano (Anagrama) ya va por su undécima impresión, su primera tirada es de los noventa. Sin embargo, cada vez que abro las páginas de El lector tengo la misma sensación: la historia de Hanna y Michael pertenece a un libro anterior, antiguo quiero decir. Como si Schlink la hubiera calcado de un clásico, pero, también, como si la suya fuera una versión absolutamente original. Cuando la leí por primera vez sentí el mismo déjà vu: de libro conocido. Y no. O sí. Acaso porque en el imaginario de todos nosotros debe haber una memoria común, única, a la que de tanto en tanto recurrimos para no desapercibirnos. Con los libros debe suceder algo similar, algunos obran de antecedente para que otros logren desarrollarse tiempo después. Una masa básica, digamos, harina y agua, que luego tomará distintas formas y sabores aunque reconociendo un origen común.&lt;br /&gt;El argumento es de una irreprochable sencillez: Michael (15) conoce a Hanna (36) en la calle, ella le ayuda a reestablecerse y a lavarse -Michael ha sufrido una descompostura-, y unos días después él retribuye el gesto enviándole flores a la casa. Se enamoran. Hanna desaparece. Unos años después (segunda parte), él la reconoce en un juicio a cinco mujeres nazis acusadas de haber cometido atrocidades en los campos de concentración. No hay dudas: es Hanna. Ella es sentenciada, condenada a cadena perpetua. Años más tarde frau Hanna Schmitz se ahorca. Entre tanto han pasado cosas elementales: Michael ha proseguido su carrera de abogacía, se ha casado con Gertrude, ha tenido una hija, se ha separado de Gertrude. Un último encargo debe cumplir Michael con el dinero que Hanna ha guardado durante sus años en prisión: entregárselo a la hija de Hanna, que vive en NY. Michael lo hace. Ese dinero va finalmente a la Jewish League. Final edificante y pobretón, pero es lo de menos.&lt;br /&gt;Volvamos a la masa básica: una historia de amor atravesada por la culpa y el horror. La duda que fermenta en el Michael que evoca la relación tiene el germen necesario, aunque obvio, para mantener la trama en alza: ¿quién era esa mujer de quién se enamoró? Lo más superficial libra un esplendido reposo mientras el bollo crece: El lector es novela sobre la lectura y los libros. Un manual emocional sobre el alma humana que despierta en cada párrafo de las historias que el "chiquillo" le leía a la mujer de 36 antes de hacer el amor. Las marcas de las lecturas en voz alta han quedado en ella. En reclusión Hanna seguirá leyendo -ya ha aprendido a hacerlo por sí misma-, y también hará algunas anotaciones y objeciones a esos clásicos que devora. Pero -y aquí sube el sabor de aquel eros amasado en las tardes de la casa de la Bahnhofstrasse-, ella no los toma como clásicos, sino como sus contemporáneos. Algunos apuntes al vuelo: "Schnitzler es un perro ladrador y poco mordedor", "Stefan Zweig lleva el rabo entre las patas", "Las poesías de Goethe son pequeñas estampas", etc. Dice Bernhard Schlink a través del relato de Michael: "Me sorprendió ver que hay mucha literatura antigua que se puede leer como si fuera de hoy; alguien que no sepa nada de historia puede creer que todas esas costumbres de tiempos pasados son en realidad las costumbres actuales de tierras remotas". Está hablando, por supuesto, de ese regusto clásico que prevalece en el paladar de algunas lecturas. También, por elevación, de su propio texto. En medio de tantos libros de culto sobreestimados por sus alardes verbales y sus planteos teóricos, de vez en vez vuelvo a este lector llano y nada elitista. Que es ameno en el sentido más arcaico y tradicional del término. Que tiene el mérito, además, de no ser novela inteligente. Está tan bien contada como escrita: harina y agua. Receta sencilla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116239564538524791?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116239564538524791/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116239564538524791' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116239564538524791'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116239564538524791'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/11/masa-bsica.html' title='Masa básica'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116229967057116665</id><published>2006-10-31T04:55:00.000-08:00</published><updated>2006-10-31T05:01:11.210-08:00</updated><title type='text'>El gran marxista</title><content type='html'>Leer a Groucho Marx sigue siendo un placer del que se privan muchas casas de estudios y de enseñanza media. No puede ser de otra manera: ni el gag ni el absurdo o el disparate derivado del juego con el lenguaje entran en la currícula,  en los módulos o -más modestamente-, en los programas. Y si entran, lo hacen por supuesto sin el autor. Es decir, de la mano de investigadores tan serios como canonizados y por la puerta de la solemnidad, a través de ensayos adustos que interpretan tal o cual enunciado en el marco de tal o cual modelo teórico. Las excepciones son rarísimas, o se dan por la vía del doble absurdo, como el de esa muchacha que analizaba la obra de Boris Vian a la luz de los ensayos del nonsense y de los planteos existenciales en la literatura francesa de posguerra, pero del autor nada. No había leído ni el Rompecorazones, ni La espuma de los días y ni un mísero poema. Es lógico: el humor no tiene planes de estudio porque, sencillamente, no se sabe qué hacer con él.&lt;br /&gt;     Groucho, más que un comediante, fue un adelantado a su tiempo. La clave para interpretarlo académicamente podría comenzar -ya que de él se trata-, por una irreverencia: la de su innato marxismo. "Quiero aclarar de entrada que no soy candidato a nada. Me gusta hablar claro. Esa campaña de Marx vicepresidente nunca contó con mi apoyo, ni ha llegado muy lejos". La burla política es la de un perdedor. En "Plumas de caballo" (Time, 31 de agosto de 1932), la inexacta biografía lo pinta así: "Si los miembros de administración de Princeton o de cualquier otra universidad en busca de decano se hubieran reunido el pasado mes para elegir a un nuevo director, con seguridad no habrían elegido a Groucho Marx. Le falta el estilo, el aspecto y la erudición que el puesto exige". Cierto, nunca dio el tipo. En "La filosofía marxista según Groucho" (Memorias de un amante sarnoso, Tusquets), una de las reediciones más cercanas junto con el ABC de Groucho, de Stefan Kanfer  (Del Nuevo Extremo y RBA), el hombre, efectivamente, hace un repaso de sus postulados más serios: el no ser candidato a nada; la miserabilidad como arte divino (tan divino como la limpieza); la suerte como paradoja del éxito; el talento como una destreza de la ignorancia y la poligamia como un fin en sí mismo.&lt;br /&gt;    El modernismo retrasado de los tiempos le da a alguno de estos postulados una vigencia irreprochable, por ejemplo cuando cita a Schopenauer sin haberlo jamás leído. "No hay ni una sola palabra de verdad en la frase de Schopenauer, pero mencionarlo me da mucha más seguridad". En el último punto de su decálogo, sin embargo, se acerca peligrosamente a estos días. Allí se ocupa del cuerpo, punto central de su filosofía marxista. Y comienza por reconstruirlo en autopartes, como si se tratara de un vehículo de la industria de Detroit. De los dientes a los pies, del pecho a los brazos y de allí al pelo, la estética que propone su ideología es absolutamente actual. "Podría seguir enumerando indefinidamente los monstruosos errores de la naturaleza, pero tengo poco tiempo y, si mis lectores me examinan con honradez, podrán ver que me he quedado corto".&lt;br /&gt;    Aunque ha tenido y sigue teniendo un capital en sketches, el juego de las paradojas es el que más le gusta a este ideólogo, son tantas como inclasificables. Pero fue en la ironía donde jugó el mejor partido. Hablando de la cultura letrada, dijo muy sensatamente: "Fuera de los límites de la raza canina el mejor amigo del hombre es el libro; dentro de los límites del perro no hay suficiente luz para leer". El gag, el verdadero gag en Groucho, nace de su punto de vista. Jamás oteó desde un plano superior, siempre lo hizo desde abajo: el perfecto perdedor, el amante despechado y mal entrazado, el memorioso sin memoria o el artista sin ningún don. En sus cartas revela en profundidad esta perspectiva, poniendo al descubierto su verdadero sitio, el del artista de variedades eternamente ninguneado por productores. "Quieren que haga de clown, no los entiendo, me quieren sin máscara para que me presente ante el público y no haga nada, ¿puede alguien pagarme por lo que sencillamente soy?". Pero es en las cartas a los hermanos Warner donde se revela su mejor sentido del sin sentido, su humor como recurso ante la desesperación. En ellas no sólo y descarnadamente habla del dolor de ser un chiste caminando, sino de la condición del artista, siempre sometido a equívocos, constantemente perdidoso en un mundo material y nada transigente con la burla. Muy pocos interpretaron el arte de la entrevista, que Groucho estilizó como pocos; menos los dardos que sensiblemente le lanzaba a la industria. "Los Marx somos un grupo de desfachatados dispuestos a que nos utilicen, pero antes debemos firmar". Uno de sus tormentos, sin embargo, fue el lastre del humor: "Hay quienes imaginan que debo hacer reír de forma constante, no saben lo que supone acarrear con este chiste".&lt;br /&gt;    La obra de Groucho -sostenida tanto por Gummo, Harpo, Zeppo y Chico- debería leerse menos como una improvisación y bastante más como una teoría del arte contemporáneo: cruel, doloroso, perdedor, brillante y cercano siempre a ese mundo circense donde las máscaras son máscaras y no pretenden imponerse como un recurso actoral. Lo que escribía afloraba en sus gestos, nada de lecturas ni de subtextualizar. El dominio magistral de la escena fue su campo de atracción, el que lo hizo célebre; el otro, acaso el más intenso, anida en sus obras, en sus breves ensayos radiofónicos, en el tenor de algunos artículos y en el desorbitado enfoque de sus postulados. No es una ideología como para tomársela en pasatiempo. Es demasiado seria y profunda, nacida en tiempos de la gran depresión.&lt;br /&gt;    "Confío en que mi artículo estará lo suficientemente plagado de inexactitudes como para que lo publiques en tu pasquín".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116229967057116665?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116229967057116665/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116229967057116665' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116229967057116665'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116229967057116665'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/10/el-gran-marxista.html' title='El gran marxista'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116222003516105689</id><published>2006-10-30T06:50:00.000-08:00</published><updated>2006-10-30T06:54:07.526-08:00</updated><title type='text'>Islas -Acerca de Jardín de cemento de Ian McEwan-</title><content type='html'>Una isla estaba esperando a Robinson Crusoe para permitirle el pacto de la sobrevivencia. Parece claro que ella lo encontró a él. En el principio, la soledad del personaje gobierna cada uno de sus actos. Hasta que la isla náufraga es restituida por Crusoe debido a un montón de recursos: el territorio se torna habitable. William Golding hace otro tanto en El señor de las moscas, sólo que el número de personajes que reciben al pedazo de tierra en medio del mar ahora ha crecido: son varios. Y son jóvenes. No es que las islas tengan hélice, como la de Verne, es que el mundo se ha ido poblando. Las islas náufragas no se multiplican tanto como los hombres. Es una percepción extraordinaria: siendo idéntico, el mundo parece achicarse. Cada vez menos hay que salir: la aventura está adentro de nosotros mismos. En el Jardín de cemento, de Ian McEwan, el mundo ya es un suburbio, y las islas son tan inmóviles y limitadas que ocupan un pequeño espacio de tierra en el fondo de la casa. Cementarlas parece casi obligado. Esa acción fundacional la emprende el jefe de la tribu. Sin embargo, apenas se abre el texto, el padre muere. No mucho que lamentar: el clan sobrevive al moderno Crusoe. A su manera, como en anteriores naufragios. Lo que significa que el territorio insular de la familia podrá andar a la deriva, pero no se extingue. Asume nuevos rituales, privados, cada vez más restringidos. Los robinsones de McEwan están ahora tan emparentados que son hermanos. En este modelo de organización juvenil el territorio familiar reformula algunos códigos. Son otros, no podía ser de otra manera. Lo que sí queda claro es que a pesar de la muerte del jefe, eso llamado familia ni cede ni muere. Persevera bajo otras formas. La de Crusoe fue una familia insular; la de Golding, más nutrida y numerosa, también. La de McEwan no podía estar lejos de este concepto. Claro que para salvarse los jóvenes debieron construirla. Esta vez con cemento. De las mutas a los clanes, de los clanes a las tribus y de éstas a los centros urbanos, el principio de territorialidad no cede. Cambian las huellas, el espacio es otro. "Cuando agarré la tabla y me puse a alisar con cuidado la huella de mi padre en el cemento blando y fresco, mi impresión se había desvanecido". Es la última señal del paso por este mundo del padre de Jack, el joven de quince años que cuenta la historia de Jardín de cemento, la primera novela de Ian McEwan, la más desconocida del excepcional narrador inglés y, felizmente, con reedición bastante reciente entre nosotros. Los obreros acaban de descargar quince bolsas de cemento en esa casa de los suburbios londinenses, el padre las recibe, pero el proyecto de refaccionar el jardín queda trunco. Con la tragedia, el resabio de culpa parece hacerse presente en Jack: "Yo no maté a mi padre, pero a veces me he sentido como si hubiera contribuido a ello", confiesa el joven en la apertura del libro. Resabio temporal, sin embargo.El ritmo cotidiano de la casa prosigue. Hasta que enferma la madre y queda postrada en cama, escaleras arriba. La patrona no baja, y los cuatro hijos -Julie, Jack, Sue y Tom- deben afrontar tanto las obligaciones escolares como la realidad de la vida exterior y las situaciones que a diario se les presentan. El desafío parece intenso. Ya no hay protección en la isla, aunque tampoco límites ni restricciones. Los códigos del mundo infantil y adolescente invaden el territorio tradicional de la institución flia y la recién estrenada organización establece otros códigos, por ejemplo: el juego ya no representa un espacio de expansión temporal en la vida de los cuatro adolescentes, sino que se impone como un ritual común de sobrevivencia. Con el sexo ocurre otro tanto: descomprime restricciones y tabúes y se manifiesta sin estridencias ni sanciones. Pero esta otra forma de resistencia conoce sin embargo las reglas insulares y para desarrollarse y no decaer debe simular. No sólo chico es el mundo, sino estándar. Y, si se percibe un ambiente oclusivo, éste lo es por limitación argumental, no por clima espiritual. Hay momentos de intensa felicidad en medio del drama, lo que corrige invariablemente la experiencia del lector. No hay tampoco demasiados rituales en este modelo de organización, lo que sí se reflejaba en el clásico de de Golding. La sobrecogedora estructura de clan urbano que traza el autor de Amsterdam y Amor perdurable, traduce sin hipocresías lo más doloroso del mundo adulto: sus máscaras. Y algo más también: que en este mundo moderno quedan cada vez menos islas que nos rescaten.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116222003516105689?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116222003516105689/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116222003516105689' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116222003516105689'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116222003516105689'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/10/islas-acerca-de-jardn-de-cemento-de.html' title='Islas -Acerca de Jardín de cemento de Ian McEwan-'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116221449637371490</id><published>2006-10-30T05:20:00.000-08:00</published><updated>2006-10-30T05:21:36.843-08:00</updated><title type='text'>La mano que mece la tumba</title><content type='html'>En pleno siglo XXI, como tantos otros revivals, retorna &lt;em&gt;Drácula&lt;/em&gt;, la gran novela gótica del XIX. En España, además de un proyecto teatral y uno fílmico, &lt;em&gt;La historiadora&lt;/em&gt;, la novela de Elizabeth Kostova, es suceso de ventas y traducciones. El libro cuenta la historia de Vlad III, y de la búsqueda de la tumba del viejo vampiro en la Europa del Este. Pero es más un argumento de búsqueda filial y amorosa que un encuentro con lo espeluznante. Muy poco es lo que se conoce de Bram Stoker, el creador del personaje que terminó preso de una sola obra, siendo que había escrito más de diez. Su Drácula no sólo empañó su vida sino también, y acaso, sus más oscuros temores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De chico tenía dos superhéroes: Frankestein y Drácula, quizá porque mi viejo trabajaba aplicando inyecciones y haciendo transfusiones de sangre en el Patronato del Leproso. De aquella época me quedó la palabra Patronato, que ya no se usa. Luego, con los años, entendí que la clave de mis dos amores estaba en la literatura freudiana, porque con una sola pero crucial pregunta (“¿Dónde están las madres?”), Mary Shelley había creado en 1818, su obra más celebrada: “Frankestein o el moderno Prometeo”. Aunque tanto los orígenes como los afectos son siempre ilusorios, hay que decir que para Bram Stoker esa misma pregunta fue innecesaria: su madre resultaba una presencia tan sofocante como omnipresente. Es que todas las mañanas, tardes y noches la mujer permanecía al borde de su cama, leyéndole cuentos fantásticos y de terror para que el pequeño superara una larga convalecencia que lo mantuvo postrado hasta los 8 años. Tuvo 7 hijos la señora, pero se ensañó afectivamente con Abraham (“Bram”, la voz maternal), el tercero, al que no sólo sobreprotegía sino que además le evitaba todo contacto exterior. Curioso, porque ella era una feminista tan recalcitrante como enérgica. Pero tenía sus neurosis, que su tercer hijo se contagiara era la más conspicua. La mujer se llamaba Charlotte Thornley, y de ella dijo alguna vez Bram a un compañero del Trinity College, donde se graduó en Ciencias Matemáticas: “me dio la vida, todo su amor incondicional, pero también me extrajo la sangre”. Por las vías elementales del parentesco cosanguíneo, es razonable: una sola hay madre.&lt;br /&gt;El creador de Drácula había nacido en un suburbio de Dublín, Clontarf, en 1847, pero no haría mundialmente célebre su ciudad como Joyce, sino que, al contrario, padecería hasta su muerte, en 1912, el estigma del anonimato, la miseria y las erróneas interpretaciones. El tiempo, sin embargo, le daría a su personaje un lugar preponderante en el gusto masivo de los lectores y espectadores modernos, exactamente al revés de lo ocurrido con Joyce, más prolijamente citado que leído. Stoker tenía 64 años y estaba enfermo de sífilis cuando dejó este mundo, pero la noticia de su muerte apenas si apareció en los obituarios de la época. Algo más bien lógico, una catástrofe mayor ocupaba las planas de los diarios: el hundimiento del Titanic.&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Drácula &lt;/em&gt;no fue la única obra que escribió el matemático irlandés, ni acaso el gótico el género que mejor le cupo. En 1878, se casó con Florence Balcombe, con quien tuvo un hijo llamado Noel y una sola pero ferviente recomendación para la joven madre: “Que no se entere en demasía de tu excesivo amor”. El lastre de la sobreprotección que él mismo había padecido de niño tuvo una expresión en su obra: “el más dulce y pernicioso de los venenos”. Después de casado, en Londres, escribiría “La dama del sudario”, “El desfiladero de la serpiente”, “Miss Betty”, “La joya de las siete estrellas” y “La madriguera del gusano blanco”, de 1911, su última, más ignorada y quizá más significativa obra. Algunos historiadores señalan que la escribió bajo los efectos de los narcóticos, a los que el escritor se volcó en los últimos años de su vida, pero su argumento bien podría valer un cursillo de posgrado freudiano: en unas grutas cercanas a Gales, cavadas por antiguos romanos, habita una serpiente gigantesca que seduce, paraliza y domina a sus víctimas. Esta enorme serpiente tiene la extraña particularidad de convertirse a voluntad en “una mujer demasiado hermosa, voluptuosa e irresistible”. Algunos críticos la consideran superior a &lt;em&gt;Drácula&lt;/em&gt;. Pero no más intensa. En la castración el hechicero de Viena tendría consuelo.&lt;br /&gt;¿Qué tiene este personaje que ha captado el gusto de tantas generaciones? ¿Por qué se ha convertido en mito, resistiendo tanto el paso del tiempo como las limitaciones expresivas de los géneros artísticos? El tema del vampiro, como su atavismo con la sangre o los temores del colectivo inconsciente no parecen alcanzar para explicar tanta persistencia y predicamento. Francis Ford Coppola, a raíz de su film, dijo una verdad tan irrefutable como zonza: “Drácula pertenece a la cultura popular”.&lt;br /&gt;Stoker lo creó en 1897, a partir de cartas y documentos apócrifos. Se basó para ello en la historia real de Vlad Tepes, “el empalador”, un voivoda rumano del siglo XV, con castillo y anexos en Transilvania, inspirado sin duda en los relatos de terror gaélicos que le susurraba su madre en su lecho de enfermo. Hasta allí lo evidente. Lo que parece sin embargo menos visible es la recóndita historia de amor que anima a este personaje; la perfecta y estricta impotencia amorosa que, desde el vamos a la eternidad, deberá soportar el vulnerable conde en aislamiento. ¿Cuestión de sangre? ¿De lectura psicoanalítica? ¿O de cláusula ideal? A la luz del sol, y más allá de pulsiones o de pecaminosos deseos, Drácula es sin duda la más perfecta y sublime historia de amor prohibido jamás contada: la que nunca podrá concretarse. En términos edípicos, la moraleja del incesto nos dicta una eternidad congruente: la mano que mece la cuna es la misma que mece la tumba.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116221449637371490?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116221449637371490/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116221449637371490' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116221449637371490'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116221449637371490'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/10/la-mano-que-mece-la-tumba.html' title='La mano que mece la tumba'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-116048501356151474</id><published>2006-10-10T05:53:00.000-07:00</published><updated>2006-10-10T05:56:55.780-07:00</updated><title type='text'>Ningún boludo</title><content type='html'>Tras el escándalo de plagio, Jorge Bucay ganó 360.000 euros en el 5º Premio de Novela Ciudad Torrevieja con la obra “El candidato”. En “Noticias”, Juan Terranova analiza el fenómeno del gurú de la autoayuda ahora devenido en novelista.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Cuando ponés “Jorge Bucay” en el Google lo primero que sale es “Médico argentino especialista en enfermedades mentales, psicodrama y psicoterapia”. Ahora habría que agregar que hizo una torta de plata escribiendo libros. Algo difícil dentro de las cosas difíciles que se puede proponer un latinoamericano.&lt;br /&gt;     Personalmente, me quedo con Paulo Coelho que, se sabe, en una época le dio a las drogas duro y parejo, fue satanista y escribió letras para las canciones de los primeros roqueros de Brasil. Coelho es un pastor electrónico de Río, tiene un castillo en Suiza, pero podría estar en Plaza Once con un megáfono leyendo la Biblia a los gritos: odiarlo es complicado. En cambio Bucay se sienta en un bar de Libertador, pide un cortado y te habla de las limitaciones propias y de lo positivo que es entregarse, cada tanto, a uno mismo.&lt;br /&gt;     Claro que como todo plagiario sin vergüenza despierta cierta simpatía. Pero ese aire de psiquiatra masturbatorio y comprensivo no se puede pasar por alto así nomás. Uno lo ve en las fotos y se lo imagina babeando, desnudo, durmiendo la siesta un día de calor, o firmando un cheque robado sin que le tiemble el pulso. En la tele, les agarraba libidinalmente las manos a las mujeres de su panel. Las gordas y las divorciadas deliraban. Un asco. Después de que lo descubrieran afanando y le levantaran su columna dominical, todos pensamos que se replegaría en Recoleta, su área de influencia, como mucho, Zona Norte. Pero el tipo doblé la apuesta y volvió con todo. Bucay puede ser el peor prosista del mundo, un presentador de fantasmas, el analista mediático del fiasco, todo lo que ustedes quieran. Pero, viejo, tendríamos que ir admitiendo que no es un gordo boludo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-116048501356151474?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/116048501356151474/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=116048501356151474' title='3 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116048501356151474'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/116048501356151474'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/10/ningn-boludo.html' title='Ningún boludo'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-115988023974291891</id><published>2006-10-03T05:56:00.000-07:00</published><updated>2006-10-03T05:57:20.516-07:00</updated><title type='text'>UN HOUDINI DEL CORAZON</title><content type='html'>Una magra versión fílmica y dos biografías recientes han coincidido en su interés histórico por rescatar la personalidad de Giacomo Casanova. Cada tanto, este contradictorio y fascinante personaje veneciano atrae la atención generacional de públicos y lectores de toda condición. Pero la leyenda del libertino, del amante a tiempo completo,  a veces condiciona y empaña la verdadera identidad del intelectual. A los 11 años tradujo un pentámetro latino y a los 15 escribió un par de tesis sobre derecho canónico y civil. El favorito de Luis XV y de su amante, la marquesa de Pompadour, también elaboró un ensayo sobre la violencia política, entre otros libros.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;    Acaso la confusión se deba a que Giovanni Giacomo Girolamo Casanova (Venecia, 1725-Dux, 1798), fue un exquisito precursor en eso de construir el marketing de su propia imagen. Y lo construyó póstumamente a través de sus Memorias, escritas entre 1790 y 1798, en el castillo del conde Waldstein, en Dux, Bohemia (hoy República Checa), donde se recluyó para trabajar hasta su muerte como bibliotecario del noble. Después de tantos combates amatorios, llegaba el reposo para el guerrero. Y merecido. Pero es curioso: ni la racionalidad de nuestro contemporáneo W.G. Sebald, escritor y viajero también, logró escapar al embrujo de este arquetipo de la seducción. En Austerlitz, lo retrata así: "En mis sueños vi al envejecido roué, reducido al tamaño de un muchacho, rodeado de las hileras de oro de la biblioteca, escribiendo sus memorias, numerosos tratados matemáticos y esotéricos y la novela futurista Icosameron, totalmente solo, en una desolada tarde de noviembre. Había dejado a un lado la peluca empolvada, y su propio cabello ralo, como un signo de la caducidad de su cuerpo, flotaba como una nubecita blanca en torno a su cabeza". &lt;br /&gt;    Eran los últimos días de Casanova y sin duda estaba cercado: un poco por los 40.000 volúmenes de la biblioteca y otro mucho por el recuerdo de sus andanzas turbulentas. Claro que nada más ficticio ni tendencioso que el género autobiográfico para la memoria, y él conocía a la perfección las tiranías de un discurso en el que el rigor y la subjetividad conviven sin ninguna transición detrás del maquillaje de la primera persona. Ese libro de memorias que concretó son varios tomos y más de mil páginas dedicadas a perpetuar anécdotas, desventuras y aventuras de una figura que el tiempo y el propio autor convirtieron en prototipo de amante y aventurero. Pero, sobre todo, es una larga crónica que se lee como un fidedigno retrato mundano de las cortes europeas del siglo XVIII, del andamiaje social,  político y cultural de un sistema convalidado por la ambivalencia del poder y sus relaciones. En ese punto, lo que más llama la atención es la modernidad apabullante del documento; y dentro de esa modernidad, lo primero que surge es la dinámica de las relaciones (imaginen a un cronista de Nazarena Vélez, de Florenciade la V, de Gerardo Sofovich, pero también de los Fernández, la señora ka y las firmas siguen). Nada ni nadie en ese mundo de interacción social es demasiado confiable. Todo cambia a ritmo de videdoclip. La inestabilidad, a pesar de lo concentrado del poder, es el signo de la época. Hay escasos amigos, sobreabundan las relaciones, y quienes hoy son adversarios, mañana son temporales aliados. Como corresponde. Exagerando y con superficialidad extrema, las Memorias son algo así como un palimpsesto de las indiscreciones del peor Tom Wolfe, del más enervante. Aunque la pluma meticulosa de Casanova, la cadencia estilística de una prosa a veces intrigante y siempre confesional, lo imponen como un clásico testimonial y un friso de época. Hay críticos que han observado que su lectura a veces apabulla. Cierto: la creciente de sucesos y peripecias arrastra nombres, vínculos y parentescos de manera tan incesante como obsesiva y por tramos alcanza a tapar al dueño del relato. Mejor. Allí reaparece Casanova y marca el terreno. Esa es su estrategia. Puede ser una  una frase, una provocación retórica. Casi siempre son definiciones, marcas contundentes: "una vez apagada la lámpara, todas las mujeres son iguales". El latín le sienta mejor.&lt;br /&gt;   Las Memorias se abren con una convicción confesional, con un auto de fe que Casanova -como buen asesor de imagen-, cada tanto se encarga de recordar al lector, así que después de eximirse de culpas o responsabilidades, se reafirma "monoteísta y cristiano fortificado por la filosofía". Entre su apego a un "Dios inmaterial" y su cacareada fortaleza filosófica, resplandece su mejor vertiente: el vitalismo. Casanova fue eso, un vitalista empedernido. Lo que significa ir un poco más allá de la corriente. Fue su ímpetu social el que lo transformó en militar, seminarista,  violinista, en gerente de un casino, en creador de una lotería (la Nacional de Francia), en fullero profesional y mucho más. También practicó la cábala, el oscurantismo, y hasta tuvo tiempo para desenmascarar a un chanta profesional de la época: el conde de Saint Germain, uno al que hasta el día de hoy algunos trémulos siguen por su llamita piloto color violeta. También divagó como filósofo, fue duelista y en Polonia mató al conde Branicki, arrojó al mundo varios hijos naturales y gozó de la amistad de dos Papas. De sus abyectas y modernísimas acciones fuera de las sábanas (entre éstas fue un gozador divino), cabría mencionar sus contribuciones a la Inquisición veneciana como delator profesional. Jamás padeció de cargos de conciencia, acaso porque era demasiado sensible y solía llorar de emoción mientras redactaba. A estos atributos habría que añadirle el de impostor profesional, contradictorio, arbitrario, arribista y vividor magistral. Sin embargo, por encima de todo, fue el primer escapista emocional que registra la historia. Un Houdini del corazón. Así como escapó de los calabozos de Los Plomos, en Venecia, así huía magistralmente de ellas.&lt;br /&gt;     Algunos exégetas llegaron a contabilizarle alrededor de 125 amoríos. Otros, más modestos y puntillosos, anotan 116. Son cifras de contadores públicos, cuentapolvos de cuentaganado que nada dicen del maravilloso Casanova y de su genuina épica del amor. Es probable que sean menos. O más. No importa. Lo verdaderamente deslumbrante de este  epicúreo universal es que a ninguna mujer hizo sufrir. A todas las abandonó, es cierto, ese fue su innato don de escapista sentimental, pero ni una sola terminó con histeria o manía de confesionario. Al contrario. Siempre según su cautelosa versión de los hechos, claro. Fue democrático "en el trabajo de la carne", como bien define al sexo, y se movió siempre bajo un dogma de acero: "Por lo que toca a las mujeres, se trata de engaños recíprocos, porque cuando el amor se mete por medio, es cosa común que los unos se engañen a los otros".  &lt;br /&gt;    Uno de los errores más extendidos en relación a su conducta es el de asignarle características donjuanescas. Nada que ver. Casanova ha sido lo opuesto a Don Juan, quien sí lastimaba afectivamente. Él no. Se enamoraba para poder amar con el goce de todos los sentidos y trabajaba fervorosamente en pos de ese ideal: "un enjundioso procedimiento el enamorarse", sostiene. En sus Memorias de España (Emecé) los amores con doña Ignacia le acarrean ingentes esfuerzos sentimentales. ¿Puede alguien enamorarse de prepo? Casanova demuestra que sí: todo es cuestión de perseverancia, galantería y  compostura. Por supuesto que en su derrotero afectivo hay santas partuzas, pero su cruzada amorosa fue el biombo histórico con el que se confundió al donante de felicidad con aquel otro Casanova, el más frustrado y secreto. En el prólogo de estas memorias por la península, apunta Guillermo Piro en el prólogo: "Doblemente mal interpretado, el fantasma del pobre veneciano deambula sobre nuestras cabezas con las vestiduras del amante más sofisticado y perfecto, cuando lo que él pretendía, por sobre todas las cosas, era ser un filósofo de la altura de su amado Voltaire". Tel quel.&lt;br /&gt;    El amante más profundo y huidizo de todos los tiempos, no pudo conjurar jamás su sueño verdadero: ser aceptado y visto como filósofo. Algunas de sus teorías son tan cínicas como deslumbrantes, y hasta las hay innovadoras. A cambio, la Historia tomó su versión de sí mismo e hizo de él un panfleto, el del encarnizado mujeriego. La paradoja cuenta que el escapista no pudo escapar de su propia imagen. Sin embargo, en tributo a su colosal obra literaria, quedan sus textos. Unicamente, ya que  Venecia no le guardó ni una sola estatua, monumento o museo que lo recuerde. A él, un hijo pródigo. Pero él lo predijo con mejores palabras: "nunca quedará mayor alimento para la posteridad que el de las mentiras piadosas".&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-115988023974291891?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/115988023974291891/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=115988023974291891' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115988023974291891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115988023974291891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/10/un-houdini-del-corazon.html' title='UN HOUDINI DEL CORAZON'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-115764249087194485</id><published>2006-09-07T08:20:00.000-07:00</published><updated>2006-09-07T08:38:57.296-07:00</updated><title type='text'>Retazos V: El cuerpo del delito. Un Manual de Josefina Ludmer</title><content type='html'>&lt;p&gt;El caso de la chica austríaca me trajo a la memoria &lt;em&gt;Santuario&lt;/em&gt; y después este excelente libro de Josefina Ludmer, donde ella usa el delito como instrumento crítico para analizar “cuentos de delitos”. El texto se inicia con la siguiente profecía de Karl Marx en la que los vínculos entre literatura y crimen se entienden de la siguiente manera:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Un filósofo produce ideas, un poeta poemas, un clérigo sermones, un profesor tratados, y así siguiendo. Un criminal produce crímenes. Si observamos de más cerca la conexión entre esta última rama de la producción y la sociedad como un todo, nos liberaremos de muchos prejuicios. El criminal no sólo produce crímenes sino también leyes penales, y con esto el profesor que da clases y conferencias sobre esas leyes, y también produce el inevitable manual en que este profesor lanza sus conferencias al mercado como mercancías. Esto trae consigo un aumento de la riqueza nacional, aparte del goce personal que el manuscrito aporte a su mismo autor.&lt;br /&gt;El criminal produce además el conjunto de la policía y de la justicia criminal, fiscales, jueces, jurados, carceleros, etcétera; y estas diferentes líneas de negocios, que forman igualmente muchas líneas de la división social del trabajo, desarrollan diferentes capacidades del espíritu humano, crean nuevas necesidades y nuevos modos de satisfacerlas. La tortura, por ejemplo, dio surgimiento a las más ingeniosas producciones mecánicas y empleó muchos artesanos venerables en la producción de sus instrumentos.&lt;br /&gt;El criminal produce además una impresión, en parte moral y en parte trágica según el caso, y de este modo presta "servicios" al sucitar los sentimientos morales y estéticos del público. No sólo produce manuales de derecho penal, no sólo códigos penales y con ellos legisladores en este campo, sino también arte, literatura, novelas y hasta tragedias, como lo muestran no sólo Los ladrones de Shiller, sino también Edipo Rey y Ricardo III . El criminal rompe la monotonía y la seguridad cotidiana de la vida burguesa. De este modo la salva del estancamiento y le presta esa tensión incómoda y esa agilidad sin las cuales el aguijón de la competencia se embotaría. Así, estimula las fuerzas productivas. Mientras que el crimen sustrae una parte de la población superflua del mercado de trabajo y así reduce la competencia entre los trabajadores -impidiendo hasta cierto punto que los salarios caigan por debajo del mínimo- la lucha contra el crimen absorbe a la otra parte de esta población. Por lo tanto, el criminal aparece como uno de esos "contrapesos" naturales que producen un balance correcto y abren una perspectiva total de ocupaciones útiles. &lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;p&gt;En El cuerpo del delito.Un manual de Josefina Ludmer. Ed. Perfil, 1999: Karl Marx, &lt;em&gt;Historia crítica de la Teoría de la Plusvalía, &lt;/em&gt;3&lt;em&gt; &lt;/em&gt;vol, México, F.C.E, 1945,TOMO I, p.217.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-115764249087194485?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/115764249087194485/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=115764249087194485' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115764249087194485'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115764249087194485'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/09/retazos-v-el-cuerpo-del-delito-un.html' title='Retazos V: El cuerpo del delito. Un Manual de Josefina Ludmer'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-115703818612415398</id><published>2006-08-31T08:23:00.000-07:00</published><updated>2006-08-31T08:42:58.543-07:00</updated><title type='text'>Retazos IV</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Luz de agosto&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Los zurcidos invisibles entre Faulkner y el caso de la chica austríaca&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;La reciente noticia de la joven austríaca aparecida después de ocho años, me devolvió a la memoria la noticia de otro secuestro, sólo que literario. No el que eficaz y editorialmente armó García Márquez, sino otro, uno mucho más lejano en el tiempo y pasional, furibundo y verdadero. El de Márquez fue un secuestro estrictamente planeado, tanto en su argumentación periodística como política. El que le tocó recrear a William Faulkner (1897-1962), tenía el sonido y la furia de una obra tumultuosa, febril y orgánica, genial en todo sentido. Sus derivaciones llegaron en título hasta agosto, como el mes de la noticia.&lt;br /&gt;Los antecedentes son más o menos conocidos: cuando Faulkner publicó &lt;em&gt;Santuario&lt;/em&gt;, en 1931, tenía una pretensión muy clara: ganar dinero. Cargaba con un par de deudas menores, algún que otro agujero financiero que le reclamaban desde hacía meses, y una sola obsesión: "Echarse a escribir sin sobresaltos", según sus palabras. La historia le venía rondando desde hacía tiempo, pero él la cargó de tintes melodramáticos por lo dicho, dinero. Su deseo más recalcitrante era que se leyera como agua de folletín. Los personajes: una muchacha estudiante de Oxford, Temple Drake, ávida de aventuras emocionantes; Goodwin y un grupo de matones; Popeye el psicópata; y luego, en orden menor pero no menos intenso, Horace Benbow, el abogado prófugo de su propio hogar; Miss Reba, la madama del cabaret; Red, y otros. A la acción: luego del accidente por culpa del salame del novio borracho, Temple cae en manos de Goodwin y sus boys y, posteriormente, en manos de Popeye. Una tragedia griega en el sur estadounidense, lo que ya se ha dicho. Un dato más: Faulkner deliberadamente quería trabajar el relato con mucho horror, cargando las tintas en la escena de la violación de Temple y en aquellas que correspondieran al burdel de Miss Reba y otras. Horror y sexo, degradación moral, violencia y un montón de conceptos más que nunca dicen nada si se mantienen en eso que son, conceptos.&lt;br /&gt;Pero Faulkner no pudo con su genio y al melodrama lo bajó de categoría, subiéndolo a la épica de la novelesca más curtida; con los conceptos hizo otro tanto: los redujo a polvo de acción. Los personajes salieron entonces de sus maquetas y quedaron vivos. Contradictorios y reales. El resultado: una obra despareja, genial, invencible al paso del tiempo. Tanto es así que el reciente episodio de la joven austríaca -vaya uno a saber por qué, acaso por esos zurcidos invisibles que tiene la letra-, me la regresó a la memoria.&lt;br /&gt;Desempolvando la novela, hay una escena en la que Temple, luego del secuestro de Popeye, queda sola en la camioneta mientras éste va a cargar, en mérito a la traducción, creo que gasolina. En ese preciso instante puede huir, pero reconoce a una compañera de estudios caminando por la vereda opuesta y no atina a nada. O sí: a sonrojarse. ¿Cómo es que no grita?, se pregunta uno. ¿Cómo no pide auxilio y escapa? Al contrario, la única e imprevisible reacción de Temple es sentir pudor, vergüenza porque su compañera la haya reconocido en esa situación, en la camioneta con un extraño. ¿Es lógica su reacción? Para nada. Es humana, parece que sí. Una de las cosas que enseñan las ficciones verdaderas es que las reacciones del alma humana pocas veces son razonables y que, por el contrario, casi siempre son contradictorias y hasta incomprensibles. Dostoievski ya nos enseñó que se puede matar por amor. Las páginas de policiales de cualquier diario también.&lt;br /&gt;Para el caso de la joven austríaca, por estos días ha aparecido una batería de conceptos y teorías que intentan justificar su reacción, esa de llorar sensatamente al enterarse de que su secuestrador se había cancelado bajo un tren. Síndrome de Estocolmo es la más esgrimida. Touché, es probable. ¿Está embarazada la chica? A lo mejor. Tener una explicación razonable a la boca siempre tranquiliza. De todos modos, las obras de ficción más profundas nos iluminan acerca de las zonas más recónditas del alma humana, esas a las que la razón no siempre accede. La historia de esta muchacha es, por supuesto, novela y película para Hollywood, que engendra combos de burgerfilms. Sin embargo y por ahora, en Austria, ella no quiere hablar, intenta mantener su tristeza en intimidad. ¿Se comprende? Es humana su reacción. Tampoco a los padres quiere ver. ¿Es tan extraño? La historia de amor oclusivo de esta chica tiene costados tenebrosos y transparentes. Pero es amor romántico en el sentido generacional del término. Nos guste o no.&lt;br /&gt;Después de &lt;em&gt;Santuario&lt;/em&gt; Faulkner escribió &lt;em&gt;Luz de Agosto&lt;/em&gt;, una reivindicación para esa otra protagonista llamada Lena Grove, bastante menos impulsiva que Temple pero con un carácter más comprensible en el reino de la lógica. ¿Una continuación de la furibunda Santuario? Algo así. ¿Una probable evolución de la agonista? Quizá. Dijo Faulkner de Lena: "Ella sí que es la capitana de su propia alma". Por eso, si alguien quiere saber cómo va a continuar la vida de la chica austríaca, a no conmoverse, no hace falta. Tampoco esperar demasiado. Basta con leer &lt;em&gt;Luz de&lt;/em&gt; &lt;em&gt;agosto&lt;/em&gt;, posterior a &lt;em&gt;Santuario&lt;/em&gt;. Si no se encuentran zurcidos invisibles entre un caso y otro, no es Faulkner el culpable. Son estos pespuntes, las más de las veces chingados.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-115703818612415398?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/115703818612415398/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=115703818612415398' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115703818612415398'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115703818612415398'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/08/retazos-iv.html' title='Retazos IV'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-115703555410179423</id><published>2006-08-31T07:38:00.000-07:00</published><updated>2006-08-31T08:40:11.366-07:00</updated><title type='text'>Retazos III</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;Tambor Pynchado&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;El caso Günter Grass, vaya a saber por qué, me recordó un libro de Thomas Pynchon de juventud. Lo publicó Tusquets hace ya más de veinte años con un título parafraseado a Henry Adams, &lt;em&gt;Un lento aprendizaje&lt;/em&gt;. En el prólogo, Pynchon reconocía no sólo los errores técnicos de esos relatos, sino también y con absoluta entereza, el ADN de algunos de sus personajes: "Y ése que aparece allí, algo autoritario y fascista, tengo que reconocerlo, era yo". Luego agregaba: "A los lectores modernos les desconcertará un nivel de cháchara racista, sexista y protofascista”". Los cuentos que allí aparecían –“Tierras bajas”, “Entropía”, “Lluvia ligera” y otros-, los había escrito el autor de &lt;em&gt;V&lt;/em&gt; veinte años atrás. Si sumamos, la data tiene ya más de cuarenta años. “El problema para muchos de nosotros es que en la juventud creemos saberlo todo –agregaba-, o, para decirlo de un modo más sutil, con frecuencia desconocemos el alcance y la estructura de nuestra ignorancia; deberíamos familiarizarnos con nuestra ignorancia”. Es probable, algunos protagonistas de "Zonas bajas" y "Entropía", a lo mejor traslucen algo del protofascismo de aquel Pynchon de juventud, pero más que la admisión de un pecado lo que verdaderamente conmueve es la naturalidad con que el autor asume esa, cómo llamarle, ¿carga? ¿posición? Nada de culpas, nada de gimoteo autobiográfico. Nada tampoco de batir el parche y ponerse en ejemplo, malo o bueno, que eso ya es moralizar. En saludable voz baja y para los lectores de las nuevas generaciones, Thomas Pynchon dice: "Ése también era yo". Clarito: evitando el redoblante mediático, el autor de Vineland da una muestra palpable de honestidad intelectual. También en ese texto extiende parte de su preceptiva narrativa a los iniciados y da algunas recomendaciones, en singular. Pynchon no concede entrevistas, es sabido. Tampoco admoniza ni se rasga las vestiduras. Escribe, corrige, no habla. Tampoco deja pasar el tiempo: ninguna levadura oscura aún le fermenta. Imposible. No puede haber remordimientos o culpas cuando se está fuera de escena. Lo obsceno son los lugares que van detrás de la coma. "Esos lugares no me interesan", ha dicho Grass. No lo parece. Bajo los spots de la escena autobiográfica el hombre ha levantado un monólogo confesional algo plañidero y tardío. Una addenda para aquel viejo prólogo de Pynchon: “No sé de dónde había sacado la idea de que la vida personal del escritor no tiene nada que ver con su ficción, cuando lo cierto, como todo el mundo sabe, es casi lo contrario”.&lt;br /&gt;Y algo más: la crítica es la única forma honesta de la autobiografía, dijo Wilde.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-115703555410179423?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/115703555410179423/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=115703555410179423' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115703555410179423'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115703555410179423'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/08/retazos-iii_31.html' title='Retazos III'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-115677311904421625</id><published>2006-08-28T06:26:00.000-07:00</published><updated>2006-08-31T08:34:47.190-07:00</updated><title type='text'>Retazos II</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;span style="font-size:130%;"&gt;El plato de la casa&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p&gt;Anthony Bourdain es uno de los chefs estrella del momento pero, también, novelista. Cuando pudo sortear la ficción de las insulsas novelas de misterio que publicó (fueron tres) ingresó con desparpajo en el mundo de las letras. Recién entonces. Y lo hizo con un libro magnífico y cruel: &lt;em&gt;Confesiones de un chef&lt;/em&gt;. Para algunos es un autor de culto, para otros un cocinero renombrado. Algo aventurero, medio cínico, un poco sádico, Bourdain pasea ironías y sabores por el exquisito y políticamente incorrecto &lt;em&gt;Travel &amp;amp; Living&lt;/em&gt;. Allí come escorpiones en Afganistán, el corazón palpitante de una cobra viva, enseña el verdadero gusto malayo de las hormigas culonas y hasta muestra las náuseas en cámara cuando tiene que probar, en México, una iguana gigante en "caldo sublime". Sus travesías culinarias son imperdibles. También cenó con gángsteres de la mafia rusa en Moscú, y regresó al puerto de sus orígenes familiares en La Teste, Francia, donde volvió a probar, muchos años después, las ostras que identificaron su infancia. Fue por su sabor que se hizo chef. Y también por algo más que narra en &lt;em&gt;Confesiones&lt;/em&gt;... de su experiencia como lavaplatos: "A la vista de todo su personal reunido, Bobby, el chef, le daba por el culo a la novia. Ella estaba inclinada con mucha coquetería sobre un tambor de aceite de cuarenta litros, con el traje por encima de las caderas. Mientras, a pocos metros, su nuevo esposo y el resto de los invitados masticaban felices los filetes...Y entonces, estimado lector, supe por primera vez que quería ser chef".&lt;br /&gt;Así cuenta en &lt;em&gt;Confesiones&lt;/em&gt;... (dos son las ediciones, una de "Suma de Letras", otra, más reciente, del Nuevo Extremo) los orígenes de su fervor por los fogones durante una cena de pomposo casamiento. Cuando el libro apareció en Estados Unidos, causó furor. Pero sin sobresaltos: Bourdain ya tenía un título anterior del mismo estilo, sólo que más provocativo: &lt;em&gt;No comas antes de leer esto&lt;/em&gt;. Entre las ostras de su infancia en La Teste y su experiencia como lavaplatos en el Dreadnaught neoyorkino, transcurre parte de su desaforada carrera culinaria. Hasta hacerse chef y gentil escritor.&lt;br /&gt;El cocinero exquisito revela detalles del mundo de la gastronomía, atrocidades que jamás se advierten en la estética final del emplatado, pero también y al mismo tiempo, va dando cuenta de su carrera en el CIA (Culinary Institute of América) de Hyde Park, de sus desventuras con la cocaína y la heroína, así como del mundo cerril, estrafalario y peligroso que esconden algunas de las mejores cocinas de los restaurantes de Nueva York, donde permaneció cerca de tres décadas.&lt;br /&gt;Si uno puede sortear el primer plato, de maravillas. Que no es sopa de letras sino pésima traducción, por momentos indigerible. En el &lt;em&gt;Sunday Times&lt;/em&gt;, cuando aparecieron estas crónicas de la gastronomía literaria -género de fusión que bien le cae a Bourdain-, escribieron: "El libro es más terrorífico que una novela de Stephen King". Puede ser, depende del paladar. La lección de este artista del desparpajo es sin embargo irrefutable: "Lo mismo da que hablemos de un queso azul sin pasteurizar que de trabajar con socios del crimen organizado. Para mi la comida siempre ha sido una aventura". En su preceptiva de odios y rechazos, figuran: los vegetarianos, los devotos de la comida basura, los que desprecian las salsas y los que no toleran la lactosa. Cuidado, y un consejo final: nunca pedir pescado los días lunes, evitar los platos muy elaborados, tener cuidado con las fritangas de mariscos y desconfiar -razonablemente- de los platos recomendados por la casa.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-115677311904421625?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/115677311904421625/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=115677311904421625' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115677311904421625'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115677311904421625'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/08/retazos-ii.html' title='Retazos II'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-115634230593218260</id><published>2006-08-23T07:10:00.000-07:00</published><updated>2006-08-23T07:11:46.406-07:00</updated><title type='text'>Retazos</title><content type='html'>&lt;p&gt;&lt;p&gt;El buen Günter, en los comienzos de los ochenta, concedió un largoreportaje (luego de varias entrevistas) a la italiana Nicole Casanova. Eso luego se convirtiría en un libro, Conversaciones con Günter Grass (Gedisa), escasamente distribuido entre nosotros y ya olvidado. Una de las perlitas de ese texto no surge de la fascinación del Grass juvenil por las esvásticas, los símbolos nazis o las sanas tareas que llevaba a cabo la Juventud Hitleriana en los tiempos en que el acné le brotaba al rodaballo joven -hacían picnics, comían choripán en los bosques y vivían la vida sana de la formación premilitar-, no, eso ya era algo sabido en el novelista alemán. La perlita asoma brillante en una de las páginas anteriores a esa admisión, cuando también reconoce haber asistido -a los 11 años-, a la Cristalnacht o Noche de los Cristales Rotos y haber presenciado la quema de libros, de tiendas de judíos y hasta las feroces golpizas a los miembros de esa comunidad. "Los miembros de la Juventud Hitleriana sembraron de odio y terror la noche en Gdansk". Unas páginas después, pasando revista a sus idílicos 17, dice que no sabía qué era el movimiento de la Juventud Hitleriana ya que cuando él ingresó, seis años después de la Cristalnacht, encarnaba valores tales como la asistencia a los mayores, la vida sana y la solidaridad. De los 11 a los 17, Günter seguramente sufrió, como tantos y como su héroe Oscar del Tambor de hojalata, cierta regresión o amnesia.Gracias a la Fosfovita pudo superar el trance sin embargo y asumir luego tareas y solicitadas altruistas en el consenso de la escritura internacional. Pelando la cebolla, su nuevo libro autobiográfico, seguramente hará llorar a más de uno. Para quienes “no sabían”, como el propio Günter, Conversaciones con Günter Grass se abre con unaconfesión maravillosa: "Siempre mentí, toda la vida me valí de lamentira, y tanto miento que a veces, de un reportaje a otro, me encuentro diciendo cosas opuestas y contradiciéndome. ¿Por qué miento? Porque la verdad me aburre, me aburrió siempre". Lo que parece inexplicable de este entuerto mediático es la polémica, si el buen Günter fue o no nazi, si hizo bien o mal enocultar que había formado parte de las SS, y esas yerbas añejas. ¡Heil, Günter, señor Grass! La cultura letrada de contratapas y solapas ya anuncia una nueva polémica internacional en ciernes: "De chiquito fui mazorquero", reconoció Borges. Para refutarlo o no, habrá que investigar en los archivos.&lt;br /&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-115634230593218260?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/115634230593218260/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=115634230593218260' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115634230593218260'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115634230593218260'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/08/retazos.html' title='Retazos'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-115530715983327113</id><published>2006-08-11T07:31:00.008-07:00</published><updated>2007-09-22T05:39:20.803-07:00</updated><title type='text'>El circo nunca muere</title><content type='html'>&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;“Pienso en la muerte y pienso en el cielo porque cada vez que pienso&lt;?xml:namespace prefix = o ns = "urn:schemas-microsoft-com:office:office" /&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;en la muerte pienso también en las estrellas” (&lt;/i&gt;Emmanuel Bove)&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt; &lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick tomó el violín, contempló sin asombro el cuerpo malva de la muchacha, y dejó que la melodía llenara las pausas de una conversación siempre igual, anegada por los días y la rutina. Era junio y llovía.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El olor rancio del aserrín se había estancado junto a la casilla rodante y del sobretecho de entrada se escurría un rumor de agua y viento.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-En junio siempre llueve –dijo Mc Cornick apoyando el arco.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha estaba desnuda y rendida. Miraba el estampado azul de las paredes sin ninguna ilusión. Era muy joven, rubia y de cabellos lacios. Entre sus pechos espléndidos llevaba una medallita con la estrella de David fundida en oro puro. Mc Cornick la miraba con hidalguía. El mal tiempo arreciaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Va a seguir lloviendo –insistió él.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Hasta que cambie la luna –dijo ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick pensó entonces que hacía rato que no miraba el cielo estrellado. Conocía la humedad celeste de las madrugadas, pero había olvidado las noches. Todavía guardaba la costumbre de las funciones con el cielo de lona sobre la cabeza. Últimamente los sueños le decían que se iría a desfondar.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Dame un beso –pidió ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El viejo se incorporó, apoyó el violín contra la puerta de la casilla, y se agachó junto a la muchacha. Ella sintió que sus pechos se llenaban de respiración. Acunó la cabeza del viejo y se quedó absorta. El aliento de Mc Cornick se hizo trepidante.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Habían llegado al circo hacía poco más de cuatro años, bastante antes de que las funciones desfallecieran y de que su antiguo dueño decretara el&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; fin de la vida errática&lt;/span&gt;. No clausuró ni levantó el espectáculo: escogió un descampado del pueblo y dijo “ahí nos quedamos”. Desde ese entonces el circo empezó a languidecer en la inmovilidad más absoluta. Cuando se agotó el asombro y en el pueblo no quedaron más espectadores, comenzó el éxodo. Primero fue el alambrista y luego le siguieron los contratados y por fin la compañía entera. Fue una agonía demorada que sólo culminó con el desmantelamiento casi total de las instalaciones. Quedaron únicamente Mc Cornick, la muchacha y ese dueño convaleciente que se negaba a abandonar la nave. Antes de morir, como en un gesto de lucidez y magia, dijo: “toque para mí”. Mc Cornick entonces tocó y el hombre se fue con música de este mundo. Murió con una sonrisa idílica en medio de los restos de su circo y de esos dos sobrevivientes que lo miraban sin comprender, entre consternados y vacilantes&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;por el destino blanco que de ahí en más empezaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Todo lo que tenían era una casilla rodante sin tracción, una carpa muy chica y remendada donde se fermentaban bolsas y bolsas de aserrín, tres valijas, algunos trastos de cocina y el recuerdo circular de la pista con aplausos. En ese entonces ella tenía 19 años y él 70, uno menos de los que tenían ahora, y hacían sus actuaciones esporádicamente, cuando el circo llegaba o para las funciones de despedida. El viejo tocaba, cuatro perritos bailaban torpemente, y ella aparecía llevándose los aplausos y las correas. Ahora estaban solos. Desde la muerte del dueño que no hacían otra cosa que mirarse desnudos por las tardes y asistir a la indiferencia del pueblo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Ella le acarició los cabellos blancos y le dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Te quiero mucho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Todas las noches sueño con que la carpa se viene abajo –dijo él mirando el techo de metal de la casilla.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha se ovilló contra su cuerpo y el viejo sintió su olor joven.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Es porque te estás poniendo viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El viejo rió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Ahora nos dicen gerontes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Quién?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Los médicos. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Ella sonrió y lo apretó con una ternura infinita. Afuera el agua se arrachaba contra los vidrios y producía un sonido cóncavo. El viejo pensó en los aplausos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Hay que traer más aserrín –dijo la muchacha mirando el brasero y el rostro ausente del anciano.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Está húmedo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-No importa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornik le dio un beso en la frente y se levantó a frotar con la palma uno de los vidrios empañados. Ella se estiró contra la cucheta y se cubrió con una manta; después bostezó largamente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El viejo miró la belleza inclemente de la muchacha y se dijo que era el hombre más feliz del mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Afuera una cortina de agua impedía ver el monte y los campos. Antes de que el circo se detuviera, mucho antes, solía imaginar que esos pueblos polvorientos y escarchados de La Pampa no eran más que pueblos fantasmas, con habitantes sin alma y mujeres estériles. Ahora encontraba que esa miseria era una razón deslumbrante. Habían vendido los cuatro perros y todavía tenían la cartera amarilla del finado con los ahorros de las últimas boleterías; el resto, desde las sillas hasta las secciones de la lona mayor y la más insignificante de las herramientas, se había ido en la indemnización del personal.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha se quejó con un cansancio profundo:&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Estás ahí todavía?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Después murmuró algo y se cubrió totalmente. Mc Cornick buscó el capote y luego retiró con sumo cuidado el violín de la puerta. Salió a la lluvia con una entereza de adolescente. Cuando regresó, ella ya dormía profundamente. Dejó la bolsa junto al brasero, removió las cenizas y volvió a la ventana con una expresión remota. El olor rancio del aserrín se le hizo insoportable. Entreabrió entonces la traba del ventiluz y se puso a respirar de la tormenta. Recordó que a poco de llegar al circo alguien le había dicho que trabajar en una compañía era como vivir en una cárcel ambulante. Al principio no lo entendió, pero luego, cuando descubrió que el cielo se encapotaba por las noches, se dijo que era cierto. Ahora era distinto: ya no estaba la condena trashumante de la ilusión y ella seguía a su lado, dormitando tras los vidrios inmóviles de la casilla y sin ninguna perspectiva de futuro. Era insensato, pero era así. Como cuando los chicos reían al borde de la pista. Porque sí. En ese abismo de magia inalterada ella era una sonrisa y un desborde para la edad del viejo. Cuando llegó al circo, él notó que ambos tenían los mismos ojos azules. Se conocieron por los ojos. Después le preguntaría si sabía hacer algo y ella diría “nada, nada de nada”. Ese fue un momento inaugural en sus vidas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Se quedó un buen rato absorto en la lluvia y después preparó mate. Era un viejo hermoso, delgado y con esa claridad irlandesa que en algunos despierta en la vejez. Mantenía el pudor en las facciones y se afeitaba muy de mañana, con tanta meticulosidad que parecía un restaurador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha volvió a quejarse entre las sábanas. Él la despertó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Tomá –dijo alcanzándole el mate.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Ella se restregó los ojos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Está con azúcar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Llueve todavía?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Sí.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha chupó la bombilla:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Dormí mucho?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Algo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Qué hora será?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Serán como las diez o las doce, más o menos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Le alcanzó el mate y ella se recogió el pelo con una hebilla. Parecía más bella aún. En el pueblo creían que era la nieta. Habían llegado a esa sencilla convicción por los ojos también. Cuando salían de compras al pueblo la muchacha se burlaba diciéndole “nono”. Se amaban con esas maneras, no se desmentían.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick volvió a cebar, pero rebasó y restos de yerba fueron a la manta. Ella rió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Estás con el parkinson…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El viejo entonces se incorporó teatralmente y golpeándose el pecho, gritó con un grito de Tarzán.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Ella lo miró con amor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Somos tan cursis.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El viejo se detuvo. Miró las paredes azules de la casilla y agregó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Sueño que la carpa se viene abajo, palabra. Y que no estás…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha le tapó la boca y lo llenó de besos. El rumor metálico del agua producía ahora un ruido atronador.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Nunca te voy a dejar –aseguró ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Se cubrió con la manta y se aferró a las muñecas de Mc Cornik. Le sintió la piel tibia y transparente. Antes de volver a dormirse tuvo la bíblica y serena impresión de que la casilla era como el arca de Noé.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;A la mañana siguiente dejó de llover. La tierra supuraba un olor marrón y el viejo, como todos los días, colgó el espejito en el parante de la carpa de campaña donde guardaban el aserrín. Mientras se afeitaba pensó que no sabía gran cosa de la muchacha. Apenas que era judía, que se llamaba Daniela, y que había escapado de “un montón de lazos, prejuicios y culturas familiares”.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Cuando terminó de afeitarse recogió de un pliegue del sobretecho un poco de agua acumulada y se frotó la cara. Las palanganas estaban llenas, por dos o tres días no tendrían que bajar al pueblo. Después se quitó el barro de los zapatos y entró a la casilla. Ella dormía. Sacó el brasero sin hacer ruido, lo limpió, y preparó el fuego para otro mate. El aire todavía estaba húmedo y del monte se levantaba una neblina de cementerio. “Van a salir hongos”, pensó el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Antes de dar con el circo, Mc Cornick reparaba relojes. Dejó el oficio y la ciudad por el hastío de esos mecanismos inútiles y confiando en que sus últimos años de vida los consagraría a la aventura de no repetirse. No tenía familia. El violín y sus cuatro perros fueron su&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;única distracción mientras tuvo el taller de relojería. Luego llegaron los mecanismos electrónicos, los digitales con batería, música y memoria, y la orfebrería de sus dedos quedó sepultada por el progreso. Sin rencor ni espanto llegó a la conclusión de que esos nuevos relojes sin manecillas lo dejaban, a él también, sin brazos. Cerró entonces el local, remató las vitrinas y herramientas y salió al país a ver qué cosa era la vida. Anduvo de pueblo en pueblo hasta que dio con esa forma rampante y triste que era el circo. Una mañana se presentó en la boletería, pidió hablar con el dueño, y cuando éste se agachó para acariciar los perros, Mc Cornick, sin demasiada estridencia, sacó su melodía de siempre, ese zal anónimo y brutal que hacía que los animales se encantaran según lo convenido: en círculos, en sentido opuesto a las agujas del reloj, hasta girar y detenerse en dos patas. Su único número. Eso fue una mañana de setiembre y cuando concluyó la rutina, el hombre dijo: “quédese con nosotros con derecho de pista”. Mc Cornick aceptó, más aterrado que deslumbrado, y de ahí en adelante pasó al nombre vespertino de “Mac el Maravilloso”. Durante tres meses trabajó a prueba en la matinée, que era lo que duraba el derecho de pista, y al cuarto pasó a hacer números en la última noche. Los sábados y domingos salía con un traje de lentejuelas prestado; el resto de la semana con una camisola blanca y botas de montar. Cuando la muchacha se unió a la compañía, Mc Cornick ya había perfeccionado la rutina y los cuatro perros tenían capa de luces. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Golpeó la calabaza del mate, respiró hondo el aire de la mañana, y pensó en la muchacha. Era extraño, casi absurdo: había iniciado una relación a los setenta, cuando la vida torna a convertirse en una agonía demorada de movimientos y tenedores, cuando los recuerdos se acomodan sobre las repisas y empieza, más o menos, el espasmo y la tos en los objetos. Hasta ese entonces había tendido un biombo de pudor con las mujeres. O de temor. El caso es que toda su existencia de setenta años, hasta dar con los ojos de esa chica, estuvo signada por el delirio escrupuloso de aventuras imaginadas. En realidad, nunca había dejado de ser previsible frente a una mujer. En el abismo del deseo, había sido siempre un hipócrita consigo mismo: reacciones, gestos, respuestas soñadas pero nunca una iniciativa.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;Volvió a golpear la calabaza del mate como para despertar de un sueño. Recordó la luz del circo, el trapecio, las sogas y las cuatro vueltas a la pista.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Se hizo entonces la ilusión de que esos ojos de red consiguieron lo que siempre había deseado: ser feliz. Sonrió. Era tan cursi.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Cuando Daniela despertó el mate estaba lavado. Mc Cornick se había ido al monte a buscar hongos. Desde la casilla podía verse la figura desierta y flaca del viejo. El sol estaba en los eucaliptos. Era una mañana tibia, con los últimos vapores de la tierra yéndose hacia el oeste. Daniela se desperezó y gritó: la figura hizo un saludo a lo lejos. Luego la muchacha fue hasta las ollas y se lavó el pelo con el agua de lluvia. El viejo le decía que tenía una figura de publicidad. Pero ella hacía como dos años que no miraba televisión. Sin embargo, las únicas imágenes del pasado que tenían algún valor estaban relacionadas con su familia. La odiaba, a su madre sobre todo. Pero sentía que seguía dependiendo de ella. Muchas noches se sentaban a ver caer las estrellas y ella sacaba el tema de su familia. Mc Cornick la escuchaba, pero no decía nada. A él le gustaba su aire tendencioso, sensual. A veces le murmuraba que era la inspiración de su vejez. Pero ella no entendía o no quería entender.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Cuando el viejo regresó pusieron los hongos sobre una mesa plegable y los contaron:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Treinta y tres –dijo satisfecho.&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Después los hirvieron. Pero antes de retirarlos el viejo hizo lo que siempre hacía: limpió un clavo sin óxido, lo sumergió en el agua, esperó unos minutos, y comprobó si no se ponía súbitamente negro:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Están buenos –dijo alzando el clavo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-De algo hay que morir –bromeó ella.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Por la tarde sintieron un rumor de tormenta en los intestinos, con fiebre y espasmos de un frío que a él le pareció azul. Creyó que se le calcinaban los testículos y en medio de su delirio sintió tener piedras. Daniela, en cambio, murió. Pero murió muy dócilmente, con una sensación de frío que apenas se le manifestó en los oídos: lo último que oyó fue que tenía nieve en los tímpanos. Un aluvión lento que terminó por cubrirla totalmente.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;A la madrugada, después de los vómitos, el viejo se acurrucó junto al cuerpo tieso de la muchacha y se durmió buscando calor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Despertó tiritando. Cubrió a Daniela con una manta y se puso a preparar mate. No recordaba gran cosa, pero el aserrín y el rescoldo del brasero le devolvieron la sensación calcinada en los testículos. Se palpó y tuvo una mueca de alivio: estaban intactos. Luego se puso junto al catre. Estaba mareado y febril:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Fueron los hongos –le dijo- fueron esos hongos de mierda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Notó que la muchacha le asentía con la cabeza y la dejó dormir. Antes le acarició el pelo, más brillante que nunca y súbitamente crecido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Vas a tener que cortártelo –murmuró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La humedad de las últimas lluvias había desafinado el violín. Mientras esperaba el silbido de la pava se puso a tensar las cuerdas, sentado al borde de la casilla. La mañana era luminosa y diáfana. El aire tenía el olor del estiércol de los campos, recién abonados. Cerró entonces la puerta y se puso a probar con ímpetu algunas notas. Luego se afeitó, tomó mate, y con el resto del agua dejó que hirviera y preparó caldo de arroz.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Es para la descompostura –le dijo al tiempo que la acomodaba entre dos almohadones.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha mantenía una rigidez espectral. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Con los párpados cerrados y los brazos en cruz por encima de la manta, parecía una visión intacta del pasado. Raro, pero mantenía el mismo gesto que durante las funciones: se inclinaba levemente, entornaba los párpados y ponía los brazos cruzados para agradecer los aplausos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Tuve la culpa, yo tuve la culpa –dijo el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;En seguida le aferró la mandíbula y le abrió la boca, tirándole la cabeza hacia atrás. Le vació entonces una cucharada de caldo. El vapor comenzó a escapársele de entre las comisuras y dos hilitos tibios bajaron hasta los pómulos. Mc Cornik la miró: era como un cráter en erupción. Cuando completó el tazón la volvió a acostar y la arropó con cuidado. Sobre la manta, a la altura de los pies, colocó el capote para la lluvia y encima de éste un almohadón: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Tratá de dormir –susurró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Estaba horizontal y eterna, con una mueca estéril en los labios. El viejo ya se apartaba cuando un rumor de esclusa y bajo vientre salió de las sábanas. Se volteó y destapó el cuerpo desnudo: &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-No es nada –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La limpió con agua tibia y cambió las sábanas, volteándola a un lado y al otro. El fondo del catre lo cubrió con lonas de la carpa mayor, los últimos parches que quedaban. Por último, la acurrucó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Antes de volver a taparla contempló la malva desnudez de los muslos y se sintió feliz. La perfumó y tuvo la serena impresión de que le pertenecía más que nunca. “Todo está igual”, pensó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Al mediodía, antes de marcharse al pueblo, la remeció y le dijo palabras de amor al oído. Se despidió con un beso en la frente y buscó en la cartera amarilla unos pocos pesos y el viejo reloj de plata, grande y con leontina. Jamás lo consultaba, lo mantenía como recuerdo de la profesión. Lo puso en hora mirando el sol y luego le dio cuerda. Inclinó la cabeza del cadáver y se lo echó al cuello:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Atrasa –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;En el silencio de la casilla el pecho de la muchacha despedía un sonido acompasado y firme. Camino al pueblo, repasó mentalmente las compras. Era un cuarto de legua escasa de una huella desprolija y estrecha. Mc Cornick siempre encontraba pensamiento nuevos en esa marcha vacía. En realidad era lo único que encontraba, porque a la aridez del paisaje había que sumarle la ausencia de molinos y alambrados. El monte próximo a la casilla era lo único cierto; después, hasta los primeros caseríos, nada. Había escuchado decir que toda la zona estaba surcada por napas de agua salada, y estando tan lejos del mar le parecía increíble. Más increíble que la decisión del viejo de instalar su circo allí. Aunque era un buen lugar para una agonía. Se preguntó si junto al mar saldría agua dulce y siguió caminando. Estaba liviano y tranquilo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;En la farmacia compró ajenjo molido, formol y tinturas. Era un local húmedo que todavía conservaba la publicidad del viejo Geniol, enmarcada con cartulina amarilla a la pared y por encima de la balanza de pie. Don Linera era también un hombre antiguo, con ideas arcaicas y tachuelas y clavos en la cabeza. Siempre estaba atento y desconfiado. Mc Cornick no se sorprendió cuando el farmacéutico, como al descuido, le preguntó por la nieta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Quedó en cama. El ajenjo es para ella –contestó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Linera hizo un gesto indolente:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Creí que se habían ido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-No todavía –replicó el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Si es para el estómago esto le va a ir muy bien –dedujo el farmacéutico mientras terminaba de envolver los frascos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Claro –repuso el viejo. Y extendió un billete de mil.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Linera dio una vuelta completa a la manivela de la registradora y el campanilleo metálico quedó flotando en el aire.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-En el pueblo va a haber censo –dijo de pronto el farmacéutico.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick tomó el cambio y miró los ojos sin brillo del hombre:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Mejor –dijo. Y se marchó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El pueblo era un caserío recto y simétrico, con una plaza principal inútil pero prolija y calles de polvo que había que aplacar cada dos días. Para eso estaba el camión de la acaroína de la delegación municipal y el encargado del club de fomento. En las veredas de las casas había bancos de plaza, todos idénticos, y acacias al frente que siempre se podaban igual: como globos terráqueos. Bordeando el río de polvo de la calle principal estaban los palenques de troncos, encalados y rectos. La lluvia última había lavado el olor resinoso de la acaroína. Un resquemor asaltaba a Mc Cornick cada vez que bajaba al pueblo, conversar con esa gente era como volver a los clientes y a los relojes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Caminó resueltamente hacia la tienda y compró hilo chanchero y agujas de colchonero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Para los remiendos de la lona –dijo sin soberbia. Sabía que cada compra debía justificarse&lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt; &lt;/i&gt;y estaba acostumbrado. El tendero era un rumano opaco y cansino. Su único problema era que el ferrocarril del Provincial ya no pasaba más por esas tierras. Mc Cornick le mostró el paquete de la farmacia, y continuó:&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;-el formol es para las polillas, me están comiendo todo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El tendero lo miró sin fervor:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Si no vuelve el tren a nosotros también nos van a comer las polillas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Tenía un rostro de cartón y un cuerpo de utilería. A Mc Cornick le disgustaba el olor a género que le salía de la boca y le hablaba dándole la espalda.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Pero si hacen el censo es por algo –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Es lo mismo –dijo el tendero-, somos pocos y nos conocemos mucho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick sintió que esas palabras lo desalojaban. Era una especie de intruso apacible en el pueblo y lo sabía. Antes de marcharse, el hombre le mandó saludos para la nieta.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Serán dados –dijo. Y se fue.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;De regreso, abrió y ventiló la casilla. El sol de la tarde había embotado el aire y en el rostro desencajado de la muchacha se notaban los primeros signos de descomposición. Mc Cornick&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;hizo entonces lo que siempre hacía: destapó el cuerpo, tocó para ella su melodía triste de todas las tardes, y finalmente se desnudó el también para quedarse a su lado. La contempló con esmero.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Te voy a hacer el amor –dijo de pronto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Y como ella mantenía el embeleso ausente de la muerte, él la penetró. Primero con una suave inconsciencia y luego acompasadamente, al ritmo de ese &lt;em&gt;zal &lt;/em&gt;que el oído le marcaba. El pecho rítmico de la muchacha terminó por envolverlo. En el crepitante instante del éxtasis sintió que la vida le daba lo mejor. Luego lloró emocionado. Cuando se enjugó las lágrimas tuvo la certeza de saberse impecable:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Te quiero –murmuró. Enseguida la cubrió, le besó el reloj al cuello y la medallita de David y le repitió con una ternura infinita que la amaba más que a nada en el mundo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Al otro día la bañó y le recortó el cabello y las uñas de los pies. El cuerpo demacrado despedía olores nauseabundos. “Como cuando abonan la tierra”, pensó el viejo. Cada movimiento que realizaba dependía del sonido inalterable de ese reloj.&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;A la noche, cuando terminó de secar el aserrín y de acomodar las agujas con las secciones de hilo, hizo más música para el cadáver.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;El primer corte fue longitudinal, del esternón al bajo vientre. Luego lo prolongó hasta el cuello. La luna de la madrugada cintilaba en el techo de la casilla cuando produjo la segunda incisión, más profunda y firme que la primera. La sangre tenía el olor del alcanfor y estaba oscura y lenta. Dos horas estuvo sacándole vísceras y órganos y arrojándolas a un pozo de un metro de profundidad que hizo junto a la casilla. Terminó de vaciar a Daniela al aire libre. Los ojos glaucos de la joven miraban el fondo de la madrugada con embeleso. Cada tanto se limpiaba las manos con el aserrín y proseguía, alegre y febril. Cuando terminó, ya había clareado. El cuerpo había perdido la forma y estaba aplastado contra la mesa como un trapo mojado. Luego lo lavó, limpió los coágulos y secó con cal las cavidades. Después lo rellenó con aserrín empapado en formol y lo cosió con costuras gruesas en el pecho, las piernas y los brazos. De entre la masa informe de órganos y cartílagos había separado el corazón para conservarlo en un frasco con formol, pero al cabo de examinarlo un buen rato decidió que no tenía nada de raro y lo arrojó al pozo. Los cuentos siempre hablan del corazón de las personas, no era necesario uno verdadero. Sentía en las manos el olor metálico de la carne en descomposición y se lavó. Luego barrió el piso de tierra, esparció aserrín a la entrada de la casilla y preparó fuego sobre el montículo de tierra que tapaba los restos. Se sintió temblar por el esfuerzo. Al mediodía, las huellas de la carnicería estaban borradas y Daniela devuelta a las mantas del catre. Se durmió al sol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Se despertó tiritando. Miró el sol, calculó la hora, y entró a la casilla. Destapó el cuerpo corrugado y lo miró con éxtasis: el muñeco de piel le devolvió una mirada amarilla. Suspiró con alivio y le dio cuerda al reloj. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Casi me duermo –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Luego lo cubrió con precauciones de viejo y le levantó los párpados: las cuencas se le habían hundido y tenía los ojos como dos gelatinas. Se dijo entonces que al otro día bajaría al pueblo para comprarle anteojos de sol. Le besó la frente y salió para preparar el mate. Cuando fue por el agua notó que los baldes estaban vacíos y que hasta el último resto se le había ido en la limpieza. Se sintió contrariado:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-No hay nada de agua –gritó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Creyó escuchar la voz de Daniela que desde el interior de la casilla le decía algo. Partió al pueblo con baldes y cacerolas.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;..................&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Si estuviera el tren lo llevaba a las vías a respirar el vapor de la locomotora –dijo la mujer –, tiene los bronquios a la miseria.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-El Provincial ya no va a pasar más –contestó Pastor Almendros mientras repasaba la mesada del mostrador. Mc Cornick se acodó a la barra y se puso a mirar las etiquetas amarillentas de las bebidas: fernet, hesperidina, licor 8 Hermanos, caña Legui, botellones de barro de ginebra holandesa. El polvo cubría los envases.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Por eso hacen el censo –prosiguió Almendros con el trapo rejilla sobre el hombro-, para robar más a gusto.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Para esta época el Beto siempre tiene el pasmo, probé con el alcanfor pero no le hace nada…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Qué edad tiene el Beto?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Los siete.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Almendros miró pensativo el ventilador de techo y dijo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Para cuando le bajen del todo se le va a ir.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La mujer rió con pudor. Luego miró por encima de las espaldas de Mc Cornick, y dijo:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Ojalá…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Almendros traspuso la barra, extendió los brazos como estacas y miró fijamente al viejo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Qué va a tomar el hombre…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Ginebra.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Ginebra –suspiró Almendros y se agachó hasta desparecer del mostrador. Se escuchó un ruido de botellas y el tintinear apagado de vasos. Luego emergió con su aspecto de arbusto marrón y le enfrentó el vaso, a medio llenar. Mc Cornick sintió el perfume y se la llevó a la boca. La bebió como si fuera té caliente, sin ninguna urgencia. Almendros lo miraba como a punto de romper a hablar:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Y la nieta que no se la ve?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Ahí anda…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Buena muchacha –dijo Almendros.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Buena –repuso el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Desde el fondo del salón se escuchó el saludo de despedida de la mujer y los pasos nudosos que se alejaban. Almendros levantó el trapo a modo de saludo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Y qué habrá sido de la compañía, digo yo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-En otro circo, supongo –dijo el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Vida difícil la del circo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Ajá.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick terminó la ginebra, se frotó el cuello y desde el fondo de sus ojos irlandeses sacó un destello de burla:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Y para qué es el censo?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Por las elecciones… Vamos a tener elecciones…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Desde la calle entraba el olor rápido de la acaroína. Mc Cornick lo aspiró tranquilo. Cuando salió del club, anochecía. Cargó los baldes que había dejado a la entrada y se marchó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;De camino pensó en el censo y en las elecciones. Pensó también en el agua caída. Había llovido mucho últimamente, pero nunca lo suficiente. Cada vez que atravesaba la zona de las napas de agua salada le brotaban pensamientos increíbles. Le gustaba el lugar. Se prometió que alguna vez llevaría a Daniela a ese paraje y que, en medio de la nada, haría su música. Estaba en el momento más sereno del día.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Dejó los baldes junto a la casilla y se sentó al frescor de la noche. En medio de ese cielo estrellado pensó en lo extraña que era la vida. Tanto tiempo de intimidad con Daniela, tanto de estar desnudos haciendo música por las tardes, y, sin embargo, nunca el amor de los cuerpos&lt;em&gt;.&lt;/em&gt; Nunca hasta antes de ayer. Era extraño, pero era así. Recordó la intensidad del instante y recordó también la intensidad del momento. Se sintió masculino.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Se acostó junto al cuerpo sin hacer el menor ruido.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Al otro día muy temprano empezó los preparativos para mejorar la casilla. Delimitaría el terreno, haría canteros con flores y almácigos y zurciría los restos de lona para hacer un parasol. Estaba exultante. Ese pedazo de tierra era una vuelta a la infancia. Mientras carpía y emprolijaba las borduras volvía a descubrirse en la luminosa alegría de aquellos días. Pensó que la memoria reparaba partes ausentes.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Trabajó hasta las diez de la mañana. Después levantó a Daniela y la puso al sol, como quien pone un muñeco húmedo a orear. Estaba satisfecho con la limpieza, alrededor del terreno sobresalían las estacas rojiblancas que antes tensaban la lona mayor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Nuestra casa –murmuró.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Luego se acercó al cuerpo y le dio un beso en la frente. El gusto ácido del formol quedó en sus labios. Le inspeccionó la piel, tensa y amarilla, y se dijo que tanto sol no era conveniente. Recordó la cartera amarilla del finado: todavía había plata.&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;Al otro día iría a comprar semillas y los anteojos para el sol.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Levantó el cuerpo, lo volvió a la cama y lo ubicó con suaves retoques, mirándolo y volviéndose sobre él. Temía que perdiera la forma. Luego ventiló el lugar. Aunque el primer olor ya se había retirado, persistía el aroma salobre de la sangre y las tinturas. La observó desde la puerta: la muchacha tenía una expresión de estropajo, desfondada y triste.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-En el pueblo va a haber censo –dijo, y enseguida, como reponiéndose, agregó -: pero para los del pueblo nosotros no existimos. El tictac en el pecho de Daniela continuaba como un rumor.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;Cuando regresó a la tarea de limpiar el terreno, ya no le pareció tan acogedor como antes. Estaba más prolijo, pero más triste también. Le recordaba la pista del circo. Se apoyó entonces contra la azada y empezó a llorar. Volvió a la casilla: la mirada embalsamada de la muchacha le provocó más lágrimas. Entonces se desnudó, buscó su violín y empezó a hacer música. Luego se durmió. Soñó que la joven se incorporaba, lo besaba en la frente y se iba a campo traviesa hasta desaparecer en el monte de eucaliptos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Despertó reseco y hambriento, con latidos en el vientre y con la sensación de tener arena en los ojos. Miró por la ventanita: estaba el &lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;crepúsculo, la azada volcada sobre los yuyuos y más atrás el bosque de eucaliptos. Se volvió:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Soñé que te habías ido –dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Después se levantó dando tumbos y metió la cabeza en un balde con agua. Tiritó, tenía la piel ardida y sentía los músculos endurecidos. Casi no se podía mover.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Soñé que te ibas –insistió para sus adentros, como borracho.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Hacia el oeste se desbarrancaba un sol amoratado y perfecto, ralas nubes cárdenas lo seguían. El aire venía con ramalazos de estiércol. Se tanteó los testículos como cada vez que tenía malos presagios &lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;y luego se desperezó. “No va a llover”, pensó. Desnudó entonces los despojos de la joven y se acostó a su lado. Le hizo el amor con la sensación reseca del aserrín. Más tarde partió al pueblo. Estaba animado. “Anteojos y pintura”, se dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;De camino pensó en el olor a lavandina y almidón que brotaba del sexo de Daniela. Desde que había comenzado a hacerle el amor descubría fragancias nuevas. Comparó esos olores con el aroma rápido de la acaroína y pensó que tanto el sexo como el agua estaban hechos para aplacar esas cosas.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Fue directo al almacén general, un lugar descascarado y percudido de humo. Fermín Donoso lo recibió como recibía a los que estaban de paso: sin mirarlo siquiera. Pagó la pintura y las semillas. Ya se marchaba cuando recordó los anteojos. El dueño meneó la cabeza. Pero luego lo detuvo un instante:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Esperesé –dijo-, a lo mejor le sirve esto –y se volvió para revolver en un cajón y mostrarle unas antiparras-: son para soldadura autógena, las tengo de cuando estaban las cuadrillas del Provincial.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick las miró a la luz de una lámpara. Le parecieron estrambóticas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Están bien –dijo-, ¿cuánto es?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Doscientos.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Antes de volver pasó por el club a tomar la copa de ginebra. Había olor a tabaco de hoja y a caporal. Pensó que la cosecha estaba a punto de terminar. Cuando quedaban pocos días para ser embolsada, bajaban los golondrinas y medieros que por nada se tenían que arremangar. Mc Cornick divisó a Almendros en la barra; un poco más lejos, entre la pared de los jamones y chacinados, estaba el delegado municipal, rodeado por un anillo de gente. Se acercó, pidió el trago, y debajo del estaño puso los bultos con las pinturas, semillas y antiparras. Hacía calor y en el aire todavía flotaban los rastros del polvo de la tarde. Ese día no había pasado el camión municipal. La ginebra lo empezaba a abotagar cuando escuchó un chistido por detrás:&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Venga, acérquese.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Era el delegado municipal, gesticulando, nervioso. El viejo echó una mirada de relámpago a los bultos y después, despacio, se acercó. El delegado le parecía un hombre teatral. Algunos se corrieron. Le estrechó la mano. El delegado le señaló a su derecha. Entonces la vio: estaba sentada, absorta sobre unas planillas. No tendría más de veintidós años. Muy parecida a Daniela. Ella alzó la vista y le sonrió con los ojos:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Encantada.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Encantado -dijo Mc Cornick.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La joven llegó a la tarde –explicó el delegado -viene por el censo; en el pueblo va a haber censo –remarcó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick no escuchó nada. Estaba embelesado con los ojos de la joven. Sin dejar de mirarlos, preguntó:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-¿Y a qué viene?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Ella rió con ganas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Por el censo, soy la censista –insistió.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-El censo –repitió el viejo como atontado.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Como ustedes están lejos –intervino el delegado-, lo llamé para que aprovechara…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Mc Cornick miró de reojo las planillas:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Mi nieta no está.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La joven hizo un mohín:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-No importa, yo mañana paso...&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;En medio de la claridad lunar del camino, no podía dejar de pensar en esos ojos. Llegó excitado.&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt; &lt;/span&gt;Entró en la casilla, pálido:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Mañana hay censo, viene la censista –dijo al aire. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;El cuerpo seguía allí. Él le dio la espalda y desempacó.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Durmió mal. El ardor de los testículos se le mezcló con el crepitar metálico del pecho de Daniela. Se levantó muy de madrugada, como de costumbre. Después se afeitó de memoria y se miró al espejo. Se veía bien. Vació uno de los baldes y salió al monte. La figura del viejo se perdió entre las sombras de humedad.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Volvió con el sol fresco de la media mañana. Dejó el balde en la mesa plegable y entró a lavarse y preparar mate. Parecía más joven. Se acercó al cuerpo y algo le dijo al oído.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;Después de refrescarse sentó a Daniela en la cucheta. La acomodó con cuidado, buscando la naturalidad del gesto. Le colocó las antiparras y le dio cuerda al reloj de leontina. Se alejó. La miró. Estaba bellísima en su quietud. Sonrió. Luego se retiró, dejó en penumbras la casilla, y se sentó junto a la mesa plegable a esperar. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Como a la hora, más o menos, el viejo divisó una silueta conocida. Cuando se levantó para recibirla tuvo un estremecimiento. La muchacha le sonrió a los ojos. Lo miraba con intensidad. De inmediato reconoció el lugar y exclamó algo que Mc Cornick no alcanzó a comprender. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;La joven giró y miró hacia el interior de la casilla; de entre las sombras, creyó adivinar un perfil:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Dígale que se acerque…-dijo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-No puede: está descompuesta -repuso el viejo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;La muchacha hizo un gesto de contrariedad. Luego se detuvo:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Espero que no sea nada…&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Nada, nada –repitió el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;Iba a incorporarse, pero antes anotó algo en una planilla y señaló con el dedo índice:&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;-¿Puedo entrar?&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;-Puede entrar, entre –la animó el viejo.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;Y mientras la joven entraba a la casilla, en el tiempo en que sus ojos se acostumbraban a la penumbra, Mc Cornick, como todas las tardes, sacó los hongos del balde y buscó el violín para hacer música, su música, esa melodía anónima y brutal que tanto amaba.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%;font-size:10;" &gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%;font-size:10;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%;font-size:10;" &gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun: yes"&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%;font-size:10;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%;font-size:10;" &gt;&lt;span style="mso-tab-count: 1"&gt;&lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="MARGIN: 0cm 0cm 0pt; LINE-HEIGHT: 150%"&gt;&lt;span style="LINE-HEIGHT: 150%;font-size:10;" &gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-115530715983327113?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/115530715983327113/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=115530715983327113' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115530715983327113'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/115530715983327113'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/08/el-circo-nunca-muere_115530715983327113.html' title='El circo nunca muere'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-114920034126951301</id><published>2006-06-01T15:11:00.000-07:00</published><updated>2006-06-01T15:19:01.273-07:00</updated><title type='text'>Los chicos desaparecen</title><content type='html'>(Editorial Atlántida-Alphil Editions, París, traducción de Erich Fisbach)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo 1&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;     Macías quitó el freno a la silla y se dejó ir. Siempre hacía lo mismo: a las seis en punto de la tarde dejaba los relojes y se deslizaba por la pendiente de la plazoleta. Compartía el plano inclinado con los chicos que a esa hora, a la salida de la escuela, llenaban el lugar. Era feliz, las leyes de la inercia eran el beneficio más destacado de su parálisis.&lt;br /&gt;     Arreglar relojes y buscar pendientes eran su mundo. Tampoco deseaba más. En la precisión de algunos mecanismos encontraba un vértigo similar al que podían ofrecerle los declives. En el fondo, todo era cuestión de tiempo.&lt;br /&gt;     De vez en cuanto los chicos lo esperaban en el borde de la pista y se deslizaban con él. Algunos se sentaban sobre sus atrofiadas rodillas y compartían la ilusión del juego. Ellos tomaban su parálisis como un pasatiempo. El conjunto de su silla y de su persona tenían el mismo valor que un tobogán o una hamaca. Macías sentía que los chicos le devolvían esos gestos que la vida le había negado. Ellos lo entendían y lo cuidaban como a una mascota. Toda la extensión ortopédica de su cuerpo desaparecía con una sonrisa, un cucurucho de maíz inflado o con los papelitos de caramelos que le arrojaban.&lt;br /&gt;     A veces se hacía conducir hasta los senderos de césped laterales para cronometrar la caída de la tarde. Era exacto en todo. También le gustaba el olor del pasto recién cortado y hasta era capaz de calcular las vueltas de giro de la cuchilla eléctrica del cuidador. Por las mañanas, en cambio, era como un vegetal al sol. Leía los viejos anuarios de relojería, las "Mecánica Popular", y preparaba las entregas de los relojes. Cuando no tenía trabajo cerraba el local, cruzaba la plazoleta, y se ponía a conversar con el cuidador, un anciano lento y de ojos acuosos. Entonces dejaba que el aire tibio y sulfuroso de la ciudad le ingresara por la piel. Pero eran raras las ocasiones en que podían concluir la charla. Los chicos terminaban reclamándolo y él dejándose arrastrar hasta las pistas inclinadas. Formaba parte del paisaje. En ese perímetro dejaba de ser un discapacitado.&lt;br /&gt;     También disfrutaba con la marcha de un viejo relos de sol que la municipalidad había colocado a un costado del paseo. Desde que habían quitado la vieja calesita, él se había convertido en uno de los centros de atracción del lugar.&lt;br /&gt;     Años atrás la plazoleta había sido un basural, con una insólita hamaca en el medio. Las toneladas de cemento que habían echado terminaron beneficiándolo. Sin querer, las modernas concepciones urbanísticas habían hecho un privilegio de su condición. Su silla podía desplazarse y ganar alturas y bajar sin mayor esfuerzo. Los andariveles de acceso estaban protegidos con hierros curvos y redondos hasta formar una empalizada continua y uniforme. A los costados, a manera de talud sobre lo que antes habían sido desperdicios, estaban las borduras de césped. Pensando en los patines y en las patinetas se habían evitado los escalones. También estaban los pasamanos para los más inexpertos y una media docena de bancos que emergía hacia el final del hormigón con formas caprichosas. Pero eran incómodos. Macías había intentado adaptarse a uno de ellos una tarde y le había resultado imposible. El alumbrado a mercurio, acompañado por farolas de seguridad dispuestas sobre la grava, imitaba en toda su extensión a un transatlántico. Por las noches, en medio de esa marea de luz de amaranto, la soledad de los bancos resultaba escalofriante. La plazoleta parecía entonces un enorme barco en un dique seco, con su línea de flotación inalterada.&lt;br /&gt;     Pero de noche Macías se entregaba a los relojes. En su pequeño taller reparaba coronas, ejes o dientes. Mansamente se hacía a la noción de ser un artesano muy antiguo, un casi alquimista del tiempo, capaz de transmutar segundos o minutos en piezas de sincronía absoluta. Para él, el tiempo era tan concreto como las ruedas de su silla: no circular según el concepto filosófico, sino según la ecuación de velocidad y distancia. Su absoluto y la fórmula de ese absoluto, podían muy bien reducirse al concepto de un tiempo hecho de espacio. En estas especulaciones, lo mismo que con sus mecanismos, podía entretenerse hasta la madrugada. Cada desperfecto era un desafío. Experimentaba la misma sensación de vértigo ante un puente defectuoso que ante el vacío previsible de las rampas. En eso se le iba la vida. Y su vida se orientaba de acuerdo a dos husos horarios: el que regía su expansión en la plaza y el que lo hacía en su taller. En ambos cuadrantes Macías era igual de feliz.&lt;br /&gt;    Cuando llegó al final de la pendiente, aspiró la revancha de un nuevo descenso. Era verano y hacía calor. Tenía la barba orlada por pequeñas gotas de sudor. Pero se veía satisfecho. Desde lo alto de las rampas los chicos lo aplaudían y él saludaba con su enorme tórax: ensanchándolo, tensando los formidables bíceps y enarbolando una sonrisa infantil. El reloj marcaba las seis y dos minutos. Un minúsculo gesto de gloria llenaba sus facciones.&lt;br /&gt;    Acarició las ruedas de la silla como si fueran el lomo ovillado de un enorme animal jadeante, y luego posó los dedos sobre los rayos para recorrerlos débilmente. Eran las cuerdas de su instrumento, los diámetros donde el viento se tensaba y donde se producía la fuga esperada, esa casi música. El cemento reverberaba bajo sus pies, pero no lo sentía. Había bajado en dos segundos menos, tiempo suficiente como para olvidar que era un tullido. Las ruedas y los segundos estaban de su lado.&lt;br /&gt;    Los niños lo rodearon con besos y abrazos. Macías sacó caramelos de un bolsillo y los arrojó al aire. Creía estar en el podio de los vencedores, agitando el champán y convirtiéndolo en lluvia. Después se dejó llevar. Los chicos lo arrastraron pesadamente, como un trofeo, y lo depositaron en la explanada más elevada. Se quedaron contemplándolo. Cuando los gritos y las burlas se acallaron, él elevó los brazos al cielo, y dijo para sí:&lt;br /&gt;    -Catorce segundos, catorce segundos...&lt;br /&gt;    Algunos lo aplaudieron. Otros le tiraron a la cara el papel de los caramelos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(Novela en pre producción fílmica bajo la dirección del realizador Marcos Rodríguez y Norman Briski en el papel del relojero Macías Möll - "Apuntes de la decadencia", Clarín, 26-3-06.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-114920034126951301?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/114920034126951301/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=114920034126951301' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/114920034126951301'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/114920034126951301'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/06/los-chicos-desaparecen.html' title='Los chicos desaparecen'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-114919933803312198</id><published>2006-06-01T15:00:00.000-07:00</published><updated>2006-06-14T12:40:58.706-07:00</updated><title type='text'>Algo no alcanzó a salir en la foto</title><content type='html'>En el encuadre somos cuatro sonrisas al frente y la basílica por detrás, partes desnudas de árboles, gente al fono, un nublado. No sabía que vivía esta foto, no la recordaba. Uno nunca puede saber las cosas que existen, son tantas. Pero ahí estábamos y ahí seguimos estando, los cuatro: él, yo, mi madre y mi padre. Tenemos un gesto fotogénico, hace familia y frío. Más de treinta años. La escena existió, se hizo para este blanco y negro, para esta mirada de treinta años después. Nos tengo en la mano. Muevo la foto y todos nos movemos, estamos unidos en la rigidez. Ahora seguimos unidos en el recuerdo que nos conoce. Estas cosas las entiendo, seguro. Hace frío en el papel brillante, tenemos sobretodos y Jorge tiene una bufanda verde, y lo que antes se llamaba un paletó, cruzado, hasta un poco más arriba de las rodillas. Por sobre mi cabeza sube la curva final de la cúpula y un poco más arriba debe estar la cruz. Veo esa curva, pero en la foto no existe, la basílica es de líneas rectas. Será que uno se empecina en las cosas que no son. Lo pienso ahora, con la foto en la mano. Pero sigo sin entender, son tantas las cosas que existen por arriba de la mirada de uno. La felicidad nunca pudo hacer feliz a nadie, ¿no, Jorge? Eso le hubiera dicho. Pero no pude, llegué tarde. Siempre estamos tarde de todas las cosas, del mismo mundo estamos tarde. Como cuando descubrí esta foto que no sabía que existía. Es raro, yo la descubrí y él se suicidaba al otro día. Me dijeron que se sentó en un banco de la plaza central de la ciudad y que se mandó un tiro en la cabeza. Un tirito tendrían que haber dicho, pero el diminutivo lo pusieron al final: Fue a la nochecita. Así dijeron. Yo pensé: Por eso lloraba. Es que en el momento en que descubrí la foto me puse a llorar. Un llanto tranquilo, suave, como si una memoria se pusiera a llorar.&lt;br /&gt;Ahora me empecino con la foto: la muevo, nos movemos; la giro y giramos. Pero el llanto no aparece. Tendría que venir esa apariencia. ¿Llovió aquella mañana en la foto? No me acuerdo. Las personas somos como las moscas: hoy estamos y mañana también. Pero no las mismas, otras. Lo que pasa es que las moscas vivimos tan poco. Nos tengo en la mano y nos pongo cabeza abajo. Las baldosas que rodean la basílica son el cielo. Nada sirve la pena. ¿Por qué fui a buscar esta foto y él se mataba al otro día? Marlene cree que puedo adelantarme a los hechos. A lo mejor. Pero no es adelantarse a los hechos, es quedarse quieto y dejar que los hechos vengan a uno. Los hechos: una foto, un gesto, un sonido, una sensación, un color, una silla, a la nochecita. Las cosas que están más cerca son sobrenaturales. Esto hay que entenderlo. Ahora lo miro cabeza abajo y me doy cuenta. Está mirando rápido a la cámara, es una sonrisa de arcada, un pudor justo en el clic. Siempre estaba apurado. Nos veíamos cada seis o siete meses, por oírnos, por buscarnos. Creo que así sabíamos que estábamos vivos. Tomábamos una ginebra y nos acordábamos de nosotros. Nos traíamos del barrio, de la infancia. ¿Te acordás? Siempre la misma pregunta. ¿Te acordás? Nos traíamos pero era para volvernos. Nunca más aquella ignorancia. Él me miraba desde el fondo del vaso y me mentía. Yo también. Nos contábamos mentiras para poder charlar un rato. Después se iba rápido, como con vergüenza, pero la vergüenza era mía: me sentía prófugo. Una tarde me lo dijo. Con esas palabras. Yo le puse más palabras, para calmarlo. Es ridículo largar palabras. A él no le sobraban y se suicidó. Tenía unas pocas que yo recuerde. Pero no las voy a decir, son sagradas, las mató él. Fue un crimen a la nochecita, los suicidas tienen esas burlas.&lt;br /&gt;La foto crece. A la basílica le salieron dos torres: en cada una hay un reloj. Son las tres y cuarto de la tarde. En punto. Es la hora que nos pusimos para mirarnos. Los dos relojes tienen la misma devota exactitud. Es un milagro del tiempo. ¿A qué habíamos ido a la basílica? A agradecer. No es una ironía decir que la Virgen logró un milagro, que pudo concretar un milagro, que efectivizó un milagro. Los lugares comunes son objeto de culto. En las calles y en las palabras hay santeros, olores, gritos y el venerable escándalo de la fe. La capilla de Jorge era la militancia política. El biombo. La jerga le subía a los labios cuando menos lo pensaba. La jerga era para no pensar, para no estar triste. A mí no me engañaba: pensaba no y decía sí. Digo pensar: una palabra de fe. El pensamiento es ese altarcito. La religión política no basta. ¿Te acordás, Jorge? Toda la vida te esforzaste por ser ateo. No se puede, uno ve la foto y cree. Yo mismo, escucho a Marlene y creo. No hay salida con la fe. Tantos años de amistad y un solo comprobante: esta fotito de mierda, estos cuatro de mierda casi abrazados.&lt;br /&gt;A veces me pregunto cómo será la vida desde otro cuerpo, si será la misma vida. Un poco más arriba de los relojes la foto termina. Hay aire. Pero yo veo dos agujas que tienen que existir, es forzoso que existan. Un poco más atrás de la foto ya estábamos en este momento. Si vuelco la foto el encuadre persiste, pero todos nos acostamos. Marlene es intelecto puro y odia las fotos. No tiene ninguna de cuando era más Marlene. Marlene: repito el nombre y se diluye, se va perdiendo. Los nombres hacen a las personas: las personas se van acostumbrando a sus raíces y desinencias, al significado arbitrario de cada letra y sonido. Hay nombres que terminan agotando a sus portadores. La cama es la letra de Marlene.&lt;br /&gt;Con la mirada es al revés: se cansa pero no termina. Cuanto más mira más está. La mirada es un fervor. Y el fervor es lo que hace verdaderas a las cosas. Vos lo decís siempre, Marlene. Los cuatro que somos en la foto me miran en la emulsión. Yo mismo me miro desde el tiempo. El espacio se disuelve, no es necesario bajar los párpados.&lt;br /&gt;Fue así: estás casi doblado, en el banco. Al lado hay un bolso azul. En el bolso veo cosas para la mirada de los demás: un jaboncito de hotel, una toalla rosa con una línea de pespunte rojo, un peine marrón, un revólver 22 corto. Lo que no veo es la bufanda verde, parecida a la que tenías hace treinta años atrás en la foto. Es raro, tiene que estar. También hay balas sueltas, balitas para pasar la noche, y un documento. La desesperación hace migas, pero si te pasaran un aviso dirían que es un kit de supervivencia. No te rías. Ahora viene cuando te apuntás la bala. No hay ensayo. El banco no tiene respaldo. El bolso va al suelo. Sí, es un tirito. No sé de qué te reís treinta años después.&lt;br /&gt;La foto es un pudor. Tengo que agregar algunas palomas en la toma, dos o tres, picoteando por el piso. Las palomas son una prueba de fe turística. Los lugares importantes se hacen así. No es ciega la fe, son ojos que siempre creen. Pero hay algo más. Algunos hablan de intuición, otros de conciencia. Yo no: el aire de ese encuadre aparece por milagro. Y un temblor. Antes de que las cosas sean siempre hay un temblor de las cosas.&lt;br /&gt;Ese temblor fue un viernes. Me cuesta explicarlo, fue tan natural. Me veo sentado, revolviendo compulsivamente en el viejo cofre de madera tallada. Ese no era yo, pero estaba ahí, en el borde, las manos rápidas entre papeles y alhajas familiares. La familia: Marlene, la madre de Marlene, la abuela de Marlene. El culto de la sangre pervive siempre en un broche, un camafeo, tres o cuatro perlas de un collar que vino de Bélgica y que se guarda para olvidar en un cofre. La familia es una vagina que no se rinde. No hay nada más peligroso que una familia. Prendedores, la memoria siempre estalla en prendedores.&lt;br /&gt;Así me pasó a mí, esa noche, en la superficie de la cómoda, junto al cofre de madera tallada. Fue algo que me llamó a encontrar la foto, no sé qué, y en seguida esa sensación de apartarme. Me corrí, me parece, y guardé la foto. Era que quería salirme de aquella vez. Fui a la cama, Marlene dormía. Miré el reloj: doce menos veinte. Entonces empezó a llorarme la memoria sin ninguna explicación, por cuenta de ella, y yo empecé a ver, justo al lado del cofre, la figura de una familia que no se rendía. Intenté darme vuelta, pero no pude. Allí estaba, un espacio transparente buscando siluetas. No era un sueño, había eso junto a la cómoda y al cofre. Estaba de pie en un contorno. El tiempo debe ser un calco, en simulcop, ¿te acordás?; así me calcaban, desde el simulcop que una vez yo había prestado y que alguien me había roto. Sentí parto, pero no miedo. Digo parto porque es una palabra que no tengo. La familia que no se rinde me miraba desde la claridad de aquellos días, quieta, como parada sobre una sonrisa. Sacudí a Marlene y la escena avanzó. Por un instante pude ver el adentro: lo que vi fue un suicidio con versión de criaturita. En ese momento Marlene tiró de las sábanas y murmuró algo que no alcanzó a salir en la foto. (En: Mano a mano: narradores argentinos y aragoneses. Zaragoza, Ayuntamiento de Zaragoza, 1997)&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-114919933803312198?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/114919933803312198/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=114919933803312198' title='0 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/114919933803312198'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/114919933803312198'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/06/algo-no-alcanz-salir-en-la-foto.html' title='Algo no alcanzó a salir en la foto'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-29131466.post-114919896395092388</id><published>2006-06-01T14:54:00.000-07:00</published><updated>2006-06-01T15:25:29.563-07:00</updated><title type='text'>Octubre Amarillo</title><content type='html'>Una versión esotérica del caso Barreda (Almagesto, 1994)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Capítulo I: Los hombres son siempre criaturas&lt;br /&gt;Nadie sabe por qué las mató. Todos hablan y dicen, pero la verdad es que nadie sabe. Ni el juez, la policía menos. Yo sí, y lo supe desde siempre. Ya lo había soñado. Muchas veces, creo que desde que vine a La Plata, hace como veinticinco años. Yo soy de Bragado, ¿conoce Bragado? Linda ciudad, antes no me gustaba, ahora sí. Mi padre trabajaba en la acería, era perfilador en la planta de matrices. Este es él, éstos son los compañeros de sección, éste de traje es Bernardo Coll, el dueño, un personaje en Bragado, y atrás está el horno eléctrico, cuando lo inauguraron. Es la única foto en serio que tengo de mi padre, en las demás está siempre con mi madre. Parece otra persona. Mi madre siempre decía lo mismo: “El hombre y la mujer nunca pueden reírse de lo mismo”. Ella todavía vive. Yo me vine a La Plata para estudiar, pero después dejé. La verdad es que me vine para escapar de ellos. No eran malos, pero eran el pueblo, eran Bragado. Mi madre más que mi padre, pero es lo que pasa siempre. Las madres son capaces de todo.&lt;br /&gt;El sueño, sí. En cuanto llegué a La Plata fui a una pensión en Tolosa, sobre la calle 1, entre 33 y 34. La dueña me acuerdo que tenía la manía de alimentar los gatos del vecindario. Se iba a las siete de la mañana a un baldío de la vuelta y les daba las sobras. Era española, y si estaba enferma teníamos que ir cualquiera de nosotras a darle de comer. Las inquilinas, claro. A las siete en punto tenía que ser. Era maniática. Los gatos siempre comían en un mismo orden, primero el negro, después el blanco y así. Decía que era para no alterar el destino, y que los gatos eran los días del destino. Yo me reía, ahora creo. No en eso de los gatos, pero sí en el destino. Es raro, pero ahora que lo pienso creo que la muerte nunca llega en el momento justo, si no no habría asesinos, ¿no le parece?&lt;br /&gt;En cuanto llegué a La Plata me puse a buscar trabajo. Esta ciudad no es para buscar trabajo. Cuesta. Acá me parece que entran los conocidos, o los amigos o los recomendados. Es una ciudad de barrio, no sé si me entiende. Era verano, yo me había anotado en Farmacia y buscaba algo parecido, entrar en un consultorio, como secretaria de algún médico, algo así. Yo hice el secundario en el Normal 2 de Bragado. Bueno, una compañera de pensión me hace entrar para una suplencia de verano en el consultorio donde ella trabajaba, dos semanas. Fue mi primer trabajo en La Plata, como secretaria en una clínica odontológica, en la calle 14 estaba, no sé si sigue estando, me parece que fue una de las primeras clínicas odontológicas de la ciudad. ¿No es increíble? Si eso no es destino… La gente dice que está escrito. Es cierto, pero no sabemos leer. Todos los días tenemos señales, pero no les damos importancia. Como yo digo, lo sobrenatural es cosa de todos los días, pero no tenemos tiempo, ni siquiera para darles de comer a los gatos. Lucía se llamaba, ahora me acuerdo. ¿Vio que cada vez hay menos pensiones en la ciudad? Ya no quedan. Cines tampoco. Cuando yo llegué a La Plata estaba lleno de cines. En Bragado creo que si entré una sola vez al cine es mucho. Acá iba todas las semanas, el Astro me gustaba, y el Rocha… Sí, todos los días pasan cosas raras, se van acumulando, luego se manifiestan y no podemos entenderlas. Queremos comprender de golpe lo que se nos estaba explicando de a poco. Después, cuando las cosas pasan, nos sorprendemos. “Quien lo hubiera dicho”, dice la gente. Como lo de Ricardo. Todavía no lo puedo creer. Me parece un sueño, un mal sueño, ese sueño de siempre.&lt;br /&gt;Entré a la clínica por quince días y me quedé dos meses más. Después pasé a trabajar en el consultorio de un médico dermatólogo, dando turnos y llenando fichas de pacientes. Estuve en Farmacia cerca un año y de la pensión de la callé 1, como al año y medio más o menos, me tuve que ir. Fue cuando la mujer murió. Todavía tengo de ella un juego de naipes comunes, gastados. Lo guardo de recuerdo. Nunca lo usé para las mancias, es otra cosa, es personal. Si cierro los ojos no puedo recordarlo, son muchos años. Lo único que veo son gatos. Era muy buena, muy seca, brava de carácter. En Bragado yo había dejado un novio, un casi novio, un filo. Me acuerdo que en Tolosa, cuando no podía dormir, me ponía a contar vagones. Por el ruido los contaba. Ana, otra compañera de pensión, escribía y había escrito un poema de dormir con los durmientes, algo así decía. Es difícil para una mujer sola la ciudad. Se soporta, pero hace nudos en el estómago. Yo pensaba que el sueño era por esa angustia. O por los consultorios, casos que se escuchan, esas pavadas. Lo tuve mucho tiempo, meses creo. Después pasaron años y me olvidé. Hace cosa de dos años, volvió. Me asusté mucho porque era él, lo vi a él, en el sueño. Una precognición. Yo había soñado con alguien que iba a conocer mucho tiempo más tarde…&lt;br /&gt;Por eso es que yo digo que nadie sabe por qué las mató. Ni el juez, ni la policía. Él, menos que menos. Aunque diga lo contrario… Bueno, no sé, razones para la locura siempre hay. ¿Pero qué explica eso? Nada, para mí nada de nada. Aunque le hagan pruebas y test psicológicos. ¿Me entiende? No sé, las mujeres somos muy desconfiadas. Por eso, por lo general, somos las víctimas. O parecemos. Si cierro los ojos y pienso en la Justicia no se me aparece una mujer con venda, al contrario, se me aparece un hombre. Un hombre deprimido, a veces eufórico, pero casi siempre deprimido. No me va a creer, pero cuando pasó todo esto tuve ganas de morirme. Y tuve miedo, mucho miedo. Y pensé en mi madre. Raro, ¿no? Mi madre, ¿qué tiene que ver mi viejita, allá en Bragado? Nada, pero pensé en ella. Los hombres siempre son criaturas. Aunque se vuelvan locos, aunque hagan grandes negocios o maten con premeditación y alevosía, como se dice. Y si matan más, son más criaturas todavía. Por eso yo sé, yo lo supe desde siempre. ¿Se acuerda de la aparición de la Virgen en la iglesia de 19 y 38? Bueno, esa fue una de las tantas señales. Para mí, porque él no creía.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/29131466-114919896395092388?l=cortey2.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://cortey2.blogspot.com/feeds/114919896395092388/comments/default' title='Comentarios de la entrada'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=29131466&amp;postID=114919896395092388' title='1 Comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/114919896395092388'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/29131466/posts/default/114919896395092388'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://cortey2.blogspot.com/2006/06/octubre-amarillo.html' title='Octubre Amarillo'/><author><name>Gabriel Báñez</name><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='32' height='23' src='http://static.flickr.com/55/144640765_178c3b9cf4_m.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
